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Una mediana poco habitual de 19 metros de ancho permitió incluir al Pino Gordo de Santiago del Arroyo en el trazado de la Autovía de Pinares.

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Una mediana poco habitual de 19 metros de ancho permitió incluir al Pino Gordo de Santiago del Arroyo en el trazado de la Autovía de Pinares. Ramón Gómez

Un movimiento ciudadano salvó de la tala al pino solitario de la autovía que une Valladolid y Segovia

La recogida de firmas en Santiago del Arroyo surtió efecto y la Junta, con una Declaración de Impacto Ambiental, obligó a la concesionaria a mantener este árbol centenario en el trazado de la Autovía de Pinares

Berta Muñoz Castro

Domingo, 24 de febrero 2019

Si existe un hito en la autovía que une Valladolid con Segovia desde septiembre de 2008 ese es el Pino Gordo de la localidad vallisoletana de Santiago del Arroyo.

Este peculiar árbol tenía los días contados a principios de siglo cuando se comenzaron a dibujar las primeras pinceladas de un proyecto, el de la Autovía de Pinares, que ha conseguido conectar la capital del Pisuerga con la ciudad del Acueducto en menos de una hora.

Mantener este majestuoso ejemplar de pinus pinea «no entraba en los planes de la Administración regional», explica Ignacio Bustamante desde su casa de Santiago del Arroyo. Fue un movimiento ciudadano, impulsado por este profesor emérito del Inea (Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola) y otros vecinos, el que permitió salvar de la tala al Pino Gordo.

«Ha pasado mucho tiempo de aquello, cerca de veinte años. No recuerdo la fecha, pero me acuerdo perfectamente del día en el que un grupo de vecinos que regresaba del tradicional paseo hasta el Pino Gordo dio la voz de alarma: el árbol estaba marcado con una señal de color rojo y cortada la corteza, indicios claros de que lo iban a cortar porque la autovía pasaba justo por esa zona», relata Bustamante.

Al mismo ritmo que la noticia iba llegando a los domicilios de Santiago nacía en esta pedanía de San Miguel del Arroyo un movimiento social para salvaguardar al «emblemático pino». «Primero –asegura Ignacio Bustamante– hablamos con el ingeniero de la obra, que nos confirmó que el pino no tenía cabida en el proyecto de la autovía. Como nos dijo que él no tenía potestad para modificar el trazado, fuimos casa por casa recogiendo firmas que llevamos meses después, pancarta en mano, a la Junta de Castilla y León».

«La insistencia, las razones bien argumentadas y la unanimidad del pueblo fueron determinantes para lograr que la Junta blindara este singular pino vallisoletano»

ignacio bustamante

En la reunión con los responsables de Fomento, además de entregar las rúbricas de los vecinos, expusieron que solo era necesaria una ligera modificación del trazado para mantener el árbol «tan querido en el municipio». «La insistencia, las razones bien argumentadas y la unanimidad del pueblo» cree Ignacio Bustamante que fueron determinantes para lograr que la Junta blindara este singular pino vallisoletano, testigo mudo de trajín que se traen los cerca de 9.000 vehículos que transitan cada día por esta carretera.

La fórmula de Aupisa

La Consejería de Fomento y Medio Ambiente se puso manos a la obra y dictó el 31 de mayo de 2005 una Declaración de Impacto Ambiental que obligaba a la empresa que llevara a cabo el trazado desde Cuéllar hasta las inmediaciones de Valladolid a respetar el solitario árbol que descansaba en el margen izquierdo de la CL-601, a la salida de Santiago dirección Segovia.

Todos los licitadores se vieron obligados a incluir en sus proyectos soluciones para que el pino piñonero de 15 metros de altura siguiera sumando primaveras. Diez meses después, en marzo de 2006, se adjudicó el trazado al consorcio formado por Dragados Concesiones de Infraestructuras, Cyopsas Sisocia y Caja Duero. Las tres entidades –que después constituyeron la sociedad concesionaria Aupisa, Autovía de los Pinares S. A–, siguiendo las exigencias de administración, pusieron sobre el terreno la fórmula para incluir al pino en la trazado de una manera sencilla.

El planteamiento de los ingenieros fue desdoblar la carretera por la zona norte del Pino Gordo. Con este movimiento, la mediana se podía ampliar hasta los 19 metros –una medida excepcional– para que el árbol permaneciera en el medio de las dos vías –otra decisión sin precedentes– sin que su raíces ni su crecimiento se vieran afectados por la infraestructura. Y así se hizo.

Hoy, una década después de la inauguración completa de los 113 kilómetros de la Autovía de Pinares, este árbol sigue destacando entre los miles que jalonan la A-601. Aparentemente el pino no ha variado, pero el paso de los años se deja notar en su tronco y, sobre todo, en la copa. La forma de globo –característica en los ejemplares más jóvenes– se ha ido desdibujando para formar un enramado en forma de sombrilla, propio de pinos 'maduritos', de veinte metros de diámetro. Y es que el Pino Gordo, gracias a la iniciativa de los vecinos de Santiago del Arroyo, está muy cerca de cumplir dos siglos de vida.

La escultura está situada junto a la salida 20 de la A-601. B. M. C.

La obra olvidada de Álvarez Cuenllas

El Pino Gordo pasó de ser un elemento totalmente prescindible en el trazado de la A-601 a convertirse en la seña de identidad de la segunda autovía de titularidad autonómica tras la León-Burgos. Tanta importancia cobró, que la sociedad concesionaria Aupisa –Autovía de los Pinares S. A.– encargó al escultor leonés Carlos Álvarez Cuenllas una recreación del aislado árbol que sirvió al presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, para inaugurar el tramo de la Autovía de Pinares entre Valladolid y Cuéllar el 23 de julio de 2008. La escultura bautizada como 'Homenaje a la Tierra de Pinares' permanece hoy junto al Centro de Explotación y Conservación de la autovía, en la salida 20, en la zona norte de Portillo. A diferencia del Pino Gordo, que parece no haber notado el paso del tiempo, los cuatro metros y medio de acero corten y bronce han perdido el porte que lucía aquella mañana de verano. Hoy, la imponente escultura luce desangelada, entre hierbas secas, junto a la autovía.

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