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La foto que acompaña este artículo lo dice todo. Tres regidores unidos por «una institución»: Carmela Sanz Hernández. La instantánea fue tomada el 23 de ... junio de 2017 en el restaurante del Patio Herreriano. Después de medio siglo en la Casa Consistorial como secretaria titular de Alcaldía, los tres primeros ediles de la Democracia rendían homenaje a esta poderosa mujer al llegar la hora de su jubilación. Este pasado martes, dos de ellos, Óscar Puente y León de la Riva, cambiaban ese fraternal brindis de celebración por el pésame a su familia tras conocerse el fallecimiento, a los 75 años de edad y a causa de un agresivo cáncer, de una empleada pública «ejemplar», que durante su dilatada carrera se afanó en facilitar y organizar el día a día de nada menos que diez alcaldes. Todo un récord.
Empezó a trabajar en el Ayuntamiento el 1 de abril de 1967, con veinte primaveras. Se estrenó como asistente con Martín Santos Romero, regidor con el régimen del dictador entre 1965 y 1971. Explica Paloma Vallejo, procuradora del PP y exjefa de gabinete con León de la Riva, que ese puesto se convocó de urgencia, según les contaba la propia Carmela. «Iba a venir Franco a visitar Valladolid y el alcalde no tenía una secretaria, ¿quién iba a recibirle a él y a su mujer, Carmen Polo? ¡hacía falta una secretaria!». Y ella sacó la plaza.
Con Santos Romero comenzó a rodar profesionalmente diseñando la agenda diaria del máximo reponsable municipal, controlando el protocolo en los actos y pasando a la firma de la autoridad decretos y comunicaciones de la gestión diaria. Empezaba a curtirse como una mano derecha indispensable para cualquier cargo político, obligado a atender mil frentes. Siempre desde su mesa de la antesala del principal despacho de la Plaza Mayor. Siempre atenta a todos los flancos. Después le siguieron Antolín de Santiago y Juárez, Julio Hernández Díez, Francisco Fernández Santamaría, Manuel Vidal... Alcaldes y más alcaldes. Por delante de su mesa han desfilado los Reyes, todos los presidentes del Gobierno, ministros, embajadores, grandes empresarios... Cincuenta años de historia de España y de Valladolid.
Lo del servicio público le venía a Carmela de tradición familiar. Su padre, Fernando Sanz, fue también funcionario municipal, concretamente 'jefe de quintas', el departamento que organizaba a los chavales que se iban a incorporar al servicio militar, y responsable de la taquilla de la plaza de toros. Ella vio en el Ayuntamiento una oportunidad para desarrollarse profesionalmente, algo que consiguió con creces alargando incluso su retiro hasta los 70 años. Jaime, el mayor de sus tres hijos, destaca el compromiso de su madre con el Consistorio. «Se encontraba bien y muy a gusto con sus compañeros, no concebía que hubiese que dejar de trabajar al cumplir los 65», apunta.
De ella tiene mil recuerdos y todos buenos, pero rememora uno que refleja su dedicación: «Los dos éramos de poco dormir y nos levantábamos muy pronto siempre, porque a ella le gustaba estar en el despacho antes de que llegara el alcalde, eso era sagrado», señala entre lágrimas. Lo de los horarios tasados no iba con esta supersecretaria. Si había que alargar la jornada, se alargaba sin problema. Sin quejas y con esa sonrisa inteligente que revelaba un bagaje personal y laboral de muchos quilates en el que destacaba también su amor incondicional por la familia -era la mayor de seis hermanos y tenía tres nietos- y su gran afición a la lectura en los pocos ratos libres con los que contaba.
Subraya Elena López, la compañera que trabajó a su vera durante más de dos décadas, la entrega de Carmela. «Era mi 'alma mater' y un referente en todo el Ayuntamiento, no dejaba un cabo suelto, estaba pendiente de cada detalle y tenía pasión por su trabajo», comenta emocionada. Su muerte deja huérfana a la principal institución de la capital, de la que esta funcionaria era «una enciclopedia». «Yo le solía decir de broma que cuando llegó el Conde Ansúrez ella ya estaba en el despacho de Alcaldía», rememora con cariño León de la Riva. Con él estuvo veinte años. «Se sabía 'la Casa' de memoria, lo conocía todo y a todos», confirma el veterano expolítico.
Mujer de carácter, Carmela combinaba una energía laboral desbordante con la calidez en el trato. Pero, eso sí, siempre en su sitio. Óscar Puente desvela que en los tres años que compartió con ella jamás logró que le tuteara. «Era una fuerza de la naturaleza y siempre te ponía las cosas fáciles, sabía de qué pata cojeaba cada uno, pero por mucho que yo lo dijera que no me tratara de usted no había manera», asegura el socialista, que ha seguido manteniendo contacto con ella tras su jubilación y que califica su muerte como una gran pérdida para la institución que preside.
Paloma Vallejo la define como «entrañable e inspiradora». «Cuidaba cada detalle y para ella todo era prioritario, también el aspecto personal, que cuidaba al máximo. Estaba a la última en moda e iba como un pincel, a veces me suelo decir a mí misma: 'esto Carmela no lo permitiría' porque ella daba mucha importancia al saber estar y a la presencia». Discreta, pero apasionada, no toleraba la grosería ni la mala educación, que también las hay entre los grandes prebostes. «Cuando filtrabámos las visitas para la agenda del alcalde, en algunas ocasiones me decía 'a este o esta cógelos tú, que yo no puedo con ellos'», relata con simpatía la política del PP.
Carmela era hemeroteca viva, sentido común y eficacia absoluta. Este miércoles se ha celebrado su despedida en el cementerio de El Carmen. «El cariño que nos han trasladado a la familia desde que se conoció su muerte ha sido muy grande, me han dicho muchas veces que mi madre era una figura y es que, efectivamente lo ha sido», recalca el mayor de sus vástagos. Descanse en paz.
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