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En Anoeta, el Real Valladolid vino a escenificar el gozo y las sombras de un equipo descendido antes casi de comenzar la competición por mor ... de la desidia, el silencio y la participación cómplice de los que dirigen este club con su presidente a la cabeza.
Ya se que hablar de gozo es casi, y sin casi, un eufemismo; pero no me resisto a mencionarle cuando pienso que el equipo, aún siendo una caricatura defensiva y un mal sueño en lo que a equipo de la máxima categoría se refiere, salió a jugar con un aire diferente a lo visto a lo largo de tantos meses y gracias a una alineación inicial muy coherente en hombres y líneas, que no de posiciones especificas en jugadores concretos; algo que se pone de manifiesto cuando Raúl Moro e Iván Sánchez en su sustitución abandonan el campo frustrados.
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Ese aire diferente, me reitero, que apenas aguanta veinte minutos antes de cometer una pifia en cadena, impropia de un juego de nivel que perpetúa una defensa quebrada.
Algo que viene a repetir a pelota parada para retratar una situación, un equipo y una linea defensiva azotada de forma inmisericorde desde hace más de nueve meses, a modo de alumbramiento fallido.
Sin embargo, y ya centrado en el capítulo de las sombras, es obligado resaltar que el equipo en su conjunto no tiene chispa defensiva alguna porque no sabe marcar al hombre –o si sabe, no lo practica–, al tiempo que deja distancias al contrario y capacidad de maniobra imposibles de asumir.
E insisto en la no práctica, porque si el grupo se desempeña con el ardor final de los minutos postreros, habría que preguntarse porque no lo hace antes, justo desde el inicio.
Un inicio en el cual el Real Valladolid intentó cosas , salió con la pelota y cierta decisión hasta tres cuartos de campo y movió de un lado a otro el juego en busca de la intervención de extremos y remate final de un Latasa en racha goleadora.
Algo en lo cual deberíamos de poner máxima atención mientras lo apuntamos en capítulo de las fortalezas con vistas a un futuro inmediato.
Como el de las debilidades, entre las barrabasadas de la esfera técnica dirigente y la poca calidad encontrada, está perfectamente definido y tiene fácil arreglo con la eliminación de todos ellos, lo lógico es centrarse en lo anterior.
No me parece a mí que al Real Valladolid de cara a lo inmediato y teniendo a Machís, Moro y Marcos André, junto a los Arnu y Chuki entre otros, vaya a tener problemas para confeccionar un ataque de garantías; algo que salvo cláusulas excluyentes debiera valer.
Si como relata Domingo Catoira el club termina su «periodo de analisis» en el cual está inmerso y se decide a «arreglar» el desaguisado actual, el centrarse en la parcela defensiva le allanará el camino.
Estas nueve jornadas que restan para el fin de la competición, deberían servir para seguir viendo a la gente de nuestra cantera junto a aquellos que se consideren básicos para el futuro; y lógicamente, juntarles en el campo.
Más que de pruebas es tiempo de exigencia, de constatar quién quiere y puede dar el máximo y si con ello basta. Con el entrenador a la cabeza, claro.
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