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Mientras en el hemisferio sur, en países como Argentina, Chile, Sudáfrica o Australia vendimian, aquí, en el norte, el viñedo se despereza con la llegada de la primavera tras el letargo invernal, ahora aún más desnudo tras pasar por la peluquería de la poda ... . El lloro de la planta es la señal de que esta empieza a activarse. La sabia bruta se pone en movimiento, asciende por el tronco –la parte donde se almacenan las sustancias de reserva de la cepa- y en breve comenzará la brotación.
Es en esta estación cuando comienza un ciclo que se prolongará hasta otoño, con la vendimia, pero es en primavera cuando la maquinaria biológica de la vid se pone en marcha y también cuando la planta se enfrenta a sus primeros retos para salvaguardar el futuro fruto. Desafíos como son las heladas, tan imprevisibles en su aparición como en el alcance de sus efectos. De cuándo se produzca la brotación depende en gran medida esquivarlas. Tan solo unos pocos días pueden significar obtener una gran cosecha o una muy mermada, al menos en cantidad.
El comienzo de la brotación depende del calor del suelo. «Para que brote una viña el suelo tiene que alcanzar una temperatura», explica Alberto Tobes, responsable del Departamento de Experimentación y Ensayo del Consejo Regulador de la Ribera del Duero, quien, sobre el territorio que conoce como la palma de su mano, señala que ahora lo que «está sucediendo es que está refrescando, incluso helando, lo que hace que se vuelva a enfriar el suelo y se retarde la brotación, cosa que nos viene muy bien porque es bastante temprano todavía».
Labores relacionadas con el cuidado de la vid
Agapito Ojosnegros Lázaro
Susana Gutiérrez
Lo que ahora acontece en Ribera es extrapolable al resto de la región, pues es en primavera cuando comienza el ciclo vegetativo y se produce la brotación en cada rincón de ella. Luego, dependiendo de factores como la altitud, el suelo, la variedad, los microclimas, la meteorología y el tipo de vino que se quiere elaborar, el ritmo del resto del ciclo puede variar ligeramente en cada zona vitivinícola, pero, en otoño, como el resto del hemisferio norte, entregamos de nuevo el testigo a los viticultores del sur. En climas tropicales no se interrumpe el ciclo vegetativo, siendo continuo el crecimiento y la fructificación de la vid, lo que permite hasta tres vendimias al año, con ciclos de 110 a 130 días.
Las cálidas temperaturas de febrero y primeros de marzo –con cepas llorando ya entonces- encendieron los radares en el sector por una posible brotación temprana y la certidumbre de que produciéndose esta eventualidad se ampliaba el margen de maniobra de las heladas en el calendario. La vuelta del frío ha puesto las cosas en su sitio y ahora el viñedo está en tiempo y en forma.
Sobre este aspecto Tobes recuerda que «en 2017 heló e hizo mucho daño en toda España. No heló tarde, a finales de abril, en una época habitual –hasta San Isidro el hielo entra dentro de las previsiones-, pero el viñedo estaba bastante desarrollado por una brotación algo más temprana».
Otro factor de riesgo durante la primavera son las enfermedades fúngicas si se produce una alta humedad. Que llueva no es malo, incluso es bueno para que la planta encare el verano con buenas reservas hídricas, pero siempre y cuando las lluvias sean cortas y acto seguido el sol y el viento oreen la viña.
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Lo anterior queda en manos de la naturaleza, mientras que en manos de los viticultores y de cuadrillas de operarios está el laboreo de la viña que no cesa, preparándola ya en estos momentos para recibir los brotes verdes y realizando otras labores culturales según estos maduran. Tareas culturales que se realizan sobre el suelo, como dejar o no cubierta vegetal, o sobre la propia vid para encauzar y dejar los brotes deseados.
Detrás de la brotación llega la foliación -la aparición de las hojas- y, tras ella, llega la floración a final de mayo primeros de junio. Cada flor es el grano de una uva con las que se forma el racimo final.
Al final de la primavera y con los primeros días del verano ya estrenados, se produce la fecundación de las flores, que, de esta forma, granan y dan sus frutos. En verano se remata el ciclo con los racimos enverando –tomado su color- y alcanzando la maduración.
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