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No cuelga el teléfono antes de la una y media de la mañana. Desde que el estado de alarma se decretara, Óscar Puente, alcalde de ... Valladolid, asegura que no conoce un momento de tranquilidad. Tampoco en su cabeza. No deja de dar vueltas al escenario «tan difícil» que llegará el día después de esta pandemia. Durante la entrevista no deja de tocarse la cara en un gesto de inquietud involuntario. «La expectativa no es buena», confiesa con la sinceridad que «debe tener un alcalde». Le preocupa el comercio y la hostelería y, aunque le alivia Renault y el sector industrial, engrasa ya la maquinaria para que el área de Servicios Sociales se dote con el suficiente presupuesto como para no dejar a ningún vallisoletano sin las necesidades básicas cubiertas. Esa es, a la vista de una situación sanitaria «que parece encauzada», su gran inquietud.
–¿Cómo se encuentra?
–A ratos. Es una situación muy difícil. Muchísimo estrés. Nadie sabe las horas que estamos echando. Con mucha tensión en un escenario muy complicado.
–¿Qué le preocupa más?
–Mis preocupaciones están en el momento del desconfinamiento y en que somos un país hiperdependiente del turismo y del sector servicios. Mis preocupaciones están en si Europa va a estar a la altura, porque si no lo está, va a ser muy difícil salir de esta. La situación sanitaria parece que comienza a estar encauzada, pero me preocupa mucho el después de, que es donde yo puedo hacer algo. Y sí, en el ámbito económico tengo una preocupación muy grande. No quiero ser agorero pero en este momento un responsable político tiene que trasladarle a la ciudadanía una expectativa realista, y la expectativa no es buena, es muy preocupante.
–¿Cuántas veces le ha pesado restarle importancia al coronavirus y decir que era una mera gripe?
–Muchas veces se dicen cosas sin tener una opinión fundada y sin trascendencia, y en este caso la tiene porque la crisis ha sido muy grave, y todos los que le quitamos hierro a lo que venía, obviamente no acertamos. De este virus no se sabe casi nada. Y entonces no se sabía nada. Y cuando no se sabe lo mejor es no decir, y yo probablemente no fui prudente, pero ya no se puede dar marcha atrás.
–¿Cuáles van a ser las primeras acciones del postconfinamiento?
–Se ha pedido a todos los grupos que aporten propuestas. Vamos a establecer medidas para la gente en términos de seguridad y actividad económica municipal: servicios, comercio, cultura, empleo... La previsión en términos económicos solo puede ser cualitativa, no cuantitativa. Sabemos en el apartado de ingresos cuáles se van a ver afectados y en el del gastos qué actividades no van a celebrarse. En qué cuantía, no lo sabemos. La construcción llevaba un ritmo espectacular, el año pasado recaudamos siete millones de euros, es una barbaridad, y este año a lo mejor nos quedamos sin nada. Tasas de terrazas, pues no sabemos si se va a permitir o no y por tanto si las vamos a poder cobrar o en qué cuantía. ¿Y qué va a pasar con los ingresos provenientes del Estado? Ingresos por IVA, por IRPF. Nos podemos preparar pero es imposible calcular la cuantía del daño que nos vamos a encontrar.
–Pero tendrán hecha alguna previsión... Por ejemplo, en Auvasa.
–Sí, ahí tenemos hecha una cuenta, pero también puede fluctuar. Todo depende de si el ERTE no se aprueba, si el desconfinamiento se mantiene, si la utilización del transporte público no se reanuda en un determinado porcentaje... Podemos hablar de un agujero de siete millones de euros. También la oficina presupuestaria ha hecho un cálculo en función de las previsiones de hace diez días y habla de un déficit aproximado de unos ocho millones de euros para este año en el Ayuntamiento, pero delimitar el alcance es imposible.
–¿Cómo van a suplir todos esos ingresos que tenían previstos?
