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«En la actualidad la oración de los monjes jerónimos sigue subiendo ante Dios desde el monasterio Santa María del Parral de Segovia». Así resume la página web de la Orden Jerónima su situación actual, pues solo quedan en todo el mundo seis frailes, y los seis habitan en el monasterio segoviano. Los cenobios masculinos, que se extendieron por España y Portugal desde mediados del siglo XV hasta la Desamortización de Mendizabal en 1836, han ido cerrando por la falta de vocaciones y desde 2010 (cuando cerró el de Yuste) solo está abierto el de Segovia. Pero la orden, aún con tan escasos miembros, sigue viva. Son los seis monjes quienes (con las ayudas necesarias para restaurar y conservar el inmenso inmueble) mantienen el legado de la orden jerónima. Y cuando se le pregunta al prior del Parral, fray Andrés García Torralvo, qué ocurrirá cuando los monjes no estén se encoge de hombros. No le preocupa. Le inspira el estoicismo de la orden contemplativa y viene a decir que alguien se ocupará. Con mucha probabilidad, los bienes que hoy atesoran y administran los jerónimos (que incluso rechazaron hacer un inventario como les propusieron los técnicos del Ministerio de Cultura «porque son nuestros») serán administrados por el Obispado de Segovia.
Parece lejana esa todavía hipotética fecha, aunque en el momento de mayor ocupación la comunidad la componían cerca de cincuenta personas, y fray Andrés reconoce que los seis monjes son todos mayores; el lleva veinte años en el Parral y hay alguno que está en el cenobio desde hace cuarenta. Mientras, los monjes jerónimos siguen su vida cotidiana, dispuestos a una pequeña alteración ahora porque el 30 de septiembre iniciarán la conmemoración del XVI Centenario de la muerte de San Jerónimo y el padre prior ha decidido empezar con una exposición iconográfica que muestra una parte de las obras que conserva la comunidad. Es una oportunidad para apreciar este contenido artístico y también el continente, pues la exposición está instalada en partes del monasterio que no suelen estar abiertas a las visitas.
El prior explicó ayer durante una visita guiada a la exposición que con ella se dará inicio al XVI Centenario que celebrarán los frailes hasta el 30 de septiembre de 2020. La apertura al público será el sábado 28, después de la conferencia programada a las seis de la tarde y de las Vísperas solemnes. La segunda oportunidad, el domingo 29, después de la eucaristía de las 12:00, y la tercera el día 30, finalizada la misa que presidirá el obispo de Segovia, César Franco, y en la que participarán monjes benedictinos del Paular y de Valle de los Caídos.
Toda la historia del Parral y de la orden puede conocerse en las visitas guiadas abiertas al público en general, de miércoles a domingo a las 11:00 y las 17:00 horas, con acceso a la iglesia y al claustro exterior. El monasterio de Santa María del Parral lo fundó por orden de Enrique IV su valido, Juan de Pacheco, marqués de Villena, en 1447. Fue consolidado en 1454, cuando el monarca promovió la construcción de un conjunto compuesto por la iglesia, los cuatro claustros y las huertas con diseño de Juan Gallego, que dirigió las obras hasta 1472. Luego las continuarían Juan Guas, Martín Sánchez Bonifacio y Pedro Polido y el conjunto permaneció estable hasta el siglo XIX, cuando comenzó su declive con las exclaustraciones que comenzaron con la Desamortización de Mendizabal. Abandonado hasta 1925, cuando se produjo la restauración de la orden jerónima y comenzaron las obras para recuperar el edificio. Después de la Guerra Civil, los monjes vuelven a hacerse presentes en el monasterio el 26 de febrero de 1941. Hoy es el único que permanece abierto de los cuatro restaurados en la segunda mitad del siglo XX (junto a Yuste en Cáceres, Santiponce en Sevilla y Javea en Alicante).
El calendario de visitas a la muestra iconográfica se cerrará el 7 de noviembre. Antes, todos los sábados a las cinco y media de la tarde estará abierta la muestra organizada en tres secciones para contemplar a San Jerónimo como cardenal, como eremita o como monje. Son cuadros, tallas, orfebrería, grabados y ornamentos litúrgicos en los que está representado el santo y que se muestran, comentó fray Andrés García, no por su calidad artística sino bajo su aspecto devocional. «Lo que quiero demostrar es que San Jerónimo es el santo que más veces han pintado y más veces han esculpido».
