
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No es que el Esgueva sea un río especialmente caudaloso, aunque en ocasiones saque músculo, pero la estampa que ofrece estos días el afluente urbano del Pisuerga no es demasiado alentar con un caudal prácticamente seco, que arrastra una cantidad ínfima de agua, con 0,03 metros cúbicos por segundo (su volumen medio es de 1,9) y una laminilla de apenas un centímetro que ha sacado a relucir en muchos puntos de su cauce los lodos del fondo, sobre los que caminan, y es literal, los patos estos días salvo en una pequeña balsa de agua que les permita nadar. La sequía preocupa, y mucho, en especial, en un año que arrastra un déficit de precipitaciones del 34,7% en Valladolid y que suma estos días su segunda ola de calor, y la más virulenta, con el mercurio rondando unos inusuales 40 grados en la capital y sin precipitaciones a la vista.
La ola de calor continúa su escalada y en la jornada del miércoles se espera que puedan superarse por vez primera los 40 grados (algo que no ocurría desde 1995) en la capital, donde se ha activado el aviso naranja por altas temperaturas. El mercurio ya superó este martes los 39 grados y lo peor de este episodio extremo, que aún durará hasta los primeros días de la semana que viene, se espera de aquí al fin de semana. De ser así se alcanzarán picos inédito en esta ciudad.
La imagen del cauce casi seco del Esgueva, que en la jornada del lunes llegó a tener el agua literalmente varada (el nivel fue nulo ese día) y que alcanzó un mínimo histórico de 0,02 metros cúbicos por segundo, se suma al de una desembocadura en la que resulta casi imposible detenerse a mirar el hilillo que case por sus escalones de hormigón camino de un Pisuerga que tampoco afronta sus mejores momentos. El principal río urbano, cuyo caudal medio es de 61 metros cúbicos por segundo, arrastraba este martes tan solo 12,8 después de marcar unos días antes su mínimo del año hidrológico, y de los últimos tiempos, con tan solo 7,4 metros cúbicos. La escasez de agua se traduce en un color de su lámina que tira a tonos claramente marrones y que presumiblemente ha provocado que este año se haya prohibido el baño en la playa de Las Moreras, que luce el cartel de agua no apta para el baño.
La situación del otro gran río de la provincia, el Duero, que también baña la capital en Puente Duero, no es mucho mejor y este martes arrastraba un caudal de tan solo 5,05 metros cúbicos por segundo.
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