–Solo hay dos mecanismos: nutrirnos de nuestros propios remanentes, que son de 40 millones de euros, y que es un colchón muy interesante para paliar el golpe y, si es posible, para poner más carbón en la caldera para que salgamos más rápido de la crisis; y el endeudamiento, que en nuestro caso es muy bajo y tenemos mucho margen de maniobra. Lo único que necesitamos, y en esto estamos trabajando con el Gobierno, es que las medidas de carácter fiscal que tuvieron como origen la apuesta por la austeridad se eliminen o se suavicen. No podemos salir de esta situación con las recetas de 2008.
–El Gobierno ya avisa de que el superávit de los ayuntamientos puede utilizarse para revitalizar el turismo.
–No vería bien cualquier tipo de confiscación sobre esos ingresos. Hay quien puede pensar, y de hecho creo que hay alguna tentación en algún sector del Gobierno de pensar, que los remanentes son sinónimos de bonanza, que nos sobra... Hay remanente sí, pero hay lista de espera en la ayuda a domicilio, no tenemos viviendas para atender a la gente y tenemos pobreza extrema en algunos barrios. No lo hemos gastado porque no se nos ha permitido. Estamos dispuestos a pactar con el Gobierno en qué sectores se puede gastar, pero no a que cojan nuestros recursos, los metan en una hucha y los gasten de forma general.
–Hay 31.000 personas afectadas por ERTE en Valladolid. ¿Cómo va a reorientar los planes de empleo municipales?
–Hay convocada una mesa del diálogo social para hablarlo con sindicatos y empresarios. De todas formas, cuando nosotros llegamos al gobierno había 28.000 parados, y antes de esta crisis estábamos en 18.000. Es decir, ya hemos trabajado en términos de empleo, más o menos, con lo que nos vamos a encontrar. Otra cosa es que los sectores donde se va a producir el desempleo sean diferentes, pero no nos asusta.
–¿Cuáles son los sectores que más le preocupan?
–El comercio y la hostelería. La hostelería vivía un momento dulce, no así el comercio, que tenía la clara amenaza del comercio electrónico, que va a ser todavía más importante si la gente tiene restricciones para salir de casa. Me preocupa la hostelería, porque es un sector que vive muy al día y que va a tener ahora dificultades en la medida que van a cambiar las costumbres sociales.
–¿Y cómo le puede ayudar el Ayuntamiento?
–Con cuatro fórmulas: en el ámbito de las medidas fiscales, las medidas de promoción, el desarrollo de actividades complementarias, como es la cultura, y las ayudas directas.
–Renault habla de adecuar la producción a la demanda...
–Ese es el sector que más tranquilidad y esperanza me aporta. Tenemos la suerte de contar con una industria potente en nuestra ciudad, porque tenemos a Renault, Michelin, Iveco, Philips... Tenemos mucha industria agroalimentaria y no se depende estrictamente del sector servicios y del comercio. Eso nos da una ventaja competitiva para salir de la crisis. El presidente de Renault tiene el escenario de salida muy claro. Cree que su empresa va a ir a un escenario de producción alto porque ha habido un parón y las necesidades en el momento del desconfinamiento serán grandes.
–¿Se plantea rebajar los sueldos de la Corporación ante una nueva crisis económica?
–No. No debemos salir de esta crisis con devaluaciones salariales. Ni de empleados públicos, ni de trabajadores del sector privado, porque eso es volver a las soluciones de 2008. Se sale de esta crisis defendiendo el poder adquisitivo de los trabajadores, sean del sector que sean, y que en esta sociedad los que más ganan, sean los que más aporten.
–¿No teme que le pase factura no reducir su salario teniendo en cuenta que el Banco de Alimentos prevé que en agosto llegará a 25.000 vallisoletanos?
–Las bajadas de los sueldos de los políticos son medidas cosméticas. No tienen ningún peso. Si con eso consiguiésemos que hubiera menos necesidades, tendría algún sentido. Es que uno tiene la sensación de que por ser político tiene que pedir perdón. Yo lo que tengo que hacer como Ayuntamiento es evitar que haya esas 25.000 personas que necesitan alimentos y, si los necesitan, proporcionárselos, como estoy haciendo con los niños y niñas que tienen una beca de comedor. Eso es lo que tiene que hacer un político, no gestos para la galería.
–¿Habrá bonificaciones para las personas sin recursos?
