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Afincados en Valladolid, más de un centenar de ciudadanos rusos sufren lejos de casa la guerra. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en ... la provincia estaban censadas a fecha de 1 de enero de este año 144 personas procedentes de los lejanos Urales (102 mujeres y 42 hombres).
En la capital vallisoletana residen en la actualidad ochenta rusos. Entre ellos, Valentina, que llegó «por amor» procedente de Siberia, y Dimitri, que eligió la ciudad por su «calidad» de vida, comparten sus opiniones e inquietudes sobre la invasión rusa de Ucrania.
Valentina Menshchikova
Valentina Menshchikova, llegó a Valladolid tras enamorarse de un hombre natural de la capital, a través de Internet. Corría el año 2010 y un par de años más tarde abrió su negocio, una cabina de belleza y cuidado personal en la zona sur de la capital. Relata que está sola, porque su familia vive en Rusia, concretamente en Siberia. «No puedo decir que bien, porque nadie puede estar bien en estos momentos, pero ahí están».
Sobre la guerra se declara prorrusa aunque expone que «no soy agresora, mi padre que vive allí y cobra una pensión de 50 euros después de toda una vida de trabajo duro, tampoco es un agresor. Mis dos hermanos militares que están obligados a cumplir órdenes tampoco son agresores». Sus amigos que «se están jugando la libertad y la vida por protestar contra la guerra» tampoco lo son. Menshchikova asegura que aunque «Putin y su camarilla están haciendo esta guerra en nuestro nombre, no la van a hacer en mi nombre».
Por suerte, a sus hermanos no los han movilizado porque están mandando a «la carne de cañón. Críos de 18 y 19 años, sin ningún tipo de preparación», aunque añade que «uno es piloto de helicóptero de batalla y el otro de las fuerzas especiales. De momento están en casa, espero que no les movilicen, pero si les toca están obligados a cumplirlo».
Acerca de si volvería a su tierra natal, Valentina dice que aunque la tiran las raíces, «hace dos meses te podría asegurar que sí, pero ahora, ya no».
Dimitri S.
Actualmente en paro, pero de profesión empleado del sector logístico, y tras haber viajado «mucho», Dimitri S. (prefiere no facilitar su apellido) eligió Valladolid por «calidad de vida, educación y derechos humanos... y por el clima». También porque al tratarse de un municipio con una tasa relativamente baja de población extranjera, la burocracia para conseguir «los papeles» es fluida en comparación con ciudades costeras como Barcelona o Valencia.Una vez aquí hizo un máster en Logística que le ayudó a coger fluidez con el castellano. Dimitri estaba acostumbrado al español de su profesora rusa en su ciudad natal próxima a la frontera con China, pero ya en la universidad y durante sus primeras clases, recuerda que se sintió «como un árbol». No vino solo, está aquí con su mujer y su hijo de tres años. Sus padres viven en Rusia, ambos son nacidos en la Ucrania soviética. «Yo también en mi juventud estaba mucho en Ucrania. Mi familia está en ese país ahora, por lo que no puedo estar callado y decir que no pasa nada». De hecho, Dimitri, evita el tema con sus amigos de toda la vida y cuando hablan del conflicto usan Telegram, «por miedo a posibles escuchas». Al hablar de la guerra indica que «no puedo apoyar todas estas cosas que pasan en mi país de nacimiento. A veces me da cosa decir que soy ruso porque no se cómo va a reaccionar la gente». Por eso afirma que para él «es una situación muy dramática» e intenta «ayudar a la gente de Ucrania».
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