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La historia de la Semana Santa de Valladolid se remonta al siglo XV. Y con ella los franciscanos con sus procesiones claustrales en el antiguo ... convento de la Plaza del Mercado -en la actualidad Plaza Mayor-, que rememoraron hace dos semanas en el Monasterio de Santa Isabel de Hungría, y posteriormente con sus salidas populares a la par que devocionales. Así hasta pleno siglo XXI en que la Orden Franciscana Seglar-Cofradía de la Santa Cruz Desnuda completa su relato procesional con la presentación del nuevo paso del Santo Cristo de la Esperanza (anónimo hacia 1510), un crucificado tardogótico que se sumará este mismo Jueves Santo a las andas del Cristo Yacente, Nuestra Señora de la Soledad y la Santa Cruz.
La nueva imagen de madera policromada y de tamaño inferior al natural se incorpora a los desfiles vallisoletanos desde este año, aunque lo cierto es que su historia ciudadana y cofrade es dilatada dado que, con toda probabilidad, como explican desde la hermandad, la talla ya recibiera culto en el convento mencionado y también estuvo en la Capilla Real del Convento de San Diego, en el entorno de la plaza de San Pablo. Con el traslado de los franciscanos al paseo de Zorrilla, primero en la parroquia de la Sagrada Familia (hacia 1927) y posteriormente en la de La Inmaculada (hacia 1965), el crucificado se ha mantenido en la clausura al culto por la comunidad de frailes y seglares. Es más, en su historia también consta por los periódicos de la época su participación en la Procesión del Cordón por la plaza de Las Brígidas.
Así, prácticamente un siglo después de permanecer en la clausura franciscana y ante la devoción que siempre ha despertado, la cofradía recuperará el Cristo de la Esperanza para alumbrarlo en la procesión de Humildad y Penitencia conformando el primer tramo de la misma tras la cruz y ciriales así como las banderas de la hermandad. Será el Jueves Santo, el próximo día 17 de abril, a partir de las 19.00 horas desde la Iglesia de Santa Isabel de Hungría, cuando cofrades y ciudadanos podrán disfrutar de nuevo de esta imagen tras ser sometido a un laborioso proceso de restauración con una limpieza superficial, reintegración cromática en algunas zonas y un barnizado final. Su restaurador, Pedro Escudero, explica en este sentido que se ha encontrado una talla con las patologías habituales por el paso del tiempo a la vez que destaca cierto grado de conservación de la policromía original además de un repinte posterior en una superficie de más del 75 por ciento de la escultura.
Entre sus características cabe mencionar su rostro de la pasión con estética alargada y tocada por una compacta corona de espinas talladas. Sobresalen también los cabellos en forma de tirabuzón ojos cerrados y boca entreabierta. Por su estilo hispanoflamenco destaca sus proporciones de la anatomía, rigidez y pies en rotación interna. En este sentido, lo más llamativo también es el paño de pureza concebido a base de pliegues y anudado en la cadera izquierda, características de los crucificados del primer tercio del siglo XVI.
Además, como indica el hermano ministro de la cofradía, Miguel Santos Romón, para darle más realce en la calle y proporcionarlo a las nuevas andas, se ha realizado una nueva cruz procesional en madera de nogal español que se ajusta además a las dimensiones de la puerta del convento. A los pies de la misma, por su parte, la autora vallisoletana Elena Giménez Balmori ha pintado al óleo una calavera a imagen y semejanza de la original que alude al cráneo de Adán y significa el triunfo de la Cruz sobre la muerte: desde el rostro fidedigno hasta el cráneo.
Esta cruz diseñada en forma de la TAU franciscana, además de las nuevas andas han sido diseñadas por el ebanista y carpintero vallisoletana, Javier Fernández Valbuena. Una mesa procesional realizada en madera de ayous que se obtiene de un árbol que crece en el oeste y centro de África para posteriormente teñirla de oscuro. La estructura de carpintería metálica, por su parte, está realizada por la Familia >conde con materiales ligeros pero ofreciendo solidez al conjunto a la hora de la maniobrabilidad de los comisarios de carga. En cuanto a los textiles cabe reseñar el trabajo de Alejandro Angulo con la creación y cosido de las faldas en damasco de color marrón franciscano con galones metálicos dorados además de los varales en el mismo color.
En definitiva, unas andas construidas íntegramente en tierras vallisoletanas, como reveló Miguel Santos Romón, en lo que significa empleabilidad en este sector de la artesanía cofrade cuyos profesionales también tienen abierto su oficio a la carpintería en general, estructuras metálicas o textiles. La orfebrería, por su parte, al no existir talleres de estas características en Valladolid ni en Castilla y León, se ha adquirido el llamador en el taller de Orovio de la Torre de Ciudad Real consiguiendo una réplica de la Santa Cruz.
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