
Segovia
Los 17 pueblos a los que ya no va el pescaderoSegovia
Los 17 pueblos a los que ya no va el pescaderoLos abuelos de José Luis Pérez, que apura a sus 63 años sus días de pescadero en Ayllón, levantaron un negocio que heredó su ... padre a mediados del siglo XX. Así que él no ha conocido otra vida, desde los viajes a Aranda de Duero a por el pescado a «hacer pueblos», algo que entonces justificaba un jornal. «Te iba a decir que vendíamos veinte veces más. Serán pocas». Lo dice un martes después de pasar por Estebanvela y no abrir siquiera el camión. Le preguntó a un señor: «¿Dónde está la gente? Que no hay nadie. ¿Están en misa?» Tras llamar a las casas de un par de clientas habituales, sin respuesta, volvió a la carretera.
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A su pesar, es un historiador de la despoblación. «A los pueblos, les queda de vida los habitantes que tienen. Si hay diez casas abiertas, diez años. Porque cada año se muere uno». El listado de lugares que se han caído de sus rutas es un cementerio demográfico: Aldealengua de Santa María, Mazagatos, Saldaña de Ayllón, Ribota, Valvieja, Francos, Santibáñez de Ayllón, El Negredo, Madriguera, El Muyo o Becerril. También por el lado soriano: Torraño, Ligos, Cuevas de Ayllón, Liceras o Montejo de Tiermes. Hoy mantiene Castillejo, Languilla, Santa María de Riaza, Corral de Ayllón y Estebanvela. «Voy una vez a la semana, pero a Estebanvela voy a empezar a ir cada 15 días. Es que no se puede, no hay venta».
Ayllón, con tiendas de Eroski, Suma y Udaco, tampoco es un lugar fértil. «Está muerto, nos han comido los grandes supermercados. El Lupa de Riaza ha sido la ruina para todos nuestros negocios, nos ha matado. A mí me queda año y pico y no sé si lo voy a aguantar. Tener abierto para perder dinero es de tontos y estoy cansadísimo de madrugar». De bajar a Aranda a por género todos los días a hacerlo martes, jueves y viernes. Levantarse a las cuatro de la mañana para cargar apenas 60 kilos –años atrás cargaban 200 diarios– y la mitad quedó sin vender. «Fatal de mal hoy». Pasó por Languilla para despachar a dos clientas: una gastó nueve euros y la otra, 16. Tres clientas más en Santa María y otras tres en Corral. A las diez ya estaba de vuelta en Ayllón. Solo el gasto del furgón supera los 20 euros.
Con todo, mantiene el reparto. «Les estoy diciendo que voy a dejar de ir, que no me interesa. Pero es que me da mucha pena, tengo gente mayor que me acogían en su casa cuando iba de niño a repartir en bicicleta o en moto en enero. Te morías de frío, estabas deseando entrar en casa de Juana o de Pepa para calentarte un poco en la lumbre».
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Cuando era pequeño, no solo iba a aquellos pueblos con pescado; también llevaba carne y fruta. «Menos mal que se hizo algo dinero en los años buenos». Su meta es enero de 2025, su 65 cumpleaños. Si el negocio fuera rentable, habría relevo, su hijo. «Pero no puede vivir de ello».
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