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POR JARA CUADRADO
Domingo, 27 de noviembre 2011, 02:02
El 23 de noviembre de 1928, Eloísa de Felipe y Adelaida Díez Díez ocuparon su escaño de concejalas en el Ayuntamiento de Valladolid. Eran las primeras, y fueron designadas por la dictadura de Primo de Rivera. Como otras, pocas, en diversas ciudades españolas.
Como se sabe, la incorporación de las mujeres a la actividad política fue fruto de un largo proceso de constantes luchas para conseguir romper con ese rol impuesto que las reducía a lo doméstico. Pero, estos inicios en los ayuntamientos, impulsados por la dictadura, redujeron la labor de las primeras concejalas a los temas sociales y de beneficencia, es decir, a las 'tareas del hogar', ampliando su campo de acción. Podríamos decir que el papel que las primeras mujeres se ganaron como parte del cuerpo político de su ciudad estaba encaminado a ser una extensión de sus labores domésticas, asumieron los roles de 'amas de casa' fuera de su hogar, dedicándose, como mujeres con responsabilidades públicas, a la educación y el cuidado de los más necesitados.
Esta visión la recogió perfectamente el régimen del dictador Primo de Rivera, quien, con su política municipal, impulsó la carrera política de unas pocas mujeres, pertenecientes a un entorno social e ideológico muy definido. Resulta cuanto menos paradójico que las primeras mujeres que ocuparon puestos como concejalas viviesen en el periodo de la dictadura de Primo de Rivera, y que fuese su política municipal la que les abriese la puerta. En Valladolid así ocurrió, como en otros lugares del país, y en 1928 nos encontramos con la primera presencia femenina en cargos concejiles, ocupados por Eloísa de Felipe y Adelaida Díez Díez. Este hecho histórico de gran importancia ha sido, sin embargo, poco estudiado.
Fue el Estatuto Municipal de 1924, de Calvo Sotelo, el que abrió las puertas a las mujeres, otorgándoles por primera vez el voto y permitiéndoles ocupar cargos municipales. Pero se trataba de un derecho de voto restringido (las mujeres cabeza de familia mayores de 25 años). Una de las ideas principales de Primo de Rivera era 'modernizar' el sistema, empezando por los ayuntamientos, desde los que pretendía llevar «la moralidad» al conjunto de la sociedad. Desde el Gobierno se mostraba una preocupación por lo social, reflejada en las tareas que tenían que desempeñar los ayuntamientos, proponiéndose nuevas funciones, como la educación, la beneficencia o la corrección pública y la salubridad e higiene. Pero estamos en la dictadura de Primo de Rivera y estas mujeres, independientemente de sus valías personales, no tuvieron voz en las reuniones del Ayuntamiento para proponer nuevas ideas (al menos, eso transmiten las actas municipales). A pesar de la oportunidad que se le dio a la mujer, no hay que dejar de recordar que no hubo nada parecido a una democracia, ya que las intenciones siempre se quedaron por el camino.
Para entender por qué se eligió a unas determinadas mujeres tenemos que tener en cuenta su posición social. En el caso de Valladolid, como ocurrió en otras ciudades, las dos primeras concejalas eran maestras de la Escuela Normal en el momento de entrar a formar parte de la Corporación. En una versión conservadora, la profesión de maestra se vinculaba a la figura femenina; la mujer era la encargada de la educación de los hijos, y por eso ella era la que podría educar a las nuevas generaciones del país, al principio, exclusivamente niñas. En los años veinte ya habría un 50% de mujeres en España en la enseñanza superior y profesional estudiando Magisterio. El acceso a la educación fue lo que permitió a las mujeres abrirse paso en el mundo profesional, cultural y político. Pero no se les permitía elegir cualquier profesión; las de maestra, matrona y enfermera fueron las primeras en 'feminizarse'.
Además, en la sociedad española de los años veinte, periodo en el que vivieron nuestras concejalas, el peso de la cultura católica sobre el rol de las mujeres era dominante. Se pretendía promover un asociacionismo femenino que girase en torno a los espacios de la caridad o la beneficencia. Si ya en 1924, tras la aprobación del estatuto de Calvo Sotelo, nos encontramos con concejalas designadas por la dictadura (y alguna alcaldesa, como la maestra Benita Mendiola, en Bolaños de Campos), está claro que estas mujeres debían pertenecer de algún modo a la élite social y económica del municipio. Bien por sus relaciones personales, por pertenecer a familias destacadas, por su afinidad al régimen o por desempeñar ya algún cargo de especial relevancia, pudieron entrar a formar parte de la administración local de su ciudad.
