Fotograma de 'Wandering, a Rohingya story' (Èrrantes sin retorno'.
Tiempo de Historia

La vergüenza que mira a los ojos

Tiempo de Historia inicia esta edición heroica con la desoladora historia de los rohingyá perseguidos por el Ejército de Myanmar

Rafa Vega

Valladolid

Sábado, 24 de octubre 2020

Entre preocupación y ocupación, entre protocolos sanitarios, medidas urgentes, inquietudes, crisis e incertidumbres el cine de una nueva edición de la Seminci se abre paso. Ocupará su legítimo lugar en nuestra historia por ofrecernos proyecciones sin colas a la entrada, patios de butacas repletos ... de insólito vacío, silencios donde antes hubo murmullos atropellados y toque de queda facultativo. Pero también lo será por el empeño y la determinación de instituciones, equipo de la organización, cineastas y semanistas que se disponen a cargar sobre sus espaldas esta semana para rescatarla del barrizal nefasto que nos rodea. A fin de cuentas, el patio de butacas vuelve a brindarnos su ventanal para que nuestra mirada se encuentre, por ejemplo, con la conmovedora e impecable película canadiense realizada por Mélanie Carrier y Olivier Higgins. 'Errantes sin retorno' aborda la estremecedora historia del pueblo rohingyá que ha visto detenida su existencia en el mayor complejo de campos de refugiados del mundo, en Bangladés.

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Esta infame área metropolitana nacida en 1992, compuesta por casi una treintena de campos y llamada Kutupalong acoge cerca de un millón de musulmanes birmanos que huyen de la muerte. Desde que se iniciara por parte del Ejército de Myanmar el último genocidio contra los rohingyá, hace apenas dos años, La ONU ha constatado que más de diez mil de ellos han sido asesinados, otros cien mil están en campos de confinamiento y cerca de setecientos mil han logrado huir del país para salvar su vida.

La historia narrada por Carrier y Higgins se ocupa de algunos de ellos. La serenidad y el temple de su presencia contrasta con la devastadora naturaleza de sus recuerdos. Como confiesa inocentemente unos de los niños que dibuja con profusión admirable y absoluto detalle la historia de persecución, crímenes y huida de su familia mientras eran víctimas de la matanza: «El papel es demasiado pequeño para dibujar todo cuanto pasó».

Familias acomodadas, dueñas de negocios, poseedoras de un digno y merecido patrimonio gracias a su trabajo, se ven devastadas de por vida, sin atisbo de solución, en esta inmensidad apátrida de plásticos y juncos urdidos donde nada pueden esperar.

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La película crece con una realización madura que consigue transmitir la pesada carga de una humanidad torpe en la ordenación de sus prioridades. «Quise beber veneno —confiesa una madre—. Sé que iría al infierno, pero acabaría todo esto.»

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