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Semana Santa de Valladolid
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Todo listo para la procesión de las Siete PalabrasSentir la pasión y vivir la fe en las calles de su ciudad. Esa es la mayor ilusión Álvaro Gimeno y Yolanda Prieto, quienes llevan ... la Semana Santa de Valladolid en su adn y viven durante estos días, los momentos más intensos del año. Ambos pertenecen a dos estirpes de cofrades de las Siete Palabras y este Viernes Santo, cuando el luto se imponga en la Plaza Mayor, cumplirán con dos importantes cometidos. Él pregonará y ella dirigirá el escuadrón de caballistas. Labores que llevan años desempeñando, pero que vez se vuelven más especiales para ellos.
Álvaro Gimeno, abogado de profesión, es la voz de la Semana Santa vallisoletana. Cada año, desde hace 31, es el encargado de dar lectura en el casco histórico de la ciudad, al Sermón de las Siete Palabras. Antes que él, ya lo hicieron su padre Jesús y su abuelo Antonio, que dio su primer pregón en 1945. (La hermandad implantó esta costumbre en 1944, año en el que pregonó Justo García). «Mi padre continuó la tradición desde 1969. Antes de su fallecimiento en 1983, los hermanos de la cofradía, le prometieron que harían todo lo posible porque yo siguiera la misma estela. Hasta que cumplí los 16 años, se hizo cargo del pregón Federico Alonso Artero. El me cedió el testigo y me guardó el cargo. Los dos primeros años, lo hicimos juntos», dice agradecido.
Para la familia Gimeno, el pregón de las Siete Palabras siempre ha sido un acto muy especial. Su hermana Blanca, durante años, hasta su fallecimiento, se encargó del avituallamiento de los caballos. Su prima, también llamada Blanca, encabeza la comitiva en coche y su tía es la que realiza las vestimentas de la yegua, Naomi, una fiel compañera con la que Álvaro ha leído 14 pregones y que alquila todos los años para este gran día. «Los Gimeno somos un gran equipo semanasantero. Yo pongo la voz, pero mi novia, mis primos y sobrinos ponen el resto del trabajo y el cariño para que todo salga bien. En estos días, es cuando más se echa de menos las ausencias. Ahora me viene a la memoria el pregón que di en el 2004. Mi madre estaba ingresada entonces en el Río Hortega y en aquella ocasión hicimos allí una de las paradas. Ella bajó de su habitación con el gotero a verme. Fue emocionante», recuerda este vallisoletano, que tiene cientos de anécdotas, como la del pregón de 2003, cuando se cayó del caballo y abrió todos los telediarios nacionales, «fue entonces cuando me di cuenta de la magnitud de este evento», añade.
De todos los pregones que ha pronunciado, hay uno que para él tiene un especial significado. Fue el del 2021, cuyo autor fue el escritor Narciso Alonso Cortés. Lo leyó desde la catedral, sin comitiva a caballo por las restricciones de la pandemia. «Ese mismo soneto fue el que pronunció mi abuelo en 1946 y también en 1969, cuando cumplió sus 25 años como pregonero, que lo leyó junto a mi padre, que se estrenaba ese año en el cargo. Ese pergamino ha estado siempre en el salón de mis abuelos. Para mis primos y para mí es un gran tesoro, ya que hemos crecido viéndolo y nos lo sabemos de memoria. Es el único que hemos pronunciado los tres Gimeno», recalca.
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Álvaro espera con ilusión este próximo pregón del viernes. «El año pasado todavía había algunas restricciones y no lo pudimos vivir con la intensidad de siempre. Por fin volveremos a celebrarlo como se merece, aunque una vez más, vamos a echar de menos las ausencias. Hace apenas un mes ha fallecido mi tía Asunción, hermana de mi padre, que también estaba muy implicada». El soneto que leerá este año, es el de Juan Enrique Gutiérrez, Secretario Coordinador Provincial de Valladolid del Ministerio de Justicia, por el que Álvaro guarda especial admiración y cariño. «Nos conocemos por temas laborales y su padre también fue autor del pregón que di en el 2005», dice este pregonero, que ya está calentando su voz para este próximo viernes. «Al principio me pasaba ensayando los 15 días previos, ahora ya no necesito tanta preparación. Llevo pastillas para la garganta y en el descanso me tomo café con orujo y miel. Antaño tomaban claras de huevo», dice.
Yolanda Prieto también vive estos días con gran intensidad. Ella es natural de Laguna de Duero y vive en Mojados, y desde hace 12 años, es la responsable del escuadrón de caballistas de las Siete Palabras, una labor que desempeña con gran orgullo y que le permite aunar sus grandes pasiones: la semana Santa y los caballos. Al igual que Álvaro, lo lleva en la sangre. Sus hermanos también son cofrades. El mayor de ellos, Luis Antonio Prieto, es el Comisario de Pasos y se encarga de custodiar y de gestionar el transporte y montaje de los siete pasos que salen en procesión cada Viernes Santo. «Formo parte de la cofradía desde los cuatro años. Empecé como manola. Luego fui cofrade de fila. Lo he vivido siempre con mucha intensidad. Hace 12 años mi hermano me comentó que necesitaban a alguien que se encargara de coordinar todo lo relacionado con los jinetes y los caballos. Yo siempre he montado a caballo y desde entonces, esta es mi manera de ayudar a la cofradía. Son muchos los preparativos que hacen falta», explica Yolanda.
Ella es la responsable de que todo salga bien durante el desarrollo de las procesiones del Domingo de Ramos y del Viernes Santo. «Hay que tener soltura con los caballos y saber controlarles cuando se ponen nerviosos. Yo lo disfruto muchísimo», explica Yolanda. Su labor arranca meses antes de la Semana Santa. Tiene que coordinar a los 12-15 jinetes que salen en las procesiones. «No todo el mundo que tiene un caballo puede participar. Hay gente que está habituada a ir a encierros y romerías, pero esto es totalmente diferente, es una procesión en la que hay que ir muy serio, ordenado y comportándose adecuadamente, igual que un cofrade de filas», aclara.
El patio de Caballería es el lugar de encuentro de los jinetes y caballos antes de las procesiones. Yolanda se encarga de esa gestión previa y de solicitar los datos identificativos de cada participante, así como de las matrículas de todos los vehículos de transporte. «También me preocupo de informar a todos de los horarios y recorridos y de que tengan el hábito. Además, limpio y preparo los aperos de los caballos, para que estén perfectos», dice. Para ella, la procesión del Domingo de Ramos es muy especial, porque el Cristo que sale, es el de los Trabajo, que es el de su pueblo, Laguna de Duero, pero el momento álgido de toda la Semana Santa, es cuando el escuadrón de jinetes sale de Caballería, al son de la corneta. «En ese momento, Álvaro Gimeno, hace la primera lectura del pregón. Es emocionante. Todos los que participamos en este acto hemos formado una gran familia con la que he vivido momentos increíbles», relata. «Los Gimeno son parte importante de esta procesión y de ellos he recibido siempre mucha ayuda. Empezando por Blanca, que fue mi mentora y me lo enseñó todo y siguiendo por Nuria y otra Blanca, que es la que encabeza la comitiva en coche, en el que yo a veces me tengo que montar en los trayectos largos, por ejemplo desde Plaza España hasta la iglesia de los Franciscanos, ya que es imposible seguir todo el recorrido andando, al paso de los caballos. Sin ellos, nada sería posible», concluye.
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