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Con 100 años ya cumplidos, Domingo Alonso Sevillano asegura estar «contento de haber superado el siglo de vida» y su próximo deseo es cumplir ... 103 años para «superar a un tío que falleció a los 102».
Su nacimiento, el 4 de agosto de 1921, se produjo en la localidad zamorana de Toro. Procedente de una familia humilde, Domingo fue a la escuela hasta cumplir los once años, cuando fue requerido por sus padres en el campo y tuvo que abandonar los estudios. «Iba al colegio de los escolapios y lo dejé para ir a llevar el botijo de agua a los campesinos y hacer la recolecta de la fruta», relata. Tres años después, con catorce recién cumplidos, comenzó a trabajar en una ferretería de Toro, pero el bajo salario le hizo abandonarlo porque sus aspiraciones «llegaban más lejos». Así, con 22 años decidió mudarse a Valladolid y comenzó a preparar unas oposiciones para auxiliar de secretario del Ayuntamiento, pero su ilusión fue frenada cuando le comunicaron que no había expectativas de que saliera ese puesto. «Dejé de estudiar y decidí recorrerme todas las ferreterías y negocios de la ciudad para encontrar trabajo», precisa Domingo. Con los informes de su anterior jefe bajo el brazo, comenzó su búsqueda de empleo en la capital.Su oportunidad laboral llegó tras la recomendación de un amigo para que acudiese al bazar Hijos de Moliner. «Me dijo que fuese antes de que alguien me quitara el puesto y eso hice, cogí los informes y me presenté allí dispuesto a conseguir el puesto», recuerda Domingo. Y así fue. Comenzó a trabajar en el bazar y tras siete años en el comercio le destinaron como viajero.
Con viajes que duraban «hasta tres meses» decidió plantarse y solicitar que le dejasen volver a casa una vez por semana. La razón para Domingo estaba más que justificada: estaba casado y deseaba estar más tiempo con su mujer y sus hijos. A Elisa la conoció en Valladolid «bailando en el Samoa» el 3 de agosto de 1946, un día antes de su cumpleaños. «Recuerdo que iba allí a bailar y a tomar algo. Cuando la conocí no paramos de hablar y estuvimos bailando hasta las tantas de la noche», recuerda nostálgico el centenario.
Apenas nueve meses después contrajeron matrimonio en la Iglesia de las Angustias de Valladolid y pronto tuvieron a su primer hijo, Miguel Ángel, en 1948. Tras él llegó María Belén en 1950, que falleció a los tres meses de vida. La menor de sus hijas, María del Carmen, nació en 1952. Con la vida «resuelta» y los viajes que debía realizar por su trabajo organizados para poder visitar a su familia semanalmente, Domingo vivió «años muy buenos». «Recuerdo que cuando volvía a casa era muy feliz, pero como iba a comisión, si no trabajaba no cobraba», precisa.
Las interminables horas en coche recorriendo las diferentes provincias de Castilla y León y «bajando incluso hasta Cáceres» finalizaron cuando cumplió los 65. Su jubilación llegó y comenzó a viajar con su mujer. «Fuimos a muchos lugares y uno de los mejores recuerdos que tengo es de un viaje a Mallorca, cuando en una cena comenzaron a tocar unos violinistas y eso fue precioso», relata.
Con cien años recién cumplidos, Domingo asegura que «no hay nada como proponerse algo para cumplirlo, pero también hay que estar contento». Su calidad de vida ha sido «decente, sin muchos altibajos», pero la pandemia ha mermado a este ya centenario anciano.
«Antes del virus yo hacía muchas cosas, pero ahora apenas salgo a dar un paseo», explica. Los lunes y miércoles acudía a clases de memoria a un centro de mayores y algunos lunes también tenía clase de informática. Los jueves por la tarde estaba apuntado a las charlas de Cruz Roja. «Eso sí, todos los días, por la mañana, quedaba con mis amigos para tomar vinos y luego, cuando el médico me dijo que ya no podía, tomaba café. Yo era el mayor de todos y estaba encantado», sostiene Domingo.
Ahora, su entretenimiento viene de dar paseos, pero «con cuidado porque ha tenido dos caídas últimamente y está dolorido», explica su hija María del Carmen. Su próxima meta, según afirma Domingo, es cumplir tres años más. «Estoy contento de haber llegado hasta aquí pero quiero cumplir los 103 para superar a un tío mío que falleció con 102 y creo que lo conseguiré», concluye.
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