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Aunque nuestro principal vestigio histórico es el Palacio de Castellanos y cómo el pueblo logró que fuera de sus vecinos, la historia de nuestro pueblo a lo largo de los casi 800 años desde la primera mención documental en 1247 en los archivos de la Catedral está escrita con nombres propios que han echado raíces, han visto, vivido y contribuido el desarrollo su vida y su medio.
Me encantaría recordarlos a todos al modo Mogarraz, pero las placas de nuestro callejero y espacios comunes son escasas para reconocer su contribución. Aun así, el recorrido por Garcillán nos hacen ahondar en diferentes épocas y queda esta reseña para poder poner en valor a los que contribuyeron a ello. Así, el parque de las Arroyadas, hoy llamado de la alameda y dedicado a Ángel Cantalejo, agradece a quien contribuyó al cuidado de ese lugar, un oasis de paz entre las tierras de labor. La plaza de Eutimio Martín recuerda a quien ayudó a conformar hace 80 años las infraestructuras básicas del pueblo. La calle el pajarito nombrada hoy como doctor Zamarriego, se dedica a quien hizo una labor social a principios del siglo XX.
También el callejero nos habla de cómo la calle Madrid se transformó en la calle Padre Maroto, dedicada a Felipe Maroto, nuestro vecino más internacional, ayudante personal del cardenal Gasparri en Roma y colaborador en le edición del nuevo código de Derecho Canónico; de cómo la guerra civil irrumpió en nuestro callejero renombrando la calle Segovia en favor del puesto del único desdichado muchacho del pueblo que pereció en ella, o de cómo el pueblo sabe agradecer a Lucio Roldán, pintor cuyo mapa de la provincia nos recibe en el vestíbulo de las escaleras de la Diputación Provincial de Segovia, sus múltiples obras donadas a la iglesia y ermita municipal.
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Por último, y quizás más importante a nivel emocional, no quiero olvidarme del recuerdo que tienen a su pueblo y a su patrona los vecinos cuando llegan a los 50 años, donando un árbol en la pradera de la ermita. Este gesto me llama poderosamente la atención, porque son ellos los que vieron su niñez, muchos buscando un trabajo tuvieron que dejar su tierra, y celebran la vuelta a su origen, a su historia, plantando árboles que crecerán, echarán raíces, producirán oxígeno, contribuirán a la belleza del entorno y verán otros 775 años de historia del municipio.
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