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Silo de Tudela de Duero. Alberto Mingueza
Los palacios y rascacielos del cereal en Valladolid

Los palacios y rascacielos del cereal en Valladolid

Benjamín Redondo remata una investigación de 900 páginas sobre la herencia harinera de la provincia y la región, con fábricas, silos y molinos abandonados o resucitados gracias a nuevas iniciativas

Víctor Vela

Valladolid

Domingo, 7 de enero 2024, 00:02

Cada vez que Benjamín Redondo (Nava de la Asunción, Segovia, 1953) abría las ventanas o salía de casa para jugar en la calle, cada vez que desde allí miraba la fábrica de harinas de su localidad natal, veía en aquel edificio un palacio, una mansión imponente, «una fantasía total». «Castilla y León está sembrada de monumentos impresionantes, desde catedrales a castillos.

Y junto a ellos, están los palacios de los pueblos, que son los molinos (más de 400 en 141 pueblos de Valladolid) y las harineras». También los silos, convertidos en rascacielos de un paisaje horizontal. Y habría que sumar los pósitos o cillas, las aceñas (33 en Valladolid), los graneros... un inmenso patrimonio arquitectónico, industrial (cerealista) y social que durante los últimos meses Benjamín ha convertido en su pasión y objeto de estudio.

El segoviano ha recorrido de punta a cabo la comunidad para catalogar la huella harinera de Castilla y León, con sus 174 silos, sus 73 graneros. Ha hecho también labor de archivo y de biblioteca: con la lectura desde tesis doctorales a obras varias de Miguel Delibes. Ha tomado más de dos mil fotografías. Y el resultado es una minuciosa investigación (949 folios) que busca ahora quien la edite. «Yo pensé que sabía algo sobre este mundo y lo que me encontrado en el camino ha sido sorprendente».

El problema es que parte de este patrimonio ha caído en el olvido o sufre una grave degradación, después de que viviera etapas de gran esplendor. El trabajo de Benjamín Redondo ofrece una visión histórica sobre la importancia del cereal y su transformación harinera en la comunidad. Una tierra considerada durante siglos como el granero de España.

Silo de Medina de Rioseco. El Norte

«El cultivo de cereales abarca el 38,5 % de la superficie agraria útil de la región y aquí se recoge casi el 40% de la producción nacional», explica Redondo, quien evoca el pasado industrial harinero de Castilla. «Las fábricas de harinas –cita a Fernando García Castejón– fueron la punta de lanza de la industrialización castellano y leonesa. Y eso fijó una nueva clase social, la burguesía harinera», que convirtió sus fábricas casi en palacios, con el diseño de grandes arquitectos. En 1945 había 1.878 fábricas de harinas en toda España. En 1971 quedaron reducidas a la mitad.

La mayoría hoy se han reconvertido en otros negocios (hoteles, casas rurales, hasta museos) o están abandonadas. En Valladolid hubo en el sigloXIX 25 fábricas, que destinaban la mayor parte de su producción a Madrid y los puertos de Santander y Bilbao (y desde allí a América). En 2022, sobrevivían Harinas Castellanas, en Medina del Campo, y Harinas Emilio Esteban, en Renedo de Esgueva. Pero la herencia industrial está presente en la región con otros productos vinculados, como los pastos, los piensos, las fábricas de comida para peces, las galletas o incluso el chocolate (con un alto porcentaje de harinas en Castilla).

Silo de Villalón de Campos. El Norte

Hubo dos factores que influyeron especialmente en este auge harinero de Valladolid durante el siglo XIX. El primero fue el Canal de Castilla, que favoreció el transporte de materias primas y productos elaborados. En 1835, el ramal sur propició que las primeras embarcaciones llegaran a Valladolid. En 1849, con el ramal de Campos, los barcos atracaron también en Medina de Rioseco, lo que favoreció el transporte hacia el Cantábrico. El segundo empujón vino de la mano del ferrocarril.

Esto contribuyó a que ese patrimonio harinero sea (todavía hoy) relevante en la provincia. «Valladolid tiene de todo», dice Redondo, quien enumera varias de las curiosidades vallisoletanas que ha recogido en su trabajo. Por ejemplo, que Medina del Campo es «la única ciudad de la región con tres silos impresionantes». En 1953 se inauguró el primero, con capacidad para 3.700 toneladas. En 1972 se erigió el segundo, de 3.000 toneladas. Dos años después, le llegó el turno a un macrosilo de 20.000 toneladas.

También ensalza el patrimonio de Tordesillas, con seis aceñas, esos molinos harineros de agua situados en el cauce de un río. En el término municipal tordesillano se conservan las de La Peñal, del Puente, del Postigo, Osulga, Zofraguilla y Moraleja. En Pollos está la Aceña de Herreros. Y en Valladolid capital se encuentran las situadas junto al Puente Mayor, y de las que ya se tiene referencias en el año 1230. En sus inicios y durante siglos se usaron como molinos para el trigo. En 1875 –cuenta Redondo– perdieron su uso tradicional y estrenaron función: llevar el agua a las fuentes de la ciudad. Abandonadas en 1886, la asociación Amigos del Pisuerga defiende ahora su valor como testigo histórico de la capital.

