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Abies pinsapo, asplholus, begonia semperfloreus, opuntia imbricuta, cereus pentagonus, tradescantia discolor, euforbia grancile, aloe arovireus, sempervivum hawortis... El listado de plantas adquiridas para el jardín ... botánico de la Universidad de Valladolid en 1877 recogía hasta 84 especies diferentes; al año siguiente, se adquirieron 102 ejemplares procedentes de Nueva Orleans. De aquel vergel, que en 1873 contaba con una «bonita verja de hierro», hoy apenas queda en pie uno de los pilares de piedra que flanqueaban el acceso público y la casa del jardinero, en la actualidad con su puerta y ventanas tapiadas.
La idea de la Universidad de Valladolid de crear un jardín botánico se remonta a 1771, cuando surgió la necesidad de crear un «huerto botánico» que dependiera de la Cátedra de Simples y Yerbas de la Facultad Medicina. Pero la inversión que hubiera supuesto lo hizo inviable. En 1842, 71 años después, la Universidad volvió a plantear la necesidad; pero no fue hasta 1849 cuando el jardín botánico se hizo realidad. De forma trapezoidal, se accedía desde el exterior por una puerta flanqueada por dos pilares de piedra por la calle Doncellas. «El recinto disponía de pozo y de noria; también, contaba con un invernadero y el jardinero que lo atendía gozaba de vivienda junto a la entrada al jardín», recuerda Ana Rebollar Antúnez en el libro 'Historia y Patrimonio de la Universidad de Valladolid'. Esta casa, hoy sin uso, la ocupó durante muchos años el conserje de la Universidad: el último, el señor Medina.
De botánico a ornamental
En 1909 el arquitecto del nuevo edificio de la Universidad excluyó el botánico del diseño y aquel vergel se transformó en un jardín ornamental que sobrevivió hasta la década de 1960. «Al Este lindaba con la crujía en donde se hallaba el laboratorio de Química, la cátedra número 7, el Gabinete de Ciencias Naturales y la cátedra número 6; al Oeste con casas, patios y corrales de edificios situados en las calles López Gómez, Tercias y Doncellas; al Norte con el invernadero; y al Sur con traseras de viviendas de la calle Núñez de Arce», señala Rebollar Antúnez en su capítulo dedicado a este jardín botánico.
Otros edificios históricos de Valladolid
De aquel espacio, propuesto ya en 1843 por el rector Claudio Moyano –«quien pensó para el botánico el espacio que ocupaban varias casas muy malas con sus respectivos corrales que se abrían al Corral de las Doncellas para instalar sobre el solar resultante de su derribo el jardín botánico»– apenas quedan en pie un par de árboles. El costo total de su construcción ascendió a 21.880 pesetas (que equivaldrían a unos 126 euros de hoy en día). Para ello se produjo una permuta de propiedades entre el Cabildo catedralicio y la Universidad. El Cabildo de la Catedral transfirió a la Universidad siete casas que poseía en el Corral de las Doncellas valoradas en 18.296 reales y una renta anual de 1.438 reales; y, a cambio, la Universidad le entregó cuatro que poseía en el Corralillo de las Paneras y una en la calle de San Antón, que se valoraron en 18.328 reales.
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