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El Viveros Herol Nava ha convertido en rutina eso de remontar partidos imposibles en su pista. Ayer obró la más difícil de todas: seis abajo ... en el octavo minuto de la segunda parte en medio de un aluvión de goles. Pero llegó con su paraguas Dzimitry Patotski para que los artilleros, Prokop y Moyano, voltearan otro partido, la quinta resurrección para un equipo que termina la primera vuelta con 11 de los últimos 16 puntos en juego, un total de 15, en octava posición y con un margen de diez con el descenso. Una matrícula de honor para un recién ascendido.
BM Nava
Luis de Vega, Andrés Moyano (9), Borja Méndez (1), Andrés Vila (1), Dani Pérez (5), Mario Nevado (2), Francisco Ahumada (3) Gonzalo Carró, Jakub Prokop (8), Roberto Pérez, Dragan Soljic, Dzimitry Patotski, Óscar Marugán (1), Tomas Smetanka, Isaías Guardiola y Pablo Herrranz (3).
33
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31
Anaitasuna
Iñaki Martínez, Juan Manuel Bar, Antonio Bazán (5), Niko Martinovic, Eduardo Fernández (1), Martín Ganuza (3), Ernesto Goñi (3), Xavier González (7), Mikel Redondo (1), Adrian Ortiz, Josu Arzoz, Aitor Albizu (5), Julen Elustondo (1), Marco Moreno (3), Nicolás Bonanno (1) y Pablo Itoiz (1).
PARCIALES: 3-3, 4-6, 8-9, 11-14, 13-16, 15-20 (descanso), 17-21, 21-24, 23-26, 27-27, 30-28 y 33-31.
ÁRBITROS: Espino Guerra y Navarro Baquero. Señalaron cuatro exclusiones a los locales y una a los visitantes. Expulsaron con roja directa a Carró y Prokop por el Nava.
Senovilla defiende al Nava como un equipo capaz de rendir en todos los registros, pero cuando la cosa va de defensas y marcadores bajos, sus opciones crecen. Los goles empezaron a llover como si el pabellón tuviera goteras, desde la pérdida navera en la primera en un cruce a ciegas en el que no se encontraron Guardiola y Prokop. Fue la primera contra inmisericorde de Xavier González, tan certero y rápido como Aitor Albizu. El Anaitasuna tenía balas en la recámara para castigar cada error e hizo honor a su etiqueta de equipo completo para adueñarse del partido a partir de las paradas de Juan Manuel Bar. De ahí a la visión de Elustondo, ya fuera en ataques estáticos –la excepción– o en los acelerones de extremos como Ganuza, que ponía el 4-7.
Senovilla consiguió más defensa y Moyano hacía su aparición con tres goles seguidos. Nevado recogió uno de sus pases, una cesión picada hacia su internada por el centro, pero tiró forzado y solo encontró el travesaño. Protestó el público, que pedía falta y consiguió un ataque navarro plomizo que terminó en pasivo y en otra transición, ahora sí certera, conducida por un Smetanka que soltó el balón antes de vencerse para que Ahumada ajusticiase al portero argentino. Así influye la afición en un partido. Segundos después, Méndez se sacaba un misil, como si los árbitros no tuvieran el brazo levantado, y ponía al Nava a uno.
Pese a la garra, los segovianos no secaban al ataque rival. El Anaitasuna jugaba a otra velocidad y no cometía errores por ello. El Nava anotaba a ralentí, en parte porque Bar estaba de dulce mientras la portería local estaba casi inédita. La defensa necesitaba dar un paso más y Gonzalo Carró bordeó el reglamento en una internada de Albizu: sacó los brazos muy arriba y la colegiada le enseñó la roja al entender que la acción era peligrosa –hizo un gesto con el codo– y puso los segovianos junto al precipicio. Pérez limitó daños con un corte oportuno en inferioridad, pero Bar volvió a parar y González ponía el +5 (11-16).
Las alarmas estaban encendidas y el Nava reaccionó con talento, con grandes definiciones de Prokop y la solvencia de Pérez en siete metros, pero la portería propia seguía estéril. Patotski salió en el tramo final de la primera parte, pero tardó en coger ritmo. Así las cosas, Mikel Redondo puso el broche a 30 minutos sobresalientes con un penalti sobre la bocina que anotó con un precioso bote pronto que valía el gol 20, un exceso.
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Prokop y Moyano siguieron a lo suyo en ataque tras la reanudación, pero el Anaitasuna sostenía el intercambio y ampliaba su renta (18-24). La reacción navera llegó de dónde tenía que llegar: su defensa. Patotski enganchó un par de paradas de mérito en seis metros y los navarros tenían problemas para replegar. El Nava no dudaba y corría en cuanto podía. Y el eslovaco ya se plantaba con comodidad en seis metros. El equipo que no se rinde se acercaba a dos tras un 4-0.
El Anaitasuna no quería desperdiciar los ahorros y Goñi respondió al tiempo muerto con un latigazo poderoso en parado. Pero su equipo ya no lograba acelerar, había perdido la frescura del primer tiempo. El déficit se había acortado y bastaban un par de acciones para que se acabara la escapada. Sucedió en una inferioridad mal gestionada por los navarros que terminó con dos goles de Prokop sin portero –había que meterlos y el tren de mercancías hizo de francotirador– y una contra de Dani Pérez nivelaba todo. Los navarros salieron de su último tiempo muerto con siete jugadores de campo, pero ni con esas. Patotski paraba a Itoiz y Pérez ponía a los suyos por delante a nueve del final (28-27).
El Anaitasuna se empañaba en vaciar la portería, pero no consiguió frenar un parcial que Moyano estiró al 6-0 tras robar y embocar en esa red desnuda para poner un +3 que pocos habían visto venir. Los navarros circulaban mejor en ataque, pero en última instancia tenían que vérselas con un Patotski que ya lo paraba todo, para desgracia de Itoiz, vencido en el área. Cuando el bielorruso detuvo el penalti de González, aseguró la victoria, aunque la expulsión de Prokop por impedir la reanudación alargó el suspense hasta los segundos finales. Llegó la bocina y el público celebró sincero. Feliz Navidad para el Nava, que volverá en febrero con el zurrón lleno.
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