1856: la llegada del ferrocarril
165 aniversario de El Norte de Castilla ·
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165 aniversario de El Norte de Castilla ·
En agosto de 1856 el anuncio de la llegada del ferrocarril, concesión otorgada a una sociedad francesa, fue vivido con inusitada alegría en ValladolidEra el 'hércules de la civilización', el 'caballo de hierro' que concitaba las esperanzas de las grandes fortunas de la ciudad, el símbolo del progreso y el artífice de la gran revolución de las comunicaciones decimonónicas. Por eso el diario El Norte de Castilla lo saludó con efusión desde un primer momento.
El ferrocarril dejaba de ser un deseo largamente anhelado para convertirse en una realidad cada vez más cercana. El 23 de agosto de 1856, el decano aseguraba que «la Sociedad del Crédito Moviliario», al ofrecer «todo su apoyo al Gobierno de su Majestad», daría gran impulso a todas las obras contratadas, con lo que «muy pronto debe verificarse la subasta para la sección del Ferrocarril desde Madrid a Valladolid».
En efecto, una vez malogrado el proyecto ferroviario Alar-Santander, todos los ojos estaban puestos en la línea Madrid-Irún, pues implicaba directamente a la ciudad. En ella cifraban las 'fuerzas vivas' el anhelado proyecto de convertir Valladolid en el centro neurálgico de los negocios, paso obligado de mercancías y centro redistribuidor de las mismas.
Porque la línea ferroviaria desde la capital hasta Irún se proyectó como el tronco del que partirían los diversos ramales llamados a drenar el tráfico comercial del oeste, noroeste y de la región cantábrica. Anunciada en 1852 la concesión relativa al paso por Valladolid, tres años después, a instancias de la Ley General de Ferrocarriles del 3 de junio, ya se contemplaba la sección segunda (Valladolid-Burgos) de la línea Madrid-Irún y su subasta. Esta tuvo lugar al año siguiente, el 20 de febrero de 1856, recayendo la concesión en la citada sociedad de origen francés, Crédit Mobilier.
El hecho de convertir la ciudad del Pisuerga en el centro neurálgico de la Madrid-Irún obedecía a circunstancias eminentemente ventajosas, como eran la excelente localización geográfica, las relaciones comerciales con los puertos de Galicia, Asturias, Santander y Bilbao, y la consolidación de la ciudad como centro redistribuidor del carbón procedente de Barruelo.
Para una más eficaz gestión y explotación de sus intereses ferroviarios, la sociedad francesa pondría en marcha, en 1858, la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, familiarmente conocida como Norte. También centralizaría en esta capital todos los servicios de la red, los Almacenes Generales y los Talleres Centrales de Reparación de Material rodante, erigidos en 1861 y convertidos en pieza clave tanto para la compañía como para la fisonomía social de la ciudad.
Especial 165 aniversario
El anuncio de la llegada del ferrocarril a Valladolid fue enseguida motivo de festejo y afirmación patriótica. Las celebraciones partieron de la iniciativa edilicia y comenzaron nada más tener noticia, en febrero de 1856, de la adjudicación de la línea Madrid-Irún a la francesa Sociedad Crédit Mobilier: el día 24 se corrieron tres novillos embolados y enmaromados, se dispararon cohetes, se iluminó la ciudad a las ocho de la noche, la Banda Nacional de Infantería tocó unas piezas de música y a los comisionados se les ofreció una serenata a su regreso de Madrid.
El 14 de marzo, la Corporación acordaba dar el nombre de «calle de 20 de Febrero» a la vía que, formada por los terrenos cedidos gratuitamente por José León y Compañía, se extendía «por Oriente a la de Doña María de Molina y por Occidente a la Ronda de San Lorenzo». Mayor impacto tuvo el acto solemne de inauguración de las obras, verificado el 26 de abril en el lugar denominado «Puente encarnado», con la asistencia del mismo Espartero.
En el acto, el duque de la Victoria removió las primeras tierras para llevar a cabo la construcción de la «Alcantarilla, número primero, del trazado de la vía» y, a decir de las actas del Ayuntamiento y del testimonio de los contemporáneos, todo se hizo «en medio de las demostraciones más extraordinarias de público contento y entusiasmo en que rebosaba la inmensa concurrencia que llenaba el espacio», entregándose la población «a verdaderos trasportes (sic) de alegría».
El diario puso de relieve los «inmensos beneficios» de la línea férrea del Norte durante todo el proceso de construcción de esta infraestructura, como acredita la portada del 24 de agosto de 1858.
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Mikel Labastida y Leticia Aróstegui (diseño)
Óscar Beltrán de Otálora y Gonzalo de las Heras
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