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Tardaron cinco días en alcanzar el centro de refugiados de Przemysl en Polonia, tras un maratoniano viaje. Cinco días en los que dejaron atrás bombardeos, muerte, destrucción y a gran parte de su familia. Cinco días en los que tuvieron que decidir entre «vivir o regresar a la guerra», explica la joven Olena Hepalova, de 21 años. «Éramos tres mujeres y un bebé de poco más de un año y medio que nos subimos a una furgoneta con unos desconocidos con el único objetivo de huir de la guerra». El miedo, que las agarrotó horas y horas en un sótano del bloque de viviendas en el que se guarecieron durante una semana junto a otras 15 personas en la segunda ciudad más poblada de Ucrania, Kharkov, continuó durante los dos días y medio que duró el viaje que las llevó desde la frontera polaca hasta la pequeña localidad de Villaverde de Medina, donde intentan rehacer su vida desde el pasado jueves, cuando fueron recibidas por los vecinos entre aplausos y vítores.
Olena, junto a su madre, Viktorya Hepalova, de 38 años, su tía Alina Zinevych, de 30 años, y su sobrina de un año y medio, Polina Hrintsova, son desde hace una semana, «unos más entre todos nosotros, ya que el pueblo se ha volcado para que su llegada fuera lo más calurosa posible», explica Estrella Pedrosa, una de las promotoras de este acogimiento.
Su integración va «viento en popa», como aseguran los vecinos, ya que además de tener en regla todos los papeles que las acreditan como refugiadas de guerra, la más pequeña ya es una más en la guardería municipal. «Mañana tenemos cita con los Servicios Sociales para ver un poco las ayudas a las que tienen derecho como refugiadas; no obstante, ellas quieren trabajar y quieren poder vivir dignamente el tiempo que tengan que quedarse en Villaverde».
Por el momento, la solidaridad de los vecinos ha posibilitado que esta familia tenga un techo bajo el que poder dormir y han donado además todos los muebles y electrodomésticos para que puedan cocinar. El pasado fin de semana organizaron una marcha multitudinaria hasta Nueva Villa de las Torres y el dinero recaudado será empleado para hacer frente a los gastos de la casa en la que residen de manera temporal, ya que, aseguran, «nos encantaría poder volver a Ucrania en paz». «Me quedan tres meses para terminar la carrera de Derecho y ahora no sé si podré regresar ni terminar mis estudios, pero deseo poder regresar y hacer un proyecto de vida en mi país», comenta Olena, quien espera que otras muchas mujeres puedan reencontrarse con sus seres queridos en poco tiempo.
Por el momento, son tres las ucranianas refugiadas en Villaverde de Medina, «pero la casa tiene habitaciones libres y hay otro vecino que también ha ofrecido la suya, por lo que tenemos espacio para poder traer a más» explica Estrella Pedrosa, que agradeció la cadena de solidaridad de los vecinos y varias empresas vallisoletanas que han posibilitado la llegada de estas refugiadas.
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