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Dos años más de condena al profesor de Medina del Campo por corrupción de menoresTribunales ·
El TSJ establece que no condenar al tutor por el 'grooming' a través de los dispositivos tecnológicos es «desproteger» a todos los escolaresSecciones
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Dos años más de condena al profesor de Medina del Campo por corrupción de menoresTribunales ·
El TSJ establece que no condenar al tutor por el 'grooming' a través de los dispositivos tecnológicos es «desproteger» a todos los escolaresA los once años de cárcel impuestos a A. F., el profesor de Medina del Campo sentenciado por abusar sexualmente de un alumno de ... 10 años del colegio San Juan de la Cruz en el verano de 2020, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León acaba de sumarle otros dos años más a la pena al considerar que, además de los delitos de abuso y pornografía, el docente es autor de 'grooming' o corrupción de menores a través de dispositivos electrónicos.
El tribunal de apelación ha hecho suyos los argumentos de la Fiscalía y la acusación particular y corregido al alza la sentencia de la Audiencia de Valladolid, que absolvió al tutor del niño de ese delito de 'grooming' por entender que ambos se conocían antes de mantener contacto por videollamadas y mensajería electrónica, pues el procesado, profesor de música, dirigía el coro del colegio y realizaba excursiones con los alumnos en actividades extraescolares. En su fallo, la Sección Cuarta de la Audiencia de Valladolid responsabilizó al docente de un delito continuado de abuso sexual sobre menor de 16 años agravado por el prevalimiento de una relación de superioridad, así como de un delito de pornografía infantil, con utilización de un menor de 16 años. Pero el tribunal provincial le absolvió de un tercer delito que le atribuyeron las acusaciones, el de corrupción de menores o 'grooming'. La fiscal del caso y la acusación particular, en representación de los padres de la víctima, habían pedido en el juicio para el docente, que se declaró inocente, penas de 17 y 18 años de cárcel e indemnizaciones, en cada caso, de 10.000 y 45.000 euros.
El acusado, A. F., de 33 años, era profesor contratado en el centro escolar San Juan de la Cruz, de los Carmelitas Descalzos, de Medina del Campo desde el año 2011 y fue durante el curso escolar 2019-2020, en plena pandemia, cuando le tocó ser tutor de la víctima, de 10 años y alumno de 5º de Primaria. El alto tribunal entiende que su comportamiento hacia el menor de 16 años no solo incurre en los delitos de abuso sexual continuado y pornografía, sino también que el profesor es autor criminalmente responsable de un delito continuado de corrupción de menores del artículo 183 Ter.1 del Código Penal ('child grooming') porque «aunque ya conociera al menor personalmente por medios ajenos a los tecnológicos, se sirve posteriormente de los mismos para continuar los contactos y facilitarlos, logrando además sortear el control que los padres del menor pudieran tener sobre él que, lógico es pensar, se ve seriamente comprometido por la dificultad de hacerlo en ese marco de desarrollo tecnológico sobradamente conocido». Lo que importa, subraya el ponente, es «que el acusado utiliza esos medios para mantener el contacto y preparar o concertar el encuentro físico con el menor a fin de cometer los delitos contra la indemnidad sexual del mismo».
Por ello, el tribunal de apelación concluye que «entender lo contrario, supondría dejar desprotegidos a los menores, precisamente en el ámbito educativo, donde es evidente que los profesores y alumnos tienen ya previamente un conocimiento personal mutuo». Así que condena al profesor a dos años de prisión por este tercer delito, además de prohibirle que se aproxime al menor o su entorno a una distancia inferior a 500 metros por cinco años y comunicarse con él en ese tiempo. También se le impone trabajar en contacto con menores y personas con discapacidad y libertad vigilada por cinco años tras cumplir la pena de prisión.
Excepto en este punto de discrepancia el TSJ confirma en todo la sentencia de la Audiencia de Valladolid, que considera como hechos probados que durante el curso escolar 2019-2020, el denunciado procuraba quedarse a solas con el menor en las excursiones con el coro, «creando en el menor una dependencia emocional que reforzaba constantemente por vía de teléfono (llamadas y videoconferencias) y redes sociales (WhatsApp). La madre del menor fue la primera en percatarse del anómalo comportamiento del profesor hacia su hijo, pues le llamaba hasta tres veces al día y le insistía en mantener el contacto con él »para así iniciar una relación sentimental con él, hacerle creer que eran pareja y lograr los fines de carácter sexual que pretendía con el menor«.
Con el decreto del estado de alarma por la pandemia de coronavirus y la llegada del confinamiento, el docente intensificó los contactos personales con el menor a través de los dispositivos, a pesar de que el colegio proporcionó una plataforma digital para llevar a cabo las clases. Según el relato realizado por la víctima de los abusos, el acusado le instaba «continuamente a que borrara cualquier imagen que se hubieran enviado y cualquier conversación». En los numerosos contactos virtuales que se producían entre ambos hasta altas horas de la madrugada, el profesor convenció al menor para que se masturbaran juntos por videollamada. Hubo también intercambio de fotografías de partes íntimas y poses del menor desnudo.
Fue a finales de junio de 2020 cuando el chico pidió permiso a sus padres para acudir a una reunión con otros niños de su clase que iba a tener lugar en casa del profesor a modo de despedida de curso. El acusado, refiere la sentencia, le pidió al menor que acudiera antes y mantuvo con él un primer encuentro sexual en el dormitorio, antes de que llegaran los otros alumnos.
Por esas mismas fechas el acusado llegó a presentarse en el pueblo donde residen los abuelos paternos del menor y quedó allí con él a través del chat. El niño se montó en el vehículo y se alejaron a un lugar más discreto donde continuaron los tocamientos. La madre siguió observando los comportamientos extraños del profesor en su relación hacia su hijo y comenzó a revisar los dispositivos e incluso contactó telefónicamente con el acusado para expresar su descontento y exigiéndole que a partir de entonces solo se comunicara con su hijo a través de la plataforma del colegio, algo que el docente no aceptó. Llegó a decirle a la progenitora que «no podía desaparecer de la vida» de su hijo «así como así» porque «se lo había prometido». A. F. siguió intentando contactar con el niño mediante mensajes, cartas e incluso físicamente y no cesó en su empeño hasta que un día del mes de julio de 2020 el menor le contó todo a la pareja de su padre, también profesora, y se descubrió lo que estaba ocurriendo.
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El TSJ desestima las alegaciones presentadas por la defensa del acusado que pone en duda el testimonio del menor como prueba de cargo. Por el contrario, considera que el relato del niño «es creíble, espontáneo y sincero» y se corrobora «tanto en las declaraciones de la madre, el padre y la compañera sentimental de éste» como en «los hallazgos encontrados en los dispositivos del menor y del acusado y en el registro efectuado en el domicilio de éste». Contra esta sentencia cabe recurso de casación por infracción de ley y quebrantamiento de forma ante el Tribunal Supremo.
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