Son todos los de esta exposición elementos que los monjes han ido atesorando con el tiempo, unos realizados por ellos, otros donados por particulares y otros propiedad del monasterio de siempre, aunque sus mejores obras ya no estén allí sino como reproducción. Un ejemplo es la que el prior califica como «la joya del Museo del Prado», la tabla de 'La Fuente de la Gracia', de Van Eyck, que fue regalada a los jerónimos por Enrique IV a mediados del siglo XV y de la que se presenta una lámina en la sala de la sacristía.
La obra a la que el prior otorga más valor es un gran cuadro situado en la antesacristía (donde están dispuestas las obras que representan al santo como cardenal), una pintura de Francisco Ricci (o Rizi, pintor de cámara de Felipe IV) de mediados del siglo XVII de grandes dimensiones que presenta a San Jerónimo con «una imagen atípica, orondo», y que necesita una restauración. Debajo, en una urna, está representado el espacio de escritura del santo que tradujo la Biblia, vestido de cardenal como padre de la Iglesia y autor de la 'Vulgata', el texto oficial durante siglos de las traducciones del griego y el hebreo.
La imagen de cardenal (en realidad no lo fue pues el santo vivió en el siglo IV, murió en el V y el capelo cardenalicio no fue instituido hasta el siglo XI) ocupa también varios espacios en la sacristía, en láminas y reproducciones, en custodias y cálices y en el enorme relicario situado al fondo que contuvo (hasta la Desamortización de 1835) «la espina dorsal de Santo Tomás de Aquino, que se perdió», señaló fray Andrés, e incluso en casullas y vestiduras. Es «el santo más representado de la Iglesia» y su figura está en esculturas y pinturas y en los más diversos objetos. Así se aprecia en la segunda parte de la exposición, situada en el acceso desde la antesacristía a la clausura y en uno de los claustros, dedicada a la figura del santo como eremita. Aquí hay obras realizadas por los frailes, otras donadas y otras valiosas, como una tabla del siglo XV o la imagen renacentista con el santo y una calavera que tiene encima una mosca, una pintura de valor en la que los especialistas han tratado de encontrar la firma sin lograrlo.
Más adelante, en el claustro «flamante y recién pintado por nosotros después de que el Ministerio de Cultura haya arreglado las cubiertas», declara el prior, hay varios cuadros. Uno de ellos acaban de traerlo de Úbeda, donde lo tenía el tataranieto de quien fue encargado de desmontar el monasterio de Baza, y que probablemente es una copia de Diego de Siloé, y otro es contemporáneo, realizado por un asiduo visitante del monasterio de Yuste.
Las últimas salas están en un espacio que antiguamente ocupaba la biblioteca. En la primera, explica Fray Andrés, las representaciones del santo son como monje (así solía ser su imagen desde la fundación de la orden en el siglo XIV) y «lo que señorea la exposición es la Biblia». Apunta que la expresión de «la Biblia en verso» no es coloquial, pues existe y en uno de los atriles hay un ejemplar del libro versificado, al lado de otro ilustrado con grabados de Gustavo Doré. Como curiosidad, en esta sala hay una talla del santo situada delante de un tapiz que cuelga de la pared, un escudo con el águila de San Juan y las bandas con las leyendas 'Plus ultra' y 'Una grande libre'.
El último espacio, antes de volver atrás para salir a través de la iglesia, está dedicado a la orden, con imágenes del santo y de Santa Paula, con la historia de los jerónimos escrita en el siglo XVII por José de Sigüenza y una imagen de este (que llegó a ser prior del monasterio de El Escorial) con el primer prior segoviano del Parral, Pedro Mesa.
La hospedería, con nueve plazas solo para hombres y con estancias mínimas de tres días y un máximo de siete, es un servicio que ofrece el monasterio a quienes deseen un retiro temporal; a cambio de una aportación libre por la estancia, el monasterio incluye la comida junto a la comunidad de monjes y la posibilidad de asistir a los actos litúrgicos. Pero los huéspedes han de respetar unas reglas: el respeto al clima de soledad y silencio, vestir acorde a un lugar sagrado, por lo que no se admiten pantalones cortos, y sin embargo sí se permite fumar en la huerta. Este verano la hospedería del monasterio del Parral ha estado «muy solicitada», dice el prior. Y se encomienda a Dios cuando se le pregunta por el futuro: ahora afrontan las cosas según llegan.
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