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Unas marcas en el suelo de la calle Pólvora indican la distancia de seguridad, al menos metro y medio, que deben mantener las personas que acuden cada día a la sede de Cruz Roja para solicitar ayuda. Cada vez son más. La crisis económica provocada por el coronavirus (con expedientes de regulación temporal de empleo, con despidos, con negocios cerrados, con 2.311 personas más en el paro en tan solo un mes) ha incrementado las llamadas a los centros de acción social del Ayuntamiento (estas dos semanas han hecho seguimiento telefónico a 3.204 familias), a los servicios sociales de la Junta y a las ONG para solicitar recursos con los que taponar las heridas económicas abiertas en los últimos días.
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A diario, entre ochenta y cien personas hacen fila en Cruz Roja para recibir un lote básico de comida. «Lo habitual, antes de esta situación, era que las trece asambleas de Cruz Roja prestaran ayuda alimentaria a 1.600 familias de la provincia, en torno a 5.000 personas». Tan solo en la capital, atienden alrededor de 250 nuevos casos a la semana desde que se detectaron los primeros casos de coronavirus. En ocasiones, vienen derivadas de otras entidades que, por falta de recursos y voluntarios, han tenido que dejar de prestar su servicio con el inicio de la crisis. En otros casos, porque el coronavirus ha destapado un nuevo perfil de usuarios. +
«Son familias que vivían al día. Con trabajo, pero sin posibilidad de ahorro. Esta crisis les ha dejado sin empleo, con la incertidumbre de cómo se resolverán los expedientes de regulación, con negocios que han tenido que cerrar... y se han encontrado sin recursos», explica Beatriz Ronda, responsable del programa de reparto alimentario de Cruz Roja.
Desde otras entidades, como Red Íncola, apuntan un crecimiento del 15% en las solicitudes de ayuda vinculadas con las consecuencias del coronavirus. «El aumento es significativo», subrayan en Cruz Roja, donde ya trabajan para mantener el reparto incluso en las jornadas festivas de la inminente Semana Santa.
«Hemos tenido que adaptar además el modo de entrega de los alimentos», indica Ronda. Antes, los beneficiarios aguardaban en una salita su turno para recibir el carro de productos básicos (pasta, arroz, legumbres, aceite, galletas, conserva), procedentes del Fondo de Ayuda al Desfavorecido (FEAD), el Banco de Alimentos y las donaciones de empresas y particulares. Ahora, la espera se hace en fila y con separación entre los beneficiarios, que entran uno a uno para recibir su lote. Los trabajadores y voluntarios de Cruz Roja (ha subido también la implicación de los colaboradores) desempeñan su labor con guantes, mascarillas y desinfectantes para los carros y productos entre cada una de las entregas.
Esta cuidadosa labor ha hecho que otras entidades sin tantos recursos hayan tenido que suspender de forma temporal el suministro de víveres. Es el caso de la comunidad de reparto que gestiona la religiosa Gloria Sobrino, hermana de María Inmaculada, en la calle Ruiz Hernández, quien ha tenido que cancelar de forma temporal el servicio «al carecer de medidas que garanticen la seguridad». «Comida tenemos, pero no la forma de proteger a nuestros voluntarios», explica, con la confianza de que el próximo día 25 pueda reemprender su labor («si no pueden entrar a nuestras instalaciones, sacaríamos la comida a la calle») y atender a las 250 personas sin recursos (70 de ellas niños)que reciben sustento a través de su servicio.
Durante este tiempo, ha derivado la atención a Cáritas. «Estamos en contacto con ellos por teléfono. Hay situaciones muy difíciles, aunque nos cuentan que todavía tienen algo de legumbres, de paste de los últimos repartos y pueden esperar un par de semanas más. En algunos casos, los caseros les han perdonado el alquiler y ese dinero lo pueden destinar a comprar un poco de comida», apunta Sobrino.
El Banco de Alimentos cerró el pasado viernes sus puertas de forma temporal, después de incrementar el reparto (207 toneladas de comida) entre las entidades (asociaciones, parroquias, ONG) que luego se encargan de distribuirla a las familias más vulnerables. En total, 15.033 personas en la provincia. Esa es la cifra anterior a la crisis del coronavirus. Todavía no hay certeza de cuántas más se verán afectadas durante las próximas semanas, si la situación se alarga mucho más.
La idea era que el Banco de Alimentos garantizara el suministro de las familias hasta el 15 de mayo y poder cerrar sus puertas (para evitar contagios entre sus voluntarios y comunidades de reparto). Sin embargo, la situación ha obligado a la ONG ha fijar jornadas extra de apertura (una vez a la semana) para atender las necesidades más urgentes, con un retén mínimo de personas en las naves de Vázquez de Menchaca. Entre esas urgencias, las de leche, como destaca Jesús Mediavilla, presidente del Banco de Alimentos en Valladolid.La entidad recibirá en los próximos días una aportación extraordinaria de la FundaciónReina Sofía, que ha adquirido 265.000 litros de leche para que la Federación Española de Bancos de Alimentos pueda hacer frente a la situación.
La ONG San Vicente de Paúl es una de las más asociaciones activas en el reparto de alimentos en Valladolid. La previsión para este mes de abril es atender a 850 personas, según explica su presidente, Gregorio García. La entidad ha suspendido varios de sus servicios (clases presenciales, talleres de costura, ropero), pero mantiene activo el de suministro de víveres. Su local de la calle Pérez Galdós se ha llenado durante los últimos días con 7.450 kilos de comida procedentes del Banco de Alimentos y otros 28.000 llegados del fondo europeo para atender las necesidades de los vallisoletanos más vulnerables, más profundas ahora por culpa del coronavirus. Los voluntarios de San Vicente de Paúl tienen el próximo martes una reunión para ver cómo afrontar el reparto en abril, ya que las visitas de las familias suelen ser una vez al mes. Y en esta ocasión, deberán extremar las precauciones.
«Hemos simplificado los pasos, de acuerdo con los Servicios Sociales, para facilitar la entrega». Antes, tenían que ir a por un justificante en la calle Santuario y luego, con ese papel, acudir a Pérez Galdós a recoger los alimentos. «La idea es que, una vez conocidas las necesidades que fijan los trabajadores sociales (se tiene en cuenta cuántas personas viven en el hogar, su situación económica...)reciban cita para recoger su cesta de alimentos entre los días 13 y 27 de este mes».
«El problema es que no conocemos aún los casos nuevos que nos puedan llegar de los Ceas. Sabemos que hay nuevas necesidades, pero aún no cuántas son. Y la cifra seguirá creciendo». Su intención es atender a entre 36 y 38 familias cada día, «siempre de una en una y con seguridad». «Ahora tenemos que resolver abril. Ya pensaremos en las dificultades que puedan llegar en mayo», añade García.
La concejala de Servicios Sociales,Rafi Romero, ya ha anunciado que el Ayuntamiento trabaja para reforzar las líneas de ayudas de emergencia, ya que todo apunta a que las solicitudes crecerán durante las próximas semanas debido a la debacle en el empleo provocada por la crisis sanitaria. «Es una situación complicada para todo el mundo», reconoce Beatriz Ronda, «pero es en momentos como este cuando nuestra labor se hace todavía más necesaria. Cruz Roja está demostrando su compromiso para ayudar a todas las personas», añade.
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