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S. lópez carpizo
Miércoles, 3 de agosto 2016, 06:39
Los exámenes pretenden arrojar algo de luz sobre el asunto de los cráneos y otros huesos humanos hallados en el ático del edificio número 13 de la céntrica calle vallisoletana de Macías Picavea. Las pruebas permitirán conocer la antigüedad de los restos, posibles causas de fallecimiento y otros datos sobre las circunstancias del suceso.
Las labores de limpieza del pasado lunes 1 de agosto en un ático de la calle Macías Picavea acababa en sorpresa: los operarios de una compañía contratada para la tarea, provistos de palas para despejar la montaña de excrementos de paloma, encontraban un cráneo enterrado entre la suciedad.
Fueron ellos mismos quienes dieron el aviso a las autoridades y estos, tras certificar que efectivamente se trataban de restos humanos, llamaron a los especialistas del grupo de homicidios de la patrulla de la policía judicial y la brigada de policía científica. También se requirió de los servicios de los bomberos, dado el precario estado del techo. Y fue entonces, cuando comenzaron a picar el falso techo por temor a que se viniera abajo, que cayeron más restos óseos.
En total, se encontraron 2 calaveras sin la mandíbula inferior, un fragmento de cadera, un fémur y partes de lo que podrían ser otros dos cráneos diferentes, además de pequeños huesos más difíciles de clasificar. Por ello, se baraja que podrían ser partes de entre 3 y 4 cuerpos diferentes.
Las primeras estimaciones arrojan que los restos podrían tener más de 30 años de antigüedad, aunque es imposible saberlo a ciencia cierta sin un examen completo.
Además, no se ha determinado si la composición química de los excrementos de paloma, muy ácidos, podrían haber tenido algo que ver en la degeneración de los restos.
El inmueble se encuentra casi al final de la calle Macías Picavea, con la placa del número 21 sobre el dintel de la puerta exterior, a pesar de tratarse en realidad del número 13. Conduce al lugar del hallazgo una escalera de madera, polvorienta y sembrada de excrementos de paloma. A pesar de que sigue habiendo vecinos en el edificio, el ático llevaba mucho tiempo deshabitado. Además de la suciedad y el mal estado del falso techo, la puerta del piso se encontraba abierta.
Conduce al lugar del hallazgo, un tercer piso abuhardillado, una escalera de madera, polvorienta y sembrada de excrementos de paloma. A pesar de que sigue habiendo vecinos en el primer piso, el ático lleva mucho tiempo deshabitado y el abandono del lugar es evidente: además de la suciedad y el mal estado del falso techo, en su mayor parte ya retirado, la puerta del piso se encontraba abierta antes del macabro descubrimiento.
Los restos se enviaron ayer al Instituto Anatómico Forense, donde están siendo examinados. De momento, no se descarta ninguna hipótesis y la investigación pasa por interrogar al dueño del inmueble, que pretendía adecentar el ático para ponerlo en venta, y a los inquilinos del edificio.
Los vecinos de los locales colindantes se mostraban sorprendidos ante el descubrimiento, aunque agradecían que «no se trataran de restos recientes».
El edificio más antiguo
La calle del suceso, Macías Picavea es parte del casco histórico de la ciudad, y por ello, de las zonas más antiguas, perpendicular a la antigua calle gremial de Platerías, espacio mejor conservado del siglo XVI en Valladolid, y próxima a la antigua plaza del Mercado y plaza del Ochavo. Además, en esta calle, se encontraría, según señala el blog Vallisoletvm, en la esquina que confluye con Rúa Oscura, la casa más antigua de Valladolid, construida a finales del siglo XIV.
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