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Hace un año, el voluntariado que María Mercedes Zancajo hacía a través del Banco del Tiempo no tenía «nada que ver» con las tareas que desempeña ahora de forma solidaria. Antes, echaba una mano para pintar un baño o limpiar una vivienda. Ahora, se ha ... implicado en el reparto de víveres para las familias más necesitadas.
La crisis del coronavirus ha movilizado a un batallón de voluntarios del Banco del Tiempo, que suman manos estos días para colaborar con varias ONG como San Vicente de Paúl, que esta semana ha reforzado el reparto de alimentos para cerca de 300 familias sin recursos, 900 vallisoletanos que ya vivían una situación económica vulnerable, ahora agravada por el confinamiento domiciliario y la caída de la actividad laboral.
«Es verdad que han crecido un poco las necesidades y las demandas de ayuda. Se ha notado sobre todo esta semana, con un incremento del 15%, aproximadamente. Pero esta no es una situación nueva, la mayoría son beneficiarios habituales, personas que ya tenían dificultades económicas. El problema es que el coronavirus hará que muchas de estas situaciones se agraven y se prolonguen en el tiempo», asegura Sara Fernández, coordinadora de programas sociales en San Vicente de Paúl.
La covid-19, en datos
Desde este lunes, la ONG ha intensificado sus progamas de reparto de alimentos con más voluntarios –como María Mercedes–, más beneficiarios cada día (para concentrar el reparto en dos semanas, en lugar de todo el mes) y un refuerzo de las medidas de seguridad, a través del material obtenido durante las últimas semanas por diversas vías. El Ayuntamiento les ha provisto de guantes a través de la Federación de Vecinos («tuvimos que ir a recogerlos a Pilarica»). La iniciativa solidaria Con cinco deditos les suministró masacarillas reutilizables. La Fundación FabLab de la Universidad les aprovisionó de pantallas de acetato. Y este lunes, la Gerencia de Servicios Sociales les hizo entrega de doscientas mascarillas, guantes, geles y gafas de protección, para desempeñar su labor con las máximas medidas de seguridad, ya que esta es una entidad incluida en la red de protección de la Junta.
«Hemos adaptado el método de entrega, para evitar el contacto lo máximo posible», explica Fernández. Antes de la crisis sanitaria, los beneficiarios se tenían que acercar hasta la sede de la calle Santuario, para «hacer los trámites», presentar los documentos de los trabajadores sociales y obtener una tarjeta con los alimentos que, después, podían recoger, de lunes a jueves, en el almacén que la fundación tiene en la calle Pérez Galdós. Ahora se ha eliminado ese trámite previo (así se evitan más desplazamientos) y, de forma telefónica, se convoca a los usuarios para que acudan, un día concreto, a recoger los víveres.
«Durante todo este tiempo no se ha dejado a nadie sin atender», recuerda Fernández. Y eso que la declaración de alarma a mediados de marzo les complicó la labor. «Se citaa a las familias una vez al mes. Por eso, las de la primera quincena ya habían recibido sus alimentos. Pero había muchos a los que no se pudo repartir de forma habitual. Tuvimos que contactar por teléfono con todas esas familias que estaban pendientes para hacerles su entrega».
Ahora, han decidido concentar en dos semanas la distribución de todo el mes, para exponer menos a los voluntarios, con citas a partir de las 9:00 horas, en torno a 35 familias cada día, que guardan cola, manteniendo las distancias de seguridad.
Vídeos explicativos de la pandemia
Óscar Chamorro / Álex Sánchez
Óscar Chamorro / Álex Sánchez
Óscar Chamorro Álex Sánchez
Óscar Chamorro / Rodrigo Parrado
Javier Moratinos lleva seis años como colaborador. «Cuando comenzó el confinamiento tuvimos claro que no podíamos abandonar el reparto, dejar a tanta gente sin comer. Menos aún en unos momentos tan complicados», asegura. Sí que se ha suprimido de forma temporal el servicio de ropero, que recogía y repartía ropa entre las familias más necesitadas, al entender que no se podían garantizar las condiciones de seguridad y control, «ya que se podían donar prendas que hubieran estado en contacto con personas con coronavirus. Eso sí se puede aplazar, pero la comida, no», indica Moratinos. «El trabajo que hacen es extraordinario y algún voluntario ha estado expuesto al coronavirus hasta que se ha recuperado», dice María Mercedes, quien como colaboradora recién llegada descubre a diario la labor de San Vicente de Paúl.
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