–Para atender las necesidades básicas vamos a tener que cuadruplicar las partidas de ayudas de emergencia. Y lo vamos a hacer, lo tengo muy claro. No podemos consentir que haya una persona en Valladolid que no pueda satisfacer sus necesidades básicas y habrá que hacer el esfuerzo que haya que hacer y restarlo de donde haga falta. Luego podremos hacer bonificaciones en los impuestos que son nuestros, circulación, bienes inmuebles...La vivienda va a ser uno de los caballos de batalla. Habrá más dificultades de personas para pagar una renta alta, una renta de mercado, y tendremos que poner viviendas, bien a través del parque público o bien con ciertos propietarios privados con los que el Ayuntamiento aporte una cantidad para mantener el derecho a la vivienda. El transporte público tenemos que ver cómo se comporta y ver si ahí podemos establecer cuotas o tarifas ajustadas a las necesidades.
–La mayoría de los funcionarios están teletrabajando. ¿Se están planteando que algún servicio pueda funcionar así tras el confinamiento?
–Sin ninguna duda. Estamos comprobando que los índices de productividad son altos y que la gente por estar en su casa no está trabajando menos, al revés, yo creo que están subiendo. El teletrabajo es un método muy plausible para la administración. No para servicios de atención directa al público, pero sí para sectores de oficina, administrativos...
–¿Se plantean adquirir protecciones, mamparas, para los servicios municipales? ¿Qué va a pasar con los centros de mayores?
–En las dependencias municipales no hemos hecho ninguna adaptación. El tema de los centros de mayores sí me preocupa, porque es un recurso sanitario de primer orden. Está demostrado que los usuarios de este servicio mantienen su independencia durante más tiempo. Tenemos que adaptar esos centros para poder seguir dando ese servicio. ¿Cómo? No lo sé, pero no podemos renunciar a ese modelo, y más después de lo sucedido con las residencias.
–¿Dónde se ha fallado en el modelo de residencias?
–Yo visito en Nochebuena dos residencias en la ciudad, la Beneficencia y la residencia del Carmen. Hemos tratado de ayudar y de que el Ejército entrara a desinfectar. Pero creo es que es un modelo claramente a revisar. Siempre he sido partidario de que los mayores vivan en sus viviendas hasta que sea posible y, por tanto, hay que facilitarles unos servicios en su domicilio. Las residencias también son necesarias, pero hay que revisarlas para que no sean en una trampa mortal en crisis.
–Madrid ya ha dado por cerrado el verano en cuanto a eventos. ¿Cambia su visión con respecto a las Fiestas de San Lorenzo?
–En este momento no puedo anticipar qué va a pasar. Lo que sí digo es que nosotros las tenemos preparadas. No sabemos si habrá conciertos en la Plaza Mayor, parece complicado; ni tampoco si habrá Feria de Día. Está todo en el aire.
–¿Qué ocurrirá con las actividades infantiles de verano, piscinas, campamentos...?
–Estamos a la espera de lo que se nos diga. Si se va a permitir a los niños retornar a los parques, poder establecer una agenda de actividades en la calle con los niños y en espacios abiertos. Nosotros tenemos mucha capacidad de adaptación y si se nos dice con 15 días, podemos montar una red de actividades, porque además el sector va a estar disponible para que los niños no estén hacinados en los pisos con cuarenta grados.
–¿Cómo va a ser el Valladolid que veamos cuando salgamos?
–No me atrevo a decir cómo va a ser, puedo decir cómo me gustaría que fuese. Un verano donde la gente pueda empezar a vivir la vida con unos ciertos márgenes de normalidad. Me gustaría tener mucha actividad cultural para ayudar al comercio y a los restaurantes y bares. Y me gustaría, y en esto tengo un compromiso muy fuerte, que todo el mundo tuviese sus necesidades básicas cubiertas. Vamos a atender a todo el mundo en relación a alimento, vivienda y vestido.
–Banderas al margen, ¿habrá un homenaje a los cientos de vallisoletanos que han fallecido por esta pandemia?
–Estamos en una situación que no vivimos desde la Guerra Civil en cuanto a víctimas y cuando no haya un solo muerto, nos juntaremos como país y haremos un homenaje a la altura y Valladolid estará ahí.
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