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Provincia de Segovia
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Los pueblos abaratan las concesiones para evitar el cierre de todos sus baresUn bar recién reformado en Añe por el que no hay que pagar alquiler; tampoco gastos de luz o calefacción. La oferta incluye una vivienda ... aledaña por un precio simbólico de 180 euros. «Ya a más no podemos llegar», subraya su alcalde, Javier García, que defiende un servicio público para que las plazas de los pueblos no queden desiertas. Pese a los esfuerzos de los ayuntamientos más modestos, la estimación de la patronal hostelera Hotuse es que la provincia tiene entre 150 y 200 bares cerrados entre más de un millar que aún sirven cafés. La herida de la despoblación: el 15% de los bares ya han bajado la persiana.
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«El problema es que va cada vez más rápido. Los que están cerca de la capital todavía se mantienen, pero los pequeños van cayendo a toda velocidad», subraya el vicepresidente de Hotuse, Javier García Crespo. Su asociación lleva junto a la Diputación de Segovia el proyecto 'Sin bares no hay pueblo' como servicio básico a hosteleros y otros profesionales relacionados con el alojamiento o el turismo en el medio rural: principalmente, normativa y formación.
Su bolsa de bares disponibles incluye una quincena. Tres de ellos son municipales, con salida asegurada: Armuña, La Losa y Tabladillo. Está la cafetería del Club Social de la Urbanización Río Moros, en La Estación de El Espinar, y locales en Juarros de Voltoya, Cantimpalos, Villacastín, Sepúlveda, Honrubia de la Cuesta, Puebla de Pedraza, Torrecilla del Pinar, Nieva, La Granja de San Ildefonso y Adrada de Pirón. Hay en marcha conversaciones con el Ayuntamiento de Segovia para ampliar el proyecto a los barrios con más dificultades.
En pos de proteger la salud de esos locales, Hotuse manda circulares a los ayuntamientos para que «tengan en cuenta a los bares de los pueblos a la hora de celebrar las fiestas», no solo las asociaciones de vecinos, culturales o las peñas. «Luego durante el invierno quieren que el bar esté abierto, pero si no sacan un colchón de dinero en la época de ganancias luego no aguantan», subraya García Crespo. Otra aspiración es que estos locales tengan una doble licencia y puedan actuar como comercios y complementar ingresos. «Que puedan recoger paquetería de Amazon, por ejemplo. Que sirvan de punto social en el pueblo y puedan hacer caja, tener más ingresos de otros sitios». Entre esas ideas está la de que los bancos puedan servirse de los bares para instalar allí cajeros. O que sean un punto de Correos o de buzón municipal. «Estamos dando vueltas a varias cosas para darles utilidad y más protagonismo».
Una de sus líneas de acción de Hotuse es solo colaborar con los ayuntamientos si no hay más bares en el pueblo. «Pedimos que ayuden al que queda para que no se cierre porque muchas veces hay competencia desleal. Las condiciones de un local del Ayuntamiento son mucho mejores que uno privado». Las causas de los cierres apuntan a la falta de relevo generacional y a las condiciones. «Los bares de los pueblos son muy esclavos, echas más horas ahí que la cafetera. Uno se quiere tomar el último cubalibre y otro pide el café a las ocho de la mañana. Y eso es inviable». Y no hay suficiente rentabilidad para que el hostelero contrate trabajadores.
El Ayuntamiento de Añe reformó su bar gracias a un plan provincial de la Diputación, un requisito imprescindible para adecentar la cocina y sacarlo a concurso. Más de tres cuartas partes del proyecto se financiaron con esta ayuda, que superó los 22.000 euros, a la que se sumaron otros 6.000 municipales. Tras dejar su gestión unos vecinos del pueblo, la nueva adjudicación llegó hace dos meses. La oferta tuvo muy buena acogida, sobre todo por la vivienda, de 180 euros mensuales. Se presentaron 22 currículos de toda España –candidatos de Cantabria o Galicia– aunque la mayoría no tenía experiencia en hostelería. «Estuvimos haciendo una selección y se lo adjudicamos al que más nos interesa, un perfil que pudiera dar un servicio de bar», explica su alcalde. Se trata de un hombre y una mujer que trabaja como cocinera en una residencia de ancianos y libra los fines de semana, el periodo en el que abre regularmente el establecimiento. «En verano hay movimiento, pero en invierno no hay absolutamente nadie». El pueblo tiene una quincena de vecinos fijos y mucha segunda residencia, principalmente de Madrid.
El bar sirve como punto de actividad; por ejemplo, este mes hay una comida vecinal todos los fines de semana. «Aparte de juntarse la gente del pueblo, le da beneficio al bar». El origen público de la subvención limita los precios: el café cuesta 1,20 euros. El punto fuerte de Añe en verano es que está en pleno Camino de Santiago y recibe peregrinos. El regidor habla del bar como el punto social del pueblo. «Hay mucha gente que sin él ni siquiera saldría de casa. Al final es muy triste. Lo hablaba el otro día con un alcalde; es casi tan fundamental el médico como el bar». Un lugar que sirve también para pasar consulta, preguntarse qué le ha pasado al vecino que no ha venido.
Una lógica que asume el alcalde del pueblo vecino, Armuña, Javier Sanz. «Antes los Ayuntamientos ganaban mucho dinero con el alquiler de los bares. Cada vez va pesando menos la parte de negocio, alguno me consta que incluso lo pierde. Pero tiene primar el servicio público». La barra del pueblo está en Las Escuelas, el antiguo colegio masculino, fundado en la Segunda República y con actividad hasta finales de los 80, cuando los niños se llevaron sus mochilas a Bernardos. La última adjudicataria dejó el local en febrero y la nueva abrió las puertas el 6 de diciembre, unos meses que el Ayuntamiento ha aprovechado para poner en valor ese «recuerdo vintage». Una decoración con pupitres, encerados y unas pequeñas sillas que sirven de zona para los niños.
El nuevo contrato cede el bar por 600 euros al año más un 3% de la facturación y abrirá seis días a la semana. «Mañana, tarde, mediodía. A todas horas. Los fines de semana alargará un poquito más», celebra Sanz. Las propuestas superaron las expectativas de un contrato que asumía cerrar dos días por semana y las primeras horas de la tarde. Algunas de gente que se ha lanzado a por el bar sin haber perdido información ni pisar siquiera el pueblo. O de jubilados de más de 70 años. Un centenar de solicitudes de información de Andalucía, Cataluña o Andorra para «seis propuestas reales».
Lo llevará Paulina Tsenkova, con una larga trayectoria de camarera en restaurantes de la provincia. Y el bar será un punto de recogida de paquetes. En su esfuerzo contra la despoblación, el Ayuntamiento está reformando una vivienda que espera tener lista el año que viene. «Queremos que sea una vivienda social. Si alguien quiere venir a trabajar a Armuña, estamos totalmente dispuestos». Son las rebajas de los pueblos.
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