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La vallisoletana Teresa Andrés Zamora, a la izquierda. ARCHIVO DE ANTONIO GÓMEZ ANDRÉS
La feminista vallisoletana que más impulsó la lectura y murió joven

La feminista vallisoletana que más impulsó la lectura y murió joven

La republicana de Villalba de los Alcores Teresa Andrés Zamora sigue siendo una desconocida para el gran público pese a su labor durante la Guerra Civil, que la sitúa al nivel de María Moliner

Martes, 8 de marzo 2022

Fue, junto a María Moliner, la mujer que más trabajó por fomentar la lectura pública durante la Guerra Civil desde su responsabilidad como secretaria de la Sección de Bibliotecas de Cultura Popular. Se llamaba Teresa Andrés Zamora y había nacido en la localidad vallisoletana de Villalba de los Alcores el 27 de febrero de 1907. Su nombre, aún desconocido para el gran público pese a los trabajos publicados por su hijo, Antonio Gómez Andrés, y por el escritor y bibliotecario Romà Seguí i Francès, figura entre el de las principales promotoras de la lectura en la zona republicana.

Primogénita de una familia de seis hermanos, su padre, Diógenes Andrés, era médico de profesión y su madre, Pilar Zamora, maestra nacional. Palencia se disputa el orgullo de tenerla como paisana porque al poco tiempo de nacer se trasladó con sus padres a Cevico de la Torre, donde estudió las primeras letras. En la capital palentina cursó el Bachillerato y en la Universidad de Valladolid, la carrera de Filosofía y Letras, sección Historia, entre 1923 y 1927, obteniendo Premio Extraordinario y compaginándola, por libre, con Magisterio.

Durante los cuatro años que pasó en la famosa Residencia de Señoritas de Madrid, entre 1928 y 1932, se empapó del espíritu pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza, perfeccionó sus conocimientos de inglés, alemán y francés y dio comienzo su compromiso político y feminista. Impartió clases en el Instituto Escuela de Segunda Enseñanza, entre 1927 y 1930, antes de aprobar la oposición al Cuerpo de Facultativos de Archivos, Bibliotecas y Museos con la mayor puntuación de todos los aspirantes. Tras una breve estancia al frente del Museo Arqueológico de León (agosto-septiembre de 1931), fue adscrita al archivo del Palacio Nacional.

Un hito fundamental en su carrera, pero también en su posicionamiento político, fue la beca otorgada por la Junta de Ampliación de Estudios para trasladarse durante once meses a Alemania, donde amplió conocimientos en Museos y Universidades y comprobó, de primera mano, los delirios del nazismo. Esto último, en su caso, actuó de lanzadera para afiliarse al Partido Comunista. Un viaje de estudios para investigar sobre la rejería de las catedrales de Cuenca, Zaragoza, Valencia y Barcelona, tema central de su tesis doctoral, y una beca de la Sección de Arqueología Española del Centro de Estudios Históricos completaron su periplo académico. Entonces estalló la incivil guerra.

Junto a Juan Vicéns de la Llave organizó la sección de Bibliotecas de Cultura Popular, en la que también colaborarían Josep Renau, Antonio Deltoro y Emilio Gómez Nadal, con quien contrajo matrimonio en octubre de 1936. Se trataba de llevar la cultura al frente republicano, ampliando así la labor iniciada por los principales impulsores del régimen político proclamado en abril de 1931. Ella misma, de hecho, insistía en que solo en la República atisbaba la posibilidad de lograr la elevación cultural del país. Continuó en el empeño en Valencia, donde a principios de 1937 se trasladó el gobierno republicano, ahora como secretaria de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico creado por Renau.

Su labor fue intensa: contribuyó a crear bibliotecas en los Institutos de Segunda Enseñanza, se comprometió con los cursillos de formación para encargados de bibliotecas y trabajó para mejorar las condiciones laborales de los facultativos mediante la creación del Sindicato de Trabajadores de Archivos, Bibliotecas y Museos, integrado en la ugetista FETE, que ella presidió en Valencia. Solo durante el primer año de la Guerra, Cultura Popular alentó la creación de más de 1.000 bibliotecas, tres cuartas partes de ellas en los frentes y el resto en hospitales, además de distribuir más de 30.000 periódicos en las trincheras para atender la sed de noticias de los soldados. En octubre de 1937 fue nombrada delegada del Ministerio de Instrucción Pública en Valencia, localidad donde se enteró del trágico final de su padre y de su hermano Dionisio, fusilados por el bando sublevado en octubre de 1936 en Villamuriel de Cerrato. Otro hermano suyo, Troadio, luchó en la guerra como teniente del Ejército Popular de la República.

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El final de la contienda le sorprendió en Barcelona, desde donde partió con su marido a Bélgica y, poco después, a Paris. Aquí, además de colaborar en el Servicio Español para la Evacuación de Refugiados, actuó en las tareas de la resistencia ante la ocupación nazi. Gracias a las gestiones de Marcel Bataillon, director del Institut d'Etudes Hispaniques, trabajó catalogando libros españoles de las bibliotecas francesas. En agosto de 1944, una vez liberado Paris, formó parte del grupo de la FETE que trató de reorganizar el sindicato en tierras francesas, mientras perseveraba en su compromiso feminista; de hecho, en mayo de 1945 se afilió a la Unión de Mujeres Españolas, afecta al PCE, y desde ella organizó el Congreso de la Federación Internacional de Mujeres Demócratas, celebrado en Paris en el mes de noviembre.

Su última actividad en este sentido la desarrolló en Londres en marzo de 1946, donde presentó una ponencia sobre la lucha de la mujer contra el franquismo en el International Woman's Day Committee. Tenía 39 años cuando una leucemia le arrebató la vida en el Hospital Cochin de Paris. Era el 5 de julio de 1946. Emilio y Teresa tuvieron dos hijos. El primero, Vicente, murió a los pocos años y Antonio, nacido en Paris en 1941, fue trasladado en 1943 a España y criado por la abuela materna. A él se debe la mejor biografía de Teresa, publicada en 2013 por la Universidad de Valencia.

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