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Esta madrugada ha fallecido Ángel Martín, vecino de la localidad zamorana de Tábara que resultó gravemente herido en los incendios registrados el pasado verano. La víctima, de 53 años, se vio atrapada por las llamas cuando trataba de hacer un cortafuegos con una excavadora para impedir el avance del fuego desatado en Losacio y sufrió quemaduras de gravedad en el 80% de su cuerpo.
Ángel Martín, dueño de una empresa de materiales de construcción en Tábara, llevaba ingresado desde el 18 de julio en el Hospital Río Hortega de Valladolid y con su muerte son ya cuatro las víctimas mortales de los incendios que devastaron parte de la provincia de Zamora arrasando más de 60.000 hectáreas durante los meses de julio y agosto.
«Ángel era un buen tío, bastante conocido en la zona, buena persona, le quería todo el mundo», recuerda Fernando, uno de los vecinos que trabaja en la hostelería local. «Siempre echaba una mano; a la gente que es mala no le pasan estas cosas porque suelen ser huraños que solo piensan en sí mismos y no habrían hecho lo que hizo él, jugarse la vida para intentar acotar el fuego». La víctima, casada y con una hija, tenía arraigo y amistades en Tábara, cuyos residentes no pueden eludir a diario en sus pensamientos la tragedia que han vivido el pasado verano. «De los incendios seguimos hablando todos los días», aduce Fernando, testigo de que «el daño moral sigue ahí; sufrimos al recordar todo lo que teníamos y ver que sales a los alrededores y no hay nada de nada, nos topamos con un paisaje marciano».
La jornada solidaria y de homenaje a Ángel Martín prevista para el próximo sábado, día 29 de octubre, en Manzanal del Barco, se ha suspendido tras su fallecimiento, según informa Ical. En Tábara, los vecinos tienen muy presente la catástrofe vivida y no olvidan las cuatro vidas que se ha llevado el fuego. «Ángel era muy buena persona, un vecino conocido y querido en la zona», recuerdan en el asador Las Cumbres.
Rubén Alonso es un albañil que trabaja en la comarca de Tábara y por su trabajo mantenía «una buena relación» con Ángel Martín. «Le compraba mucho material; era muy conocido en toda la zona y servía producto a muchos pueblos con su propio camión. Cada vez que ibas a su nave nunca ponía mala cara; era muy agradable y, junto a su mujer, siempre estaban estaban al pie del negocio». Cuentan algunos vecinos que hace unos días la esposa de Ángel había abierto el almacén de materiales de construcción, cerrado desde su ingreso en el hospital.
En la comarca no se olvidan las imágenes que muestran a Ángel Martín siendo engullido por las llamas junto a su excavadora y saliendo entre pastos ardiendo. «Sabíamos que lo tenía muy difícil, pero el desenlace fatal ha sido un jarro de agua fría para todos nosotros», cuenta Sara Rodríguez Martín, de la gestoría Frontaura. Desde su despacho en Tábara, solía cruzarse con Ángel tomando un café en el bar o a bordo de su seat Marbella negro «yendo de un lado a otro». «Era de esas personas que ayudan a los demás, dispuesto siempre a todo. Quería ampliar el almacén, era un hombre con iniciaciva y con ganas de ayudar al pueblo, un empresario más de Tábara que había luchado por instalarse aquí... así que no te terminas de creer lo que ha pasado».
Al igual que otros residentes en la comarca, no olvida que «gracias a él y a otras personas como él no se produjo una desgracia aún mayor en Tábara, porque el fuego estuvo muy cerca de la gente. Él bajó con la máquina hasta allí para cortar el fuego y que no se acercara al pueblo ni a la gasolinera». Tres meses después de aquel desastre Sara Rodríguez Martín sigue sintiendo la desolación cuando mira a su alrededor: «Esto no se olvida, porque vas por la carretera Nacional y han cambiado las señales, pero los árboles siguen quemados; y subes por la carretera de Riofrío y la calzada está quemada, las barandillas arrasadas... el paisaje es desolador; no es extraño que haya gente afectada por problemas de salud después de lo que se ha vivido aquí».
Las llamas y el humo de los incendios de Zamora acabaron con la vida del brigadista Daniel Gullón y del pastor Victoriano Antón durante las labores de extinción en Ferreras de Abajo y Escober de Tábara. Y en agosto fallecía el vecino de Senández de Tábara Eugenio Ratón, después de varias semanas ingresado en la Unidad de Quemados del Hospital de Getafe.
El incendio que arrasó la Sierra de la Culebra y otras zonas limítrofes ha sido uno de los más devastadores de los declarados en España desde que hay registros, y llegó a calcinar 31.500 hectáreas (14.760 de arbolado, 6.819 de paso, 4.955 de matorral y 385 de diversos tipos de superficie). El fuego provocado por los rayos de una tormenta se declaró el 17 de julio, no pudo ser extinguido hasta el 31 de agosto y obligó a evacuar una treintena de pueblos y a las seis mil personas que vivían en ellos, arrasando algunas viviendas y naves ganaderas.
Desde los sindicatos, partidos de la oposición en Castilla y León así como colectivos de brigadistas y personal de extinción arremetieron al principio del verano contra la Junta de Castilla y León por la tardanza en la apertura de la campaña de prevención de incendios, que no comenzó hasta el 1 de julio mientras en otras regiones se anticipó a mayo debido a la sequía y en los últimos años ya se había adelantado viendo los efectos del cambio climático. La falta de un operativo antiincendios que cuide y desbroce los montes durante todo el año. como se viene reclamando desde hace tiempo desde diversos ámbitos, fue también motivo de reproches a los responsables de la Administración regional.
El enfado ciudadano por la magnitud de la catástrofe y la falta de medios tuvo su máxima expresión durante la visita que el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernáncez Mañueco, hizo a la zona el 20 de julio. Un grupo de vecinos increparon a Mañueco y la caravana de coches oficiales en Villanueva de Valrojo, en la que también viajaba el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones y otras autoridades.
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