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Varios integrantes del club deportivo A ritmo de patín en las pistas donde suelen entrenar, Los Santos Pilarica.
Un equilibrio compartido sobre ruedas en Valladolid
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Un equilibrio compartido sobre ruedas en Valladolid

Más de cincuenta patinadores forman un club que anima a practicar este deporte y a fomentar amistades en torno a exhibiciones, excursiones y rutas por la ciudad

Domingo, 24 de marzo 2024, 00:03

Fue hace siete años, en una reunión con amigos en La Fábrica, el bar de la calle Silió. Era domingo por la tarde. Entre cañas y coñas, Chiches le preguntó a Rafa: «¿Por qué no me dejas los patines?». Y la respuesta no se hizo esperar: «Ahí los tienes». «Yo no había patinado en mi vida», cuenta Chiches, quien salió a rodar un poco por la plaza de Vadillos. «No fui capaz de levantarme del suelo. Ponía un pie delante, otro detrás y apenas sí podía tenerme en equilibrio», confiesa. Aquello parecía un desastre, quién sabe si misión imposible, pero Chiches tuvo claro que un patín no iba a poder con su orgullo ni su voluntad.

«¿Me va a mí esto a ganar?». La casualidad quiso que a la semana siguiente le tocara soplar velas y por su cumpleaños se compró un par de patines. Y empezó a entrenar. «Al salir del trabajo me iba al aparcamiento del cementerio, que no se agarra nada, y poco a poco me fui haciendo». Hoy, Chiches es uno de los integrantes más activos de A ritmo de patín, un club deportivo nacido hace un año y que reúne a cerca de cincuenta apasionados, desde los cinco hasta más allá de los sesenta años.

«Para patinar no hay edad», dice Cristina Fernández, la presidenta de la agrupación. Están, por ejemplo, Vera y Daniela. Seis añitos. Patinan desde el pasado verano y hoy, ya con más destreza, participan en juegos como los conos (donde practican la estabilidad al ir en zigzag) y la araña peluda (para moverse en paralelo y aprender a frenar). «Es verdad que si empiezas joven lo tendrás más fácil, pero tampoco pasa nada si lo coges con más edad», indica Cristina.

Felisa San José es una de las veteranas del grupo. «Yo patinaba de niña, en la calle, pero siempre con los patines de cuatro ruedas, que era los que teníamos entonces, y en pistas», cuenta. Ahora, gracias al club, ha aprendido con los patines en línea y se atreve a participar en circuitos de calle.

Los miembros del club salen de ruta todos los sábados por la mañana. Entre semana, por las tardes, se reúnen en las pistas deportivas de LosSantos Pilarica, junto al Esgueva. Y a lo largo del año, participan en citas como la Cabalgaza, organizan talleres de salto o freno, celebran exhibiciones y programan excursiones para rodar por León, Suances o Madrid. «Al final somos un club deportivo, así que nuestro objetivo es contar con algún deportista federado que pueda participar en pruebas de velocidad y 'free slalom'».

Uno de los patinadores más diestros del grupo es Mario Sanz. Tiene 23 años y hace veinte se subió por primera vez a unos patines. «No solo es un hobby, también es un deporte donde fortaleces mucho las piernas, con el que, sin que casi te des cuenta, haces mucho ejercicio». Dice Mario que lo más importante a la hora de empezar en este mundillo es «perder el miedo». «Al final, vas a hacer muchas más cosas de las que en principio te crees capaz».

Esto es lo que Mario inculca en sus alumnos, «porque casi tan bonito como patinar es enseñar a otros a hacerlo». Uno de esos pupilos es Hugo Baz, 16 años. «A mí me enseñó Mario, cuando yo tenía cinco años. Él es amigo de mi hermano mayor y yo me iba a las canchas de Pajarillos, junto al centro cívico, para que me enseñara. Con unos patines de mi hermano, varias tallas más grandes. Mi madre me metía algodones en la puntera. Y es verdad que una de las cosas en las que insiste es en perder el miedo. Por ejemplo, cuando me incita a saltar un banco. Al principio, yo pensaba que iba a ser incapaz de hacerlo, pero con confianza y práctica, todo se consigue», asegura Hugo, quien acostumbra a llevar encima una cámara para grabar vídeos de sus trucos y de las actividades que se organizan en el club.

Eso sí, antes de llegar a conseguir esos saltos espectaculares, hay que empezar por la base. «Lo primero es conseguir estabilidad, aprender a ponerte de pie», explica Chiches. Para eso, es habitual practicar en el césped, para conseguir tal destreza que el patín se haya convertido ya «en tu calzado normal». «Durante la pandemia se avanzó mucho en técnica, porque se practicaron mucho (en cocheras o terrazas) los ejercicios en corto, los cruces...». «El equilibro es básico y luego se avanza en seguridad, velocidad, resistencia física...».

Y ahí, dicen, es crucial el apoyo de compañeros. No sentirte solo mientras patinas. La compañía como una guía para mejorar. «A mí me animaron mis hijos», desvela Reyes Cañas, quien después de muchos años ha retomado los patines. «Yo había patinado un poco de pequeña. Pero siempre con los patines de cuatro ruedas y no tiene nada que ver. Con los otros te mantienes más fácil en pie, pero con estos avanzas más fluidos, frenas de forma más segura...».

En su caso, no utiliza solo los patines desde un punto de vista lúdico y deportivo, sino que también recurre a ellos para moverse por la ciudad. «Voy a trabajar en patines. Es mucho más rápido que si vas andando y más cómodo que en bici». Trabaja en limpieza. Tiene que desplazarse a varios edificios. Y suele hacerlo (salvo que llueva) con una mochila a la espalda y los patines en los pies.«Al final, los dejas en la taquilla y ocupan menos que una bicicleta», cuenta Reyes.

Hay otra ventaja para los patinadores. Aunque en ocasiones puede convertirse en inconveniente. «Los patines no están considerados como vehículos, así que podemos movernos como un peatón, por las aceras, al igual que hace alguien con una silla de ruedas o un coche de bebé. Pero muchas veces nos miran mal si utilizamos las aceras y también mal si vamos por el carril bici, donde también deberían pintar el logo de un patín», indica Cristina, quien tiene clara una cosa: «Los patinadores somos muy respetuosos, procuramos no molestar a nadie y, por supuesto, ir con mucho cuidado».

Al final, dicen, Valladolid es una buena ciudad para moverse en patines. Apenas hay desniveles. El pavimento suele ser bueno para rodar.Y hay una red aceptable de carriles bici. «El problema es que no todos están en buen estado. No basta con hacerlos, hay que mantenerlos».Y ponen como ejemplo el mal estado en el que se encuentra el que conduce hasta Renedo.

¿Es una afición cara? «No mucho», coinciden todos en señalar. «Casi todo el mundo empieza con unos patines de segunda mano, que compra en portales como Wallapop». Luego, se hace con unos en grandes superficies. Y si la afición ya es muy grande, es habitual recurrir a tiendas especializadas, comoRollers in line, ya con patines de más calidad, «mejor si son rígidos y ajustados al número de pie», aconsejan.

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