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La papelera está ahí, a tan solo unos centímetros. No hay que andar mucho ni que volverse loco a la hora de buscarla. Se ve ... a la perfección. Sin embargo, hay ciudadanos que pasan olímpicamente de ella y prefieren (por hacer la gracia, por comodidad tal vez)arrojar la basura en las nuevas jardineras decorativas que desde finales de enero se instalaron en la calle Mantería. Basta con asomarse a cualquiera de estas estructuras para comprobar que, ahí al fondo, hay una impresionante colección de plásticos, papeles y residuos de todo tipo.
Desde hace semanas, hay ciudadanos incívicos y desaprensivos que han decidido utilizar como papeleras lo que en realidad fueron concebidos como maceteros. Y a juzgar por la cantidad de basura, no son pocos quienes hacen un uso tan guarro de estas instalaciones, concebidas como parte del mobiliario urbano instalado por el Ayuntamiento para lavar la cara a una de las arterias comerciales con más solera de la capital (y peatonalizada desde el año 1988).
La concejalía de Comercio, Mercados y Consumo adjudicó por 112.671,23 euros (IVA incluido)a la empresa Play 360 Equipamientos Urbanos (con sede en Zaratán)el contrato de suministro e instalación de mobiliario para embellecer las calles Mantería, Torrecilla y adyacentes. El objetivo a la hora de instalar estas piezas era «generar espacios de relación, dinámicos, con piezas resistentes y de alta calidad aptas para el uso público». Lo que no se esperaba es que hubiera vallisoletanos que decidieran que ese uso sería como papeleras, como depósitos para dejar todo tipo de residuos.
Un pequeño paseo por esta colección de 18 contenedores indeseados muestra la enorme variedad de basura que allí se ha arrojado. Empezamos el recorrido desde la plaza de la Cruz Verde. En el interior de la jardinera ubicada junto a los antiguos cines Mantería hay colillas, sobres de azúcar, restos de un cruasán.
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En el entorno de la plaza de San Andrés se instaló uno de las tres grandes maceteros circulares que no solo decorarán la calle, sino que también podrán ser utilizados como bancos públicos. Allí, en su interior, se acumulan bolsas de galletas, botellas de agua y hasta un paquete abierto pero lleno de pañuelos desechables.
A continuación, en el tramo central de Mantería, se suceden otras nueve estructuras. Todas ellas con basura. En la primera pueden verse cupones de la once, colillas, envoltorios de caramelos Werther's, palillos de piruletas. La segunda es una de las que están más limpias, con varios restos de cigarrillos, eso sí. La tercera, frente a una tienda de bisutería, acumula bolsas de plástico, tiques de la compra y envoltorios de papel de una popular pastelería con local en esta calle. En las dos siguientes hay restos de paquetes de tabaco para liar (con el mensaje 'fumar mata') y numerosos boletos de lotería de una cercana administración (ahora en obras).
Frente al local de Flying Tiger hay una jardinera donde se han arrojado botes de yogur bebido e incluso pueden verse vainas de judías verdes. Las tres últimas estructuras de este tramo de calle tienen latas de refrescos, tapas de café para llevar, trozos de pan, cajetillas de tabaco o esas tiras de papel que se utilizan para probar las colonias en las tiendas de perfume.
La ruta no termina aquí. A la altura del número veinte hay dos estructuras más, con folletos de supermercado, carpetas o botes de Lacasitos. El catálogo de residuos continúa en las dos grandes estructuras (que servirán también como bancos) ubicadas frente a la sucursal del Santander. Allí se han tirado latas de cerveza, sobres de Cola Cao, bolsas de patatas fritas y botellas de agua sin vaciar. Las tres jardineras colocadas en la entrada de la calle desde la plaza de España se han ensuciado con tarrinas de helado, tiques de la ORA, servilletas, bolsas y cucharas de plástico, cajetillas de tabaco...
La enumeración de los párrafos anteriores tal vez sea demasiado exhaustiva, pero es también una demostración de la enorme variedad de residuos arrojados durante los últimos días en unas estructuras que no se pensaron para ese fin. De hecho, la calle cuenta con varias papeleras. Estos elementos de mobiliario urbano están concebidos como maceteros gigantes, que comenzarán a tener su uso final durante esta misma semana.
El concejal de Comercio, Mercados y Consumo, Víctor Martín, ha anunciado que durante estos días comenzará la plantación de las flores decorativas y de temporada que embellecerán la calle Mantería.La concejalía de Medio Ambiente suministrará tanto la tierra como las plantas y será Comercio quien se encargará de las plantaciones, con lo que estas jardineras tendrán por fin el uso para el que fueron concebidas, con lo que se impedirá que los más maleducados las utilicen como papeleras.
La colocación de estas estructuras (así como las instaladas en la calle Torrecilla) tuvo lugar a finales de enero, dentro de una línea de inversión para otorgar una nueva imagen en estas dos arterias comerciales. El suministro de este mobiliario urbano, tal y como recogía el contrato, contemplaba que «los materiales debían huir del concepto tradicional de amueblamiento urbano, ya que se persigue la innovación». Al mismo tiempo, se ensalzaron los «conceptos de calidad, durabilidad, funcionalidad, ecología y sostenibilidad» de los materiales, especialmente piedra, y que apuestan por el blanco como principal color.
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Esta inversión, que cuenta con financiación europea, se completa con la reciente renovación del alumbrado de la calle Mantería, que desde el jueves 13 de marzo estrena traje de luces, con una singular red de luminarias colgantes y focos ornamentales, que alcanza también a las vías aledañas (como SimónAranda, San Andrés y Juan Agapito y Revilla).
Esta malla lumínica está dividida en una veintena de tramos de los que penden 55 luminarias con forma de 'gotas' de vidrio, en cuyo interior se encuentran los puntos led. El sistema elegido para esta infraestructura «permite regular su intensidad punto a punto para garantizar que la iluminación de toda la calle sea homogénea», explicaron los técnicos de Serveo, la empresa adjudicataria de esta parte del proyecto vinculada con el alumbrado público (con un presupuesto de 348.716 euros).
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