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Una fiesta reúne a decenas de personas para celebrar el fin del ayuno del ramadánCada día, desde el pasado 11 de marzo y hasta el 10 de abril, cientos de vallisoletanos reciben a la oscuridad con un dátil y ... un vaso de agua. Llevan horas sin comer, sin ingerir siquiera un poquito de líquido. Han atravesado sin alimento una jornada de ayuno que termina ahora, cuando el día empieza a declinar. A partir de este momento en el que la luz natural se esconde y la noche comienza su reinado, la comunidad musulmana de Valladolid (cerca de 7.800 personas) se entrega al iftar, la comida de celebración con la que rompen el ayuno del ramadán.
El ambiente festivo del final del ayuno se ha trasladado este sábado hasta la sede de Red Íncola, en la calle Olmo. Allí, un grupo de musulmanes han enseñado a otros vecinos de Valladolid cómo es ese instante en el que, después de muchas horas, pueden volver a comer.
«Hay muchos mitos y confusión en torno al ramadán», asegura Guizlane Darkaoui, mediadora comunitaria de Red Íncola. Allí, en la entidad, recibe a personas que han tenido que lidiar en Valladolid con la incomprensión de sus jefes, de sus compañeros de trabajo o en el colegio al que acuden los niños. «En algunos casos, hemos tenido que hacer alguna llamada para aclarar cuestiones, sobre todo si el jefe es receptivo y te quiere escuchar… y también estamos pensando en hacer campañas informativas en los colegios», explica Darkaoui.
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Uno de esos encuentros para explicar en qué consiste en ramadán ha tenido lugar este sábado, con la proyección de vídeos y la posterior cena de ruptura del ayuno, con la que se invita a compartir plato a personas que no profesan la religión musulmana. «La idea es que se comprenda, sin malentendidos ni mitos, lo que supone para nosotros el ayuno en el ramadán», cuenta Darkaoui.
Porque confusiones, dicen, se han dado en Valladolid. «No son problemas muy graves, pero sí que denotan esa falta de respeto que viene del desconocimiento», comentan. Por ejemplo, los compañeros de trabajo (en la agricultura o la construcción) que sacan el bocadillo del almuerzo y hacen comentarios innecesarios dirigidos a quien cumple el ayuno: «Qué buena está la comida hoy», «qué rica me está sabiendo». O el jefe que, sobre todo en hostelería, no deja cinco minutos libres al trabajador que tiene que comer algo después de tantas horas de ayuno. O quienes, en el patio del recreo y el comedor escolar, incitan a los niños musulmanes a comer. «Hay niñas que son más directas y que saben explicar mejor por qué no comen, pero otras tal vez están un poco más indefensas», dice Darkaoui, quien reconoce, eso sí, que desde hace años hay más respeto por parte de profesores y directores, conocedores de esta realidad cada vez más habitual en Valladolid. En Infantil y la mayor parte de Primaria no hay que tomar medidas especiales, ya que el ramadán no se sigue por los más pequeños. No hay una edad establecida para empezar a cumplirlo y se suele vincular con la menstruación, en el caso de las niñas, y una edad similar en los niños. Por eso, en ocasiones, se empieza a cumplir en los últimos cursos de Primaria.
El ramadán se corresponde con el noveno mes del calendario islámico, una guía temporal que se rige por la luna y que, por lo tanto, no coincide con el calendario gregoriano. «Es el cuarto de los cinco pilares del islam, junto con la profesión de fe, la oración, la limosna o la peregrinación a La Meca. No se trata solo de dejar de comer. Es un acto vinculado con la purificación del alma, con la idea de ser más generosos, de empatizar con las personas que no tienen comida, que sufren la falta de alimentos», indican durante este encuentro interreligioso, en el que hay versos, canciones y un taller de henna. Esta es la tercera vez que se organiza en Valladolid una actividad de este tipo, una cena comunitaria con comida preparada por familias musulmanas. «Romper con el ayuno no significa atiborrarse a comida. De hecho, lo normal es comenzar con un dátil (que proporciona glucosa) y un poco de agua», cuentan. Después, hay que hidratarse con mucha agua y se suele recurrir a los huevos como fuente de proteína. Y también la harira, una sopa con fideos, garbanzos o lentejas.
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