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Restos del castillo de Canillas de Esgueva a principios del siglo XX. ARCHIVO MUNICIPAL
Dos puñaladas al alcalde y cuatro al concejal

Dos puñaladas al alcalde y cuatro al concejal

Santos Muñoz reaccionó con brutalidad cuando el regidor de Canillas le ordenó dejar libre el asiento reservado a las mujeres en una representación teatral en marzo de 1902

Martes, 9 de junio 2020, 08:36

Los vecinos de Canillas de Esgueva llevaban días esperando aquel ansiado momento. Era 25 de marzo de 1902 y, como les había prometido el alcalde, esa misma tarde habilitaría su panera para que los artistas ambulantes de la compañía 'La paciencia de Job' pudiesen representar su función teatral. Francisco Hortelano Molinos, agricultor de profesión y regidor del pueblo, que por entonces sumaba más de 500 vecinos y 294 hogares, no podía estar más satisfecho.

Eran las ocho y cuarto de la tarde y su panera estaba totalmente llena. Apenas quedaban libres unos cuantos asientos en la parte delantera, reservados a las señoras del pueblo. Faltaban diez minutos para el comienzo de la obra cuando entraron los hermanos Muñoz, Santos y Tiburcio. El primero, apodado «Pirria», llevaba la voz cantante. Ordenó a Tiburcio, más conocido como «Andaluz», dirigirse a las filas delanteras y ocupar los asientos vacíos. Nada más verlos, Santos Hortelano, hermano del alcalde y concejal del Ayuntamiento, se apresuró a amonestarles.

Con buenas maneras les informó de que dichos lugares estaban reservados a las señoras del pueblo, y les conminó a levantarse. «Nosotros nos sentamos donde queremos», contestó Santos. Como Rufino insistiese sin suerte, el regidor decidió entrar en acción. Sin dudar un instante se dirigió hacia ellos, les obligó a levantarse y se apresuró a sacarles de la sala. «Vamos al Ayuntamiento y os quedáis ahí», les ordenó. Se dirigían los cuatro hacia la Casa Consistorial cuando, antes de que Francisco abriese la puerta, Santos se abalanzó hacia él. Sacó una navaja del bolsillo y le asestó dos puñaladas: «una en la tetilla izquierda y otra en el vientre», informaba El Norte de Castilla.

Iglesia de San Miguel de Canillas de Esgueva. FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ

Cuando Rufino se percató del brutal ataque, denunció a gritos lo que sucedía y pidió auxilio con desesperación. Trató de reaccionar pero no se dio cuenta de que sus piernas se habían quedado enrolladas en la capa de su hermano. Dio un traspié y cayó al suelo, circunstancia fatal que, según el periodista, aprovechó Tiburcio para asestarle cuatro puñaladas por la espalda. Faustino, otro hermano de las víctimas, se libró de la agresión metiéndose en casa de un amigo.

Herido grave

Los hermanos Muñoz huyeron a la carrera del lugar mientras varios vecinos acudían rápidamente a la Casa Consistorial para auxiliar a los heridos: al alcalde lo condujeron hasta la casa de su cuñado, Rafael de la Fuente, y a Santos a la de su primo, Victoriano Martín. «Las heridas del alcalde son de gravedad. En el primer momento recibió la confesión, pero el médico, encontrándole un poco tranquilo, ordenó no se le administrasen los demás sacramentos», informaba este periódico. El alcalde, de 44 años, estaba casado y tenía seis hijos.

Horas después llegaba la Guardia Civil para llevarse presos a los Muñoz y encerrarles en la cárcel de Valoria la Buena. El juez de instrucción, Luis Lebrero Martín, abrió las diligencias oportunas. Pocos días después, este periódico informaba de la recuperación de los Hortelano gracias a la labor del médico de Canillas, Ramón Caballero, y de su colega de Encinas de Esgueva, Isidoro de la Torre. También se notificó la puesta en libertad de Tiburcio, pues, según el magistrado, Santos era el único inculpado: «El alcalde acusó al Pirria y el don Rufino, como se enredó en la capa de su hermano y cayó al suelo, no pudo precisar quién le hirió».

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