La ralentización económica, la despoblación y la precariedad de los contratos. Esta 'santa' trinidad bendice el mal dato conocido este martes sobre la evolución del empleo en la provincia. La Encuesta de la Población Activa (EPA) del cuarto trimestre, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), arroja un aumento significativo de la cifra de personas paradas, sin trabajo y en búsqueda activa de una colocación laboral. En números redondos, el año 2019 se despidió con 2.200 segovianos en paro más que los que estaban en esta misma situación doce meses antes. Y 1.800 más que con los que empezó 2019.
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Es decir, el curso presente, que ya prácticamente ha agotado enero, ha empezado con 9.000 desempleados inscritos en las oficinas públicas con la esperanza de firmar un contrato y darse de baja de esta lista. De ellos, 1.200 están a la espera de su primer trabajo.
Es un mal dato, el peor de los últimos dos años. Pero el vaso todavía se vacía más de optimismo cuando se ve la evolución anual y se deduce que este notable aumento en la cifra de segovianos en el paro rompe una tendencia descendente que empezó en 2012 y que solo tuvo un repunte en 2015, cuando esta bolsa engordó hasta los 12.200 parados en la provincia, según se extrae de los números de la EPA la final de cada ejercicio.
Si se acerca la lupa de la comparación por periodos, el último trimestre del año pasado ha sido particularmente letal. Entre octubre y diciembre se han dado de alta en la búsqueda activa de un trabajo 2.400 ciudadanos mayores de 16 años que están sin empleo.
La EPA tiene un lenguaje específico para definir el escenario laboral. Cuando habla de activos, incluye tanto a los ocupados como a las personas paradas. Son ciudadanos que han cumplido los 16 años que, «durante la semana de referencia, suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios o están disponibles y en condiciones de incorporarse a dicha producción», especifica la leyenda del Instituto Nacional de Estadística.
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Si se atiende a la esta definición, al finalizar el año pasado en esta circunstancia estaban 80.600 segovianos. De este conjunto, la aproximación de la lupa desvela que 71.600 poseían una ocupación laboral. Es decir, todos estos ocupados son personas que «durante la semana de referencia han estado trabajando durante al menos una hora a cambio de una retribución en dinero o especie o quienes teniendo trabajo han estado temporalmente ausentes del mismo por enfermedad, vacaciones, etcétera», según la nomenclatura usada por el INE.
Esto quiere decir que estas personas tenían un contrato en el periodo de tiempo analizado, aunque fuera en precario, de obra y servicio y temporal. Si se enfoca el espejo retrovisor para adivinar la evolución de la población ocupada en la provincia, es el mejor dato desde finales de 2008. En los últimos once años no había habido tantos segovianos colocados. Pero hay un matiz, la cifra de activos crece a un ritmo superior que la de los ocupados: un 9,1% con respecto a la un 7,6%.
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Los sindicatos recelan de este aumento de la ocupación que refleja el cuarto trimestre de la EPA de 2019. Insisten en que hay un maquillaje que enmascara la problemática real del paro y del desempleo en la provincia. El principal filtro que disimula el panorama es la precariedad, hacen hincapié en su queja.
Para muestra, el botón del reciente diciembre. En este mes, propicio para las contrataciones en sectores potentes de la economía provincia como la hostelería y el comercio debido a las fechas navideñas, se firmaron 5.922 contratos, indican los números del Servicio de Empleo Público Estatal. Pues de esas colocaciones, el 94% fueron provisionales. Solo el 6% fueron indefinidos en el citado periodo. La temporalidad, por lo tanto, incluso metió una marcha más con motivo de la estacionalidad.
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Las sospechas y críticas sindicales se ratifican cuando se ponen frente a frente el crecimiento de la población activa y el aumento experimentado por el paro entre octubre y diciembre del año pasado. La primera sube el citado 9,1%, mientras que la lista de parados se amplía por encima del 32%.
También la despoblación, el envejecimiento demográfico y el fenómeno de la 'España vacía' ejercen su influencia sobre estas estadísticas. Si la oferta laboral no aumenta, si nueve de cada diez contratos que se suscriben son temporales y además hay menos ciudadanos empadronados, el paro crece. Es una sencilla regla de tres.
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