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Valladolid
Viernes, 17 de abril 2020, 13:11
Ni en el «peor de los sueños» Delphine Gabillet, natural de la región francesa de Bretaña pero residente desde hace más de dos décadas en Pedrajas de San Esteban, donde se casó, imaginó que una pandemia iba a impedir la primera comunión de su hija Alba. Y es que desde el mismo día en el que la parroquia fijó el 23 de mayo como fecha para celebrar las comuniones, comenzaron a planificar el evento. Lo primero que hicieron fue avisar su familia residente en Francia para que ajustaran su calendario. Lo consiguieron.
Pero ahora, el anuncio de la Diócesis vallisoletana de suspender las comuniones de mayo y junio como consecuencia de la crisis sanitaria por la covid-19 ha frustrado sus planes. Gabillet desconoce si su hermana, que adelantó las vacaciones de verano para acudir a la celebración, podrá asistir. «Mis padres en principio no lo tienen muy mal, pero mis abuelas son un poco mayores y nunca se sabe lo que puede pasar y mi hermana trabaja en un hospital; ya planificó en noviembre sus vacaciones par poder venir», lamenta.
El 31 de mayo era un día marcado en el calendario de la familia Delgado Alonso. La pequeña Adriana tomaría la primera comunión en la iglesia de San Miguel de la capital vallisoletana, pero el coronavirus ha obligado a retrasar sus intenciones. Tienen todos los preparativos «en proyecto» y no saben cuándo podrán retomarlos. Su madre, Ana Alonso, estaba confeccionando el vestido, pero no puede terminarle porque se ha quedado sin materiales. No puede ir a comprar el hilo y las puntillas que necesita. «Me hacía ilusión hacérselo yo. Tengo el cuerpo y la falda montados, pero no puedo seguir. El color de hilo que necesito no lo encuentro en internet y el tul que había encargado no puedo ir a recogerlo», afirma la progenitora.
Las invitaciones y los detalles también han quedado pospuestos. No tiene las fotos y las papelerías están cerradas. «Daba por hecho que entre marzo y abril me iba a dar tiempo a terminarlo;la comunión será más adelante, pero está claro que al hacerla a destiempo perderá un poco el encanto», lamenta.
Otra de las niñas que ha visto frustrado su «gran día» es Iria, vecina de La Seca. Su vestido está en la tienda y los invitados, avisados y a la espera de una nueva fecha. «Pensaba dar de recuerdo una fotografía de la niña pero ahora lo hemos cancelado», afirma su madre, Verónica González.
Las de Alba, Adriana e Iria son solo tres de las 3.200 comuniones que la Diócesis de Valladolid prevé que iban a celebrarse estos meses en la provincia, una cifra que se ha mantenido «constante» en los últimos años, según apuntan fuentes del Arzobispado. Ahora, la intención que tienen, según comunicaron en un escrito el cardenal obispo, Ricardo Blázquez, y el obispo auxiliar, Luis Argüello, es que estas celebraciones puedan tener lugar a partir del mes de septiembre, aunque todo dependerá de las «indicaciones concretas de las autoridades sanitarias gubernativas». Sin embargo, la Iglesia prevé excepciones. En aquellos casos en los que el número de primeros comulgantes sea «muy reducido», y siempre y cuando las circunstancias lo permitan, esta celebración podrá tener lugar durante julio y agosto.
Información elaborada con textos de Patricia González, Laura Negro.y Cruz Catalina
n soplo de aire fresco que les invita a mirar al futuro con «un poco más de optimismo». La hostelería de la provincia, a través de la presidenta de la Asociación Provincial de Empresarios de la Hostelería de Valladolid (Apehva), María José Hernández, aplaude la decisión de la Diócesis vallisoletana de suspender las comuniones en los meses de mayo y junio y prever que éstas podrán celebrarse a partir de septiembre. «Para la hostelería es una buena noticia; sabemos que en mayo no vamos a poder abrir y aunque ahora mismo todo está en el aire, si las posponen y pueden celebrarse para nosotros sería un balón de oxígeno», sostiene, al tiempo que incide en que, en caso de anularse «definitivamente», para el sector sería un «caos», una situación de la que sería «complicado» recuperarse.
A pesar de ello, Hernández reconoce que «lo más probable» –aunque reitera que son «hipótesis», que desconocen la versión oficial– es que, tras la crisis sanitaria, los establecimientos tengan que reducir el aforo, por lo que en este caso los banquetes serían «más pequeños». «No es lo mismo dar treinta comuniones con una media de cien personas que dar las mismas comidas con muchos menos comensales, pero estamos a la espera de lo que nos diga Sanidad», continúa.
Otro aspecto a tener en cuenta es la «situación particular de cada uno», pues a todo lo anterior cabe añadir que los empresarios, «con menos comidas», tienen «entre 30 y 60 empleados» que deberán mantener con garantía de seis meses –por lo que en septiembre aún estarían– porque han planteado un ERTE.
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