
Secciones
Servicios
Destacamos
Comienza la calle en la plaza de los Arces, y en la pared de ladrillo del edificio colindante con el número 1 de la plaza, aún se ve la antigua placa de calle de las Damas, nombre que tenía al menos desde el siglo XVI, hasta que en diciembre de 1901 el Ayuntamiento la rebautizó como Leopoldo Cano, en reconocimiento de quien en vida alcanzó el éxito como escritor y dramaturgo pasando incluso a formar parte de la Real Academia Española en 1910. Pero lo que le aseguraba realmente el sustento fue el empleo de militar, en el que llegó a lucir las estrellas de general de División.
En aquella calle de las Damas vivió un aya de Zorrilla que el poeta visitaba cuando recalaba en Valladolid.
De Leopoldo Cano, que conserva varios edificios del siglo XIX, sale la calle Felipe II, cuya anchura y trazado fue fruto del famoso plan Cort de 1938 no llevado a cabo, por el cual la carretera de Burgos –que entraba en la ciudad por Santa Clara– debería llegar hasta la Plaza Mayor quitando de en medio la iglesia de la Cruz. En la calle termina Rúa Oscura, y de Leopoldo Cano parte San Juan de Dios, por detrás del Calderón.
El gran salón del Teatro Calderón de la Barca al que se accede por el lateral de la calle Leopoldo Cano, ha tenido los más variopintos y curiosos usos, en los que sin entrar en el detalle de cada uno, su destino primigenio fue para servicio a los aficionados al teatro, quizá ya un café; a finales de la década de 1890 se reestructuró y se embelleció con pinturas que representaban escenas de obras de Calderón, y se abrió al público como gran café, que comenzó a frecuentar la élite vallisoletana.
En 1938 lo incautó el Estado Mayor de la VII Región Militar para instalar un taller de recuperación de material de guerra y habilitar dormitorios para las tropas legionarias que desde Alemania e Italia vinieron a apoyar al ejército de Franco. Hacia 1940 la empresa que explotaba el teatro lo reabrió como salón destinado a baile y fiestas; ya en tiempos de Seminci, se dedicó a oficinas; luego, se reconvirtió en sala de exposiciones tras la reforma del Calderón en 1999; y en la actualidad es el 'Espacio Seminci': una sala de presentaciones y proyecciones audiovisuales.
En el número 20 de la calle estuvo hasta el curso 2023-24 la Escuela de Arte de Valladolid, ahora en la calle Mirabel, en el barrio de la Rondilla. La Escuela (antes llamada de Artes y Oficios artísticos) recaló en Leopoldo Cano en 1939, procedente de la hospedería del Colegio de Santa Cruz. Ocupó varias casas que fueron derribadas para en 1961 lucir un edificio nuevo que es el que ahora ha quedado vacío.
La calle ha conocido las más variadas actividades, por ejemplo, la Cartuja de Nuestra Señora de Aniago –en Villanueva de Duero–, aquí tuvo unas grandes bodegas para guardar vino; la Asamblea Provincial de la Cruz Roja tenía su sede en la postguerra; y en esta calle estaba la sede de la sociedad masónica Conciencia Libre.
Hay dos establecimientos que mantienen el tipo en un mundo tan volátil como es el de la hostelería: la taberna Antiguo Merino, y frente a ella, aunque su puerta da a la calle Felipe II, está el Patton, bar inglés –tal como figura en la licencia de obra de 1977–.
La tienda de antigüedades y restauración de muebles Todarte, muestra en sus escaparates e interior un mundo inmutable que nos transporta a tiempos ajenos a la cultura del usar y tirar.
Mas, si hay un protagonista de la calle son, sin duda, los cines Casablanca. Una muestra de supervivencia en medio del hundimiento de los cines clásicos asediados por las plataformas digitales que meten al espectador en casa y a mano el número de teléfono de la pizzería.
Los Casablanca, desde marzo de 2022 regentados por el director y productor vallisoletano Arturo Dueñas, tienen su precedente en los minicines Groucho abiertos por José María Álvarez García en 1984 en la calle Cadenas de San Gregorio, y que en marzo de 1987 puso en marcha los Casablanca primero en la calle Platerías y, desde 2002 en Leopoldo Cano. Cerraron en 2020 tras el fallecimiento de José María Álvarez, hasta que los reabrió Dueñas. Lo que mantiene a Casablanca, tal como relata su gerente, es la proyección de películas, contenidos y formatos europeos y alternativos alejados de lo que se proyecta en las salas más comerciales, así como un contacto directo con los aficionados al cine.
En octubre de 1924, con motivo de su ochenta cumpleaños, el Ateneo de Valladolid rindió un homenaje a Leopoldo Cano y Masas colocando una placa al final de la calle en uno de los pilares del Calderón. La inscripción recuerda que el teatro se construyó sobre el solar del antiguo palacio del Almirante, en el que Leopoldo Cano nació en 1844. Falleció en Madrid en mayo de 1934.
Publicidad
Almudena Santos y Lidia Carvajal
Juan J. López | Valladolid y Pedro Resina | Valladolid
Rocío Mendoza | Madrid, Álex Sánchez y Sara I. Belled
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.