Supermercado en el silo de Simancas. Alberto Mingueza

Hay más curiosidades. Como esa iglesia de Íscar convertida en fábrica de harinas. En 1842, hubo un decreto de supresión de parroquias que afectó a la de San Pedro. «Sin un uso concreto, Agustín Muñoz y Agripino Arquero compraron el edificio para convertirlo en fábrica de harinas, con la condición de que se mantuviera la torre con el reloj y la campana», recuerda Redondo. El problema es que poco después, en 1934, se declaró un aparatoso incendio que afectó a casi toda la fábrica. Sobre todo, a la torre, que tuvo que ser demolida.

¿Más curiosidades?En la provincia hubo tres castillos que durante el franquismo se convirtieron en silos: Torrelobatón, Montealegre de Campos y Encinas de Esgueva. En tierras vallisoletanas está una de las fábricas de harinas «más bonitas» de la región, junto a las de La Bañeza (hoy oficina de turismo) y Salamanca. Es la de Medina de Rioseco, la antigua fábrica San Antonio, que además es «el único ejemplo de arquitectura industrial del Canal de Castilla que mantiene íntegra su maquinaria original». Y en Tiedra se encuentra uno de los pósitos «más interesantes» de la comunidad, construido en piedra y madera.

Aquí se encuentra también el caso de La Perla, la antigua fábrica de harinas situada en el tercer salto del desagüe del Canal de Castilla al Pisuerga, en Valladolid capital. Entre los años 2009 y 2017 fue un hotel de cinco estrellas (Marqués de la Ensenada). Después de su aparatoso cierre, fue ocupado y convertido en La Molinera, un centro social y cultural autogestionado (desalojado en abril del año pasado). Ahora se apunta su futuro como centro hospitalario de salud mental. O el de la fábrica del Palero, hoy parte de la sede expositiva del Museo de la Ciencia.

Esta reconversión del patrimonio harinero ha permitido que se conserven varios inmuebles e infraestructuras. En Quintanilla de Onésimo, el antiguo molino es un hotel. En Olmos de Peñafiel, el viejo molino del siglo XVIII se ha transformado en un aula museo de la harina y la miel.

Silo de Peñafiel, con su nuevo uso comercial. Agapito Ojosnegros

En Peñafiel, uno de los silos es un supermercado que ha creado diez puestos de trabajo. En diciembre de 2020, la cooperativa Agropal adquirió esta estructura (que estaba en desuso y abandonada) al Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), dependiente del Ministerio de Agricultura. Después de las obras de rehabilitación y acondicionamiento (que respeta la arquitectura original del edificio industrial), el establecimiento abrió sus puertas en octubre de 2022, poniendo así en marcha un nuevo punto de venta cooperativo –el primero que Agropal abrió en la provincia– que apuesta por los productos de los agricultores, ganaderos, hortelanos y otros productores de alimentos de Castilla y León, incluida una amplia selección de vinos. Una operación similar llevó a cabo Agropal en 2022, con la compra del silo de Simancas, convertido también en una tienda de más de 1.700 metros cuadrados.

Antigua alhóndiga de Medina de Rioseco. Fernando Fradejas

En Medina de Rioseco se conserva en el corro del Asado la antigua panera o alhóndiga municipal, del siglo XVI, «donde se recogía el grano que servía de seguro para la siembra del año siguiente en caso de que la cosecha del presente fuera mala y no hubiera más que para comer, pero no para sembrar», según explica la historiadora local Tersa Casquete. De forma alargada y con grandes muros de cantería, el inmueble, asentado sobre los restos de la muralla medieval, presenta en el centro la entrada, con bella portada renacentista, en la que destacan los escudos de la villa a los lados y el de los almirantes de Castilla en el centro. El interior se divide en dos amplios espacios revestidos de cantería, con estrechos ventanales abocinados, donde se almacenaba el grano.

Más tarde, este edificio, de titularidad municipal, cumplió la función de orfanato, de ahí que en Rioseco se siga conociendo con el nombre de El Torno, el mismo que llevará el establecimiento que, tras la excelente restauración que le salvó de la ruina, por iniciativa privada, a inicio de la década los años 90, se dedicó a bar musical y discoteca, siendo un referente de este tipo de establecimiento en toda la región. Con distintos periodos y cambio de gestores, se cerró con la pandemia, con la posibilidad ahora de que acoja en un futuro próximo un proyecto relacionado con la hostelería.

Con información de Agapito Ojosnegros y Miguel G. Marbán

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