En Valladolid, el Ayuntamiento en pleno se reunió extraordinariamente el día 23 de noviembre de 1928, haciendo el presidente una especial alusión, al cerrar la sesión, a las dos mujeres concejalas que se incorporan por primera vez a la vida municipal, de las que esperaba y afirmaba que cooperarían como el resto de sus compañeros para «la buena marcha administrativa de la Corporación». En Valladolid, en la fecha señalada, las maestras de la Escuela Normal, situada en el edificio actual del colegio García Quintana, Eloísa de Felipe y Adelaida Díez Díez se incorporan al Ayuntamiento. Ambas abandonarían sus funciones el 25 de febrero de 1930.
Hermeroteca de El Norte
El único acercamiento que he podido hacer a la vida de las primeras concejalas vallisoletanas ha sido gracias a los archivos de El Norte de Castilla, en cuyas páginas se recogieron los actos en los que participaron Eloísa y Adelaida, relacionados con la educación, con la beneficencia o con actividades religiosas y festivas. Sin embargo, sobre las actividades que realizaron desde de sus cargos solo sabemos lo que aparece mencionado en las páginas del periódico en una ocasión. El día 27 de noviembre de 1928 se publica un acuerdo al que habían llegado los concejales, entre los que se menciona a Adelaida, para conceder una licencia de veinte días a otra concejala, es decir, a Eloísa. Es todo.
El número de noticias sobre otro tipo de actividades, como mujeres ilustres de la ciudad, mencionadas anteriormente, es muy numeroso. Participaron en varias recogidas de donativos para distintos fines: para la cocina del Hospital del Esgueva, para ayudar a la lucha contra la llamada en la época 'peste blanca' (tuberculosis), para homenajear a la Virgen de San Lorenzo, para el ropero escolar de la Infanta Beatriz o para comedores sociales, como el de la escuela del paseo de Zorrilla. Como mujeres destacadas de la vida pública de la ciudad, estuvieron presentes en distintos actos, como en la inauguración de las Nuevas Escuelas Graduadas de niñas del tercer distrito, en los actos que conmemoraban el santo del Rey (Alfonso XIII), o en la clausura de unas Jornadas Catequísticas, celebradas en el paraninfo de la Universidad.
Como maestras de la Escuela Normal desempeñaron un papel muy destacado en la vida social del momento. Adelaida fue inspectora de Primera Enseñanza y Eloísa llegó a ser la directora durante varios años, por lo que se le rindió homenaje en julio de 1928, entregándola la cruz de Alfonso XII. Además, las dos formaron parte de los tribunales para las oposiciones de ingreso en Magisterio. Por su parte, Eloísa fue uno de los miembros de la Confederación Escolar de Profesores y socia protectora de la misma, de la que también formaba parte el alcalde, Arturo Illera Serrano. Junto a este también participó en la Junta Provincial de Protección de la Infancia y Represión de la Mendicidad, institución benéfica con diferentes secciones, como la de Higiene y Protección del Niño, que presidía Eloísa.
Salvo lo recogido en la prensa de la época, no he localizado ninguna huella más sobre sus vidas, familias, personalidad, y tampoco sobre el papel que tuvieron en la Corporación municipal, aunque sabemos que estuvieron presentes durante todo el tiempo que ocuparon sus cargos en las reuniones del Ayuntamiento donde se decidían los aspectos más importantes sobre la marcha de la ciudad, ya que son nombradas en las sesiones y sus firmas aparecen en los documentos. Estuvieron en el Ayuntamiento un año, tres meses y dos días. La última vez que son mencionadas en las actas municipales será el día 22 de febrero de 1930, día en el que toda la Corporación, de la que formaban parte, se despide de sus labores. Las actas ya no vuelven a dejar constancia de ninguna mujer concejal hasta los años sesenta, con María Dolores Pérez Lapeña.
A pesar de que Eloísa de Felipe y Adelaida Díez no asumieron los mismos roles políticos que tuvieron sus compañeros varones, no cabe duda de que, aun en el contexto de una dictadura y como parte de un grupo social muy reducido, abrieron un camino. Estas mujeres se movieron en un mundo dominado por hombres y sus figuras no han sido estudiadas como se merecen, a diferencia de lo que ha ocurrido con otras concejalas de la época, como las de León o Málaga. Con este artículo, a pesar de los pocos datos con los que contamos, he querido sacar a la luz sus historias de pioneras.
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