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«Yo en vez de cumplir, descumplo años», bromeaba Dolores Arribas, vecina de Peñafiel, hace un año, haciendo gala de un sentido del humor que, un año después, mantenía intacto, al igual que su lucidez, simpatía, humanidad y estado de salud.
Una salud envidiable para su avanzada edad, pues –como reconocía– solo necesitaba tomar una pastilla al día, un protector de gástrico.
Dolores Arribas, la vecina más longeva de Peñafiel, falleció el pasado jueves, 2 de junio, a los 107 años. Apenas dos meses después de su cumpleaños, que fue el 24 de marzo. Dolores tuvo siete hijos y vivía en su casa, al cuidado de su familia. Era una apasionada de la lectura y de programas de televisión que le ayudaran a agilizar la mente. También le gustaba la siesta y era una apasionada de la Ribera del Duero. Tomar un vasito de vino era otra de sus pasiones. La Denominación de Origen la rindió este viernes un homenaje en redes sociales. «Era una mujer única, un ejemplo de valentía, resiliencia, generosidad y altruismo. Dolores siempre será imagen del Espíritu Ribera».
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