Estudiante de Integración Social y entrenador de balonmano se remonta a su infancia donde «algo no encajaba, me iba a jugar con los chicos y con cuatro o cinco años ya le dije a mi madre que no me gustaba el pelo largo. Con 10, en la comunión, me empeñé en ir de marinerito, pero no me dejaron». Entonces, indica, no sabía expresar lo que sentía, «no tenía vocabulario». Fue en la adolescencia, con 15 años, cuando conoció a un chico trans y empezó «a investigar». Con 19 años, relata, «salió del armario» y se lo dijo a sus padres. «Les dejé una carta y me fui de vacaciones con mis amigos». Al principio, explica, «fue muy duro, es un cambio que les costó, porque tenían unas expectativas y tienen que pasar el duelo». Contar con el respaldo de su hermana pequeña, que ahora tiene 18 años, «fue muy importante, se enfrentaba a tope por la causa». Está convencido de que el apoyo de los más próximos, la familia con la que convive, es fundamental para la persona transgénero. «Yo he tenido la suerte de contar con el acompañamiento de profesores, compañeros de clase, amigos y del resto de la familia, que arropó enseguida a mis padres en este proceso».
Tensión
«Estamos en un momento social tenso con mucha ideología por medio. Somos lo diferente y da miedo. La información conduce a la normalidad»
Con sus progenitores ha «pactado» su nombre actual porque, señala, ha querido «hacerles partícipes del proceso; llegamos a celebrar en el pinar una fiesta del nombre, una despedida a la otra persona y me recibían a mi».
Ese acompañamiento que considera necesario en la infancia y adolescencia lo hace extensivo a los psicólogos, pero no a los psiquiatras. «La OMS nos despatologizó en 2018, es absurdo que se nos tenga que diagnosticar o tener que estar hormonados para figurar con nuestra identidad en el registro como imponía la anterior ley, que teníamos que estar medicalizados o estar operados para poder cambiar de género en el DNI. El acompañamiento psiquiátrico es patologizarnos y esto no es una enfermedad ni un trastorno mental», subraya.
Tratamientos
«El acompañamiento psicológico es bienvenido, pero el psiquiátrico es patologizarnos y esto no es una enfermedad ni un trastorno mental»
Sobre la Ley Trans, considera que es un primer paso y atribuye las críticas a que «estamos en un momento social tenso, con mucha ideología por medio. Somos lo diferente y da miedo. La información conduce a la normalidad». A Gael le invitan a dar charlas sobre lo que significa haber vivido una infancia trans y se le nota la soltura en la exposición de argumentos. En las clases, profesores y alumnos enseguida le empezaron a llamar por su nombre de chico y asegura que no ha sufrido situaciones de acoso en el instituto ni en su contexto social.
La espina del deporte
Pero sí que tiene una espina, y es con el deporte. «Yo antes jugaba al balonmano con un equipo femenino, pero cuando expuse el cambio a la Federación de Castilla y León no me permitieron jugar en ningún equipo masculino, algo que no ocurre con las personas trans en otras federaciones».
¿Qué va a suponer el cambio de sexo registral? «A nivel personal, sentirme bien, que soy yo y ahorrarme muchas explicaciones respecto del DNI. Ahora pone doña Gael. ¡Y poder jugar al balonmano en mi categoría!».
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