Ser alcalde es un orgullo muy grande. Llevo aquí en el Ayuntamiento tres legislaturas –dos como teniente de alcalde y una de alcalde– y me gusta trabajar por mi pueblo. Mi abuelo estuvo allí hace muchos años, me afilié al Partido Popular y acabé como ... alcalde, porque luego en el pueblo nadie quiere serlo. Mi familia siempre ha estado colaborando con el Ayuntamiento.
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Me dedico a la construcción. En tiempos en los que no había casi trabajadores en el pueblo, cuando había una avería iban a nuestra obra a por el cemento y ayudábamos al alcalde que hubiera entonces. Lo que más me gusta de Villacastín son sus tradiciones, sus fiestas. Tenemos eventos prácticamente de todo, desde festejos taurinos a orquestas o actividades deportivas. Y la gente, desde las peñas a las asociaciones, colabora con nosotros. Hace poco hemos tenido la fiesta de San Sebastián, de las mejores que hay en el pueblo. La hemos recuperado en 2015; antes se bajaba a los toros desde las dehesas y toreaban en la plaza el día del patrón, el 20 de enero. El primer año salió bien y cada vez va a más; ese sábado había en el pueblo entre 3.000 y 4.000 personas. Las ferias inicialmente eran en septiembre y se cambiaron a agosto en los años 80.
Somos un pueblo de gente normal y corriente. Trabajadora y formal. Y no dan mucha guerra. Y acogedora, las cosas como son. El paso de ser concejal a alcalde supone otra responsabilidad diferente, no tiene nada que ver. Pero mi vida no ha cambiado demasiado, sigue prácticamente igual. La gente te trata bien por la calle, aunque hay alguno que te dé la paliza cuando vas con la familia y te dice que tiene la farola fundida o que esta calle hay que arreglarla. Pero son pequeñeces, hay que asumirlas.
Me enorgullece ser alcalde. Cuando haces las cosas, sale todo bien y la gente te lo gratifica. Siempre te gusta que te lo digan, las cosas como son. Me voy a presentar en las próximas elecciones y mi proyecto es hacer la residencia y el centro de día para dar más servicios a nuestros mayores. Hace falta. Muchas familias no pueden dejar a sus mayores ahí y tienen que contratar a gente externa para que los atienda. Los mayores del pueblo utilizan las residencias de La Losa, Abades o El Espinar.
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Nuestro objetivo es llenar de empresas el polígono, vendrá la gente a trabajar, habrá que hacer viviendas y habrá más población. Si hay trabajo, el pueblo crece.
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