
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Corría la segunda mitad del siglo XIX y la población de Valladolid crecía rápidamente. Al finalizar la Guerra de la Independencia el número de habitantes rondaba los 17.550, pero en 1860 ya registraba un censo de 43.000 personas. La ciudad vivía un fenómeno muy parecido al que conocería cien años más tarde: la inmigración de mano de obra del mundo rural. Entre 1850 y 1870 se instalaron en Valladolid veintiocho fábricas: harineras, fundiciones, textiles, cerámicas, además de la abundante mano de obra que requerían el canal de Castilla y los talleres del ferrocarril.
Aquello creaba un problema de abastecimiento en general y de agua en particular. La población aumentaba especialmente en los barrios humildes, como San Nicolás, San Pedro, Santa Clara, San Juan, Vadillos, San Idelfonso y San Andrés. Y comenzaban a dibujarse en la ciudad los nuevos barrios de Delicias, Pilarica, Pajarillos, la Rubia y la Farola, que acogían la incesante llegada de trabajadores y jornaleros.
Los hogares se abastecían con el agua de pozos –especialmente eran apreciados los de Santa Clara por sus buenas aguas-, y manantiales próximos al Pisuerga, además de recurrir a los aguadores. Y la histórica conducción de las fuentes de Argales se hallaba, casi como de costumbre, en muy mal estado y apenas corría el agua por las fuentes que abastecía: a pesar de los muchos gastos del Ayuntamiento en la conservación de la cañería, ésta tenía abundantes pérdidas por roturas y continuas obstrucciones por culpa de la maleza y el barro.
Así que los munícipes no dejaban de discutir acerca de la posible solución a tan preocupante estado. Entre 1848 y 1876 se realizaron diversos informes y se tomaron acuerdos, que no terminaban de cumplirse, como sustituir las tuberías de barro de la traída de Argales por otras de hierro y hacer nuevas captaciones de agua. En 1862 se creó una Comisión Especial de Aguas y se elaboró un plan de implantación de fuentes, que llegó a consultar al arquitecto mayor de Madrid para que diera su opinión desde su experiencia y se podían implementar tuberías de hierro o plomo para canalizar el agua potable. Un mes más tarde el Ayuntamiento vallisoletano obtuvo la respuesta: las cañerías de barro si están bien montadas no tienen por qué dar especiales problemas, deben rechazarse las tuberías de plomo y aunque las de hierro son más caras, con una buena inslatación son muy duraderas y no requieran apenas mantenimiento.
El caso es que, entre unos informes y otros, el problema de abastecimiento de agua no se solucionaba, hasta que el Ayuntamiento, además de mejorar la canalización de las Arcas Reales, decidió instalar una máquina elevadora de aguas del Pisuerga que abasteciera varias fuentes. No era una solución novedosa, pues a finales del siglo XVI el ingeniero Zubiaurre ya construyó una noria para elevar las aguas del río al otro lado del puente Mayor: un artefacto que serviría para abastecer a la ciudad pero que quedó en exclusiva para servicio del palacio Real de la Ribera.
Por fin, en julio de 1876 y tras cerca de treinta años de discusiones y soluciones imposibles comenzó a correr el agua del Pisuerga por las cañerías de las calles de Valladolid. La ciudad entonces tenía 50.000 habitantes. Aquello, sumado a la mejora de la conducción de las fuentes de Argales, permitió al Ayuntamiento acariciar la idea de aumentar el número de fuentes. La máquina elevadora de aguas del Pisuerga, que gestionaba un empresario privado por concesión administrativa del Consistorio estaba instalada en las inmediaciones del puente Mayor aguas arriba del lugar que frecuentaban las lavanderas en las viejas aceñas. Esa agua no tenía depuración alguna, simplemente se decantaba para quitarla la materia sólida que pudiera arrastrar.
La red de aguas del Pisuerga llegó a abastecer hasta once fuentes (además de las ocho que abastecía la traída de Argales), instaladas en Santa Clara, Chancillería, calle San Martín, plaza del Rosarillo, calle de la Concepción, plazuela de la Trinidad, plaza de la Libertad, atrio de Santiago, plaza de la Universidad, plaza de Belén (santa Cruz) y plaza de San Juan. Hay que añadir que también se instalaron diecinueve bocas de riego.
Aquellas nuevas fuentes que, según el Ayuntamiento iban a prestar un excelente servicio al vecindario, permitió que el agua llegara a barrios hasta lo que ese momento no llegaba agua.
La nueva red de tuberías para distribuir las aguas del Pisuerga se ideó pensando en que sirviera para al abastecimiento que el Ayuntamiento ya tenía en mente cuando se concluyera la construcción del Canal del Duero: servicio que comenzó a prestarse en octubre de 1886. Es decir, la elevación de aguas del Pisuerga estuvo en funcionamiento durante diez años: entre julio de 1876 y octubre de 1886.
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