Borrar
Pérez de Castro, en un momento del pregón. Jesús Ubal
Ramón Pérez de Castro abre el alma de la Semana Santa riosecana
Medina de Rioseco

Ramón Pérez de Castro abre el alma de la Semana Santa riosecana

El doctor en Historia del Arte y profesor de la Universidad de Valladolid fue el encargado de pronunciar el pregón ante cientos de cofrades y vecinos

Miguel García Marbán

Medina de Rioseco

Sábado, 9 de abril 2022

La alegría del traslado de los pasos a sus iglesias y el centenario sonido de los tapetanes y del Pardal, junto a los compases de La Lágrima, han anunciado este sábado a Medina de Rioseco, con emoción y alegría, que volvía a vivir su centenaria Semana Santa, que ha tenido su arranque oficial con la celebración del pregón que, de manera magistral (de maestro), fue pronunciado por el doctor en Historia del Arte y profesor de la Universidad de Valladolid Ramón Pérez de Castro, quien logró el difícil hecho de ser profeta en su tierra. El acto sirvió para reconocimiento de la anterior directiva de la Junta de Semana Santa, encabezada por su presidente, Julio de las Heras.

Pérez de Castro colgó la toga de profesor, historiador e investigador, uno de los mayores especialistas en la Pasión riosecana, para ponerse la túnica: dejó a un lado el dato frío y echó mano del corazón para llegar a lo más hondo del sentimiento riosecano hacia su querida tradición, quizás haciendo caso a su padrino Manuel Moras cuando en el funeral de su hijo, según contó el pregonero, iba diciendo a los cofrades que le daban el pésame: «Nunca dejéis la medalla, llevadla siempre anudada al cuello y apoyada entre el corazón y el alma». El texto descriptivo y analítico de fechas, cofradías, talleres, imágenes y escultores se convirtió en magnífica prosa, con un cuidado uso del lenguaje, con acertadas citas y muy bellas metáforas.

La proclama tuvo en su inicio un emotivo recuerdo a la pandemia, a los tres años y dos semanas santas, «agotando la reserva de añoranza», a los que se fueron, pues, reflexionó el pregonero, «es de justicia recordarlos ahora que estamos de nuevo juntos, preparando nuestro reencuentro a pesar de sus dolorosas ausencias». Pero de esa realidad nació, para el docente, una nueva lección por la que «tomamos conciencia real, casi medible, de la trascendencia que supone para nosotros como comunidad cumplir con el rito; de hasta qué punto este construye nuestra identidad, aquello que consideramos esencial».

Pérez de Castro renovó tópicos de las procesiones riosecanas en una alocución en la que elogió un ritual ancestral «alejado de la impostura»

«Las puertas del granero están abiertas porque llegan los días santos», proclamó Pérez de Castro, no solo para que salgan los pasos, «también para que entremos a renovar el diezmo contraído». De forma sutil y casi poética, el pregonero logró el difícil hecho de renovar algunos de los tópicos que rodean a las procesiones riosecanas, entre los que destaca el de la salida de los pasos, que «salen a la luz de la calle en un último sacrificio, bajan y bajan, más y más, como queriendo que sus imágenes se fundan en un abrazo colectivo con su pueblo; como un recibimiento apoteósico para el familiar que vuelve de un largo viaje: un Cristo y una Virgen que renuevan puntuales su empadronamiento».

Una Semana Santa riosecana en la que Pérez de Castro ve sencillez, humildad, que no pobreza, verdad alejada ante toda impostura, autenticidad. «Fiestas sencillas en que la fe del pueblo pone el fondo y las añejas tradiciones ponen la forma. Hay que ir, llevando el corazón lleno de fe viva y el alma vestida de aquella sencillez», recordando el texto de Justo González de 1906.

Recuerdos y vivencias

Uno de los momentos más emotivo llegó cuando el pregonero se refirió a otras puertas abiertas «de sol a sol», en acertada referencia sutil al cementerio, para tirar de su particular «diccionario de caras y días y perfumes, en frase de Cortázar, y traer al presente a cofrades que ya se han convertido en parte de la propia tradición en una unión del pasado y el presente. De ahí la importancia que prestó a compartir los recuerdos, en especial con los niños, «ellos están comenzando a formar su propio álbum de recuerdos y vivencias».

No quiso Pérez de Castro que su pregón sirviese «para animar al fo­rastero a venir y a descubrirnos en estos días, pintando las excelencias de nuestro arte y dramatizando alabanzas», al creerlo incensario, porque «cada cofrade lleva un pregonero dentro que esparce por donde vaya su ilusión y su emoción a golpe de convicción y de verdad». Por eso, animó a «que vengan, que lo entiendan y que no lo olviden. Sobra cualquier pregón y cualquier explicación turística».

Gracias y mil gracias, finalizó el pregonero, dirigiéndose a su querida Virgen de la Piedad, «por darme cobijo una vez más bajo tu amoroso manto de terciopelo. Gracias por el milagro de hacer que todo lo que quiero en esta vida se haya podido reunir en tan pocos metros cuadrados, en el mismo lugar en el que las aguas del bautismo me hicieron hijo tuyo. En el mismo lugar en el que algún día espero recibir el postrero rocío de tu agua, vestido de blanco, entre la luz de mis hermanos y el brillo de dos insignias».

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

elnortedecastilla Ramón Pérez de Castro abre el alma de la Semana Santa riosecana