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Como una mala coincidencia del destino, condenados a repetir una funesta efeméride, la repentina muerte de José María García no es la primera desgracia que deja rota a su numerosa familia.
El fallecimiento del encofrador vallisoletano de 54 años que este lunes perdía la vida tras quedar parcialmente sepultado por un deslizamiento de tierra en una obra de Arroyo de la Encomienda ha dejado, de nuevo, devastada a la familia del vecino de San Pedro de Latarce que había aprendido a convivir con la pérdida de un hermano.
Hace 30 años, también en el mes de agosto, aunque esta vez durante la medianoche del martes 18, en 1992, uno de los hermanos de José María, Carlos, fallecía de forma trágica a la edad de 23 años.
Asunción, Mercedes, Rosario, Sandra, Luis Miguel y Filiberto vuelven a sentir el dolor de la ausencia. Aquel martes, Carlos se dirigía a Urueña en su coche acompañado por otro vecino de San Pedro de Latarce, Pedro Abril, de 66 años. Ambos se dirigían a Urueña a coger unos pichones para luego celebrar una merienda en el bar de Filiberto y Rosario, los padres de Carlos. Iba a ser una cena de reunión, un ambiente relajado y familiar en El Fili, pero nunca regresaron.
Cuando estaban de vuelta, apenas a ocho kilómetros de San Pedro, la rueda delantera izquierda del Seat Málaga que conducía el joven Carlos se pinchó. Pararon el coche en el arcén y Pedro y él se bajaron del coche para cambiar la rueda. Ese fallo en el vehículo desencadenaría una tragedia aún mayor. Cuando ambos estaban en el arcén de la cuesta Almazán (el punto donde la carretera se convierte en autovía a la altura de Villardefrades. Un camionero que hacía su ruta no se percató de su presencia y se los llevó por delante, los dos murieron en el acto.
El conductor del trailer, Agustín Samohano, de 25 años y natural de Cantabria ni siquiera paró. Se dio a la fuga tras dejar sin vida a Pedro y Carlos en el arcén, aunque fue detenido apenas dos horas más tarde por la Guardia Civil cuando se encontraba ya en el municipio zamorano de Sitrama de Tera.
Aquellas dos muertes hace 30 años dejaron roto de dolor al pequeño municipio vallisoletano de San Pedro de Latarce que, desde este lunes, vuelve a revivir ese sentimiento de consternación y duelo, esta vez, por la pérdida de José María, cuyas cenizas descansarán desde mañana en el cementerio de la localidad.
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