Secciones
Servicios
Destacamos
javier peñalba y j. s.
Viernes, 24 de febrero 2017, 11:02
Su trabajo se había convertido en un infierno. Había perdido quince kilos, tomaba medicación para dormir y cuando lograba conciliar el sueño, solo veía luces de coches que se dirigían hacia él. Al final ya no pudo más y dijo basta. El 23 de noviembre de 2012 detuvo su furgoneta en la travesía de Villafrades, una pequeña localidad próxima a Villalón. Salió del vehículo, se roció con gasolina y se prendió fuego. Su vida terminó al borde de la N-610. Se llamaba Daniel F. H., tenía 41 años y era vecino de la localidad guipuzcoana de Lasarte.
Cinco años después de aquel dramático final, dos empresarios del sector del transporte se sentarán en el banquillo de los acusados. Se les imputa un delito contra el derecho de los trabajadores y la Fiscalía solicita para cada uno de ellos dos años de cárcel al entender que las abusivas condiciones laborales determinaron el fatal desenlace. En el proceso está también personada la familia del trabajador, que pide penas de prisión similares y una indemnización superior a los cien mil euros.
Los acusados suscribieron con anterioridad a los hechos tres contratos con la víctima para que desempeñara el cometido de conductor, con una jornada laboral de cuarenta horas semanales, de lunes a domingo. Dicho contrato, siempre según la acusación pública, estaba sujeto a la legislación vigente y al Convenio de Mercancías por Carretera. La Fiscalía sostiene, no obstante, que la empresa, «abusando de la situación de carestía», aprovechándose del «miedo» que tenía el conductor a perder el trabajo y, además, «vulnerando lo dispuesto en el contrato laboral», le asignaron una ruta diaria, de lunes a sábado, que comenzaba en Irún, continuaba por Beasain y Vitoria, y finalizaba en Benavente (Zamora). Y eso solo era la ida. A la vuelta debía de realizar el mismo recorrido. De esta manera, Daniel salía cada día de Lasarte a las 18:00 horas para dirigirse a Irún. Tras recorrer la ruta establecida, el chófer llegaba de vuelta a su casa a las nueve y cuarto de la mañana siguiente.
Casi mil kilómetros a diario
La Fiscalía recuerda que el trabajador recorría 920 kilómetros diarios y conducía más de diez horas, sin tener en cuenta los tiempos de carga y descarga en cada población, «que aumentaban su jornada laboral a doce o catorce horas». Las acusaciones sostienen que los acusados, dos hermanos de San Vicente de la Barquera (Cantabria), abusaron, en definitiva, de la situación del chófer.
Estas condiciones produjeron agotamiento e insomnio en la víctima, que acudió a un centro de salud mental, donde le recetaron diversos fármacos. La doctora, además, le recomendó darse de baja, «pero Daniel se negó por la necesidad que tenía de trabajar». El conductor pidió a sus jefes que ajustasen su jornada al contrato, pero estos amenazaron con despedirle. Días después se suicidó.
Un bidón de gasolina y un mechero
Un testigo vio en la madrugada de aquel 23 de noviembre de 2012 cómo «una bola de fuego» caminaba hacia los matorrales frente a las últimas viviendas de la travesía de la N-610, en Villafrades. Los agentes encontraron después en la cuneta el cuerpo carbonizado del transportista guipuzcoano Daniel F. H., de 41 años, que cubría la ruta entre Lasarte y Benavente y que nada tenía que ver con la localidad vallisoletana que eligió para quitarse la vida. Al lado de sus restos, junto a su furgoneta diésel, los guardias hallaron un bidón de gasolina y un mechero. La autopsia confirmó que fue un suicidio. «Últimamente andaba un poco tocado con la crisis», apuntaron sus allegados. La Fiscalía cree ahora, un lustro después, que los agobios le venían por su excesiva jornada laboral.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.