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Primero fue el de San Antonio el Real, después el de San Juan de Dios (juaninas) y ahora el de Santa María y San Vicente ... el Real, situado en la calle del mismo nombre, en el barrio de San Lorenzo, junto a la alameda del Eresma. El reducido número de religiosas cistercienses que lo habitan (hace unos días falleció una de ellas) hace inviable el mantenimiento del cenobio, integrado por cuatro monjas, y la comunidad a la que pertenecen gestiona ya su traslado. «Sabemos que se marchan, que la abadesa está viniendo y hablando con ellas, pero desconocemos la fecha exacta. Creemos que el cierre se producirá este año, quizá durante este mismo curso, antes de junio», confirma el portavoz del Obispado de Segovia, Juan Cruz Arnanz.
El abandono de San Vicente el Real no pasa inadvertido por cuanto es el tercer convento que cierra en apenas dos años después de la marcha de las clarisas de San Antonio el Real y el de las hermanas franciscanas de la Tercera Orden Regular (TOR), conocidas popularmente como juaninas, que hace unos meses dejaron el convento de San Juan de Dios, ubicado en la calle de los Desamparados. Más allá de la falta de vocaciones y las dificultades que la profesión religiosa encuentra en un mundo cada vez más secularizado, el cierre de estos históricos conventos constituye un verdadero problema para el mantenimiento y la conservación del patrimonio histórico-artístico de la ciudad. En el caso de San Antonio el Real, son las monjas clarisas de Santa Isabel las que han asumido el mantenimiento de las instalaciones. Por su parte, las franciscanas encontraron una excelente salida para el convento de San Juan de Dios cediéndolo al Obispado y este, a su vez, a la Junta de Cofradías de la Semana Santa, que en la iglesia tiene ya instalada su sede, y a Cáritas Diocesana, que en estos momentos se encuentra adaptando el resto del espacio para centralizar allí toda su obra social. «Depende de ellas porque son órdenes autónomas y nosotros, como Obispado, no podemos entrar ahí. El convento es suyo. Si en el caso de San Vicente hay cesión o donación, es algo que ya se verá. De momento, solo sabemos que se van», apunta Cuesta.
El convento de San Vicente el Real es el más antiguo de los que se conservan en Segovia y tiene la categoría de Bien de Interés Cultural. Al menos once siglos lo contemplan. Al abrigo de los cerros del Parral y La Lastrilla, tiene aspecto de caserío, e incluso de aldea, pues se trata de un conjunto de edificios independientes. La iglesia está rodeada de construcciones de distintas épocas, levantadas con materiales anteriormente empleados. Una inscripción situada en el friso superior desvela que en ese mismo lugar hubo en el siglo II de la era cristiana un templo dedicado al dios Júpiter, destruido a causa de un incendio, y que hacia el año 919, es decir, en pleno siglo X, ya estaba el nuevo edificio consagrado a San Vicente, «el cual ha permanecido desde inmemorial, convento de vírgenes consagradas a Dios bajo la regla y hábito de San Benito, hasta que a instancias del rey don Alfonso VII, llamado el Emperador, se vistieron del Císter». Esto ocurrió en el siglo XII. Honrado y enriquecido con rentas y privilegios por los reyes de Castilla y de León, en 1211, un año antes de la victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa, Alfonso VIII le otorgó privilegio y amparo. Después, Alfonso X el Sabio favoreció a la comunidad económicamente y Enrique IV le hizo notables concesiones, confirmadas en 1599 por el rey Felipe III. La afiliación a la orden cisterciense data de 1156, aunque es probable, según desvela la inscripción, que hubiera una comunidad con anterioridad incluso a la repoblación de la ciudad de Segovia en tiempos de Alfonso VI (1065-1109). Desde entonces, no ha estado deshabitado en ningún momento, ni siquiera con motivo de la invasión napoleónica. Madoz certifica que en junio de 1849 lo habitaban 44 religiosas cistercienses. Tampoco experimentó el convento el rigor de las leyes desamortizadoras, y entre los años 1868 y 1879, a raíz de la revolución liberal, dio cobijo a monjas concepcionistas y agustinas. En 1969 se incorporó al Císter de pleno derecho y dejó de depender de la autoridad episcopal.
En diciembre de 2007, el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León declaró el convento de Santa María y San Vicente el Real como Bien de Interés Cultural (BIC) por su valor histórico, arquitectónico y patrimonial. La valiosa relación existente entre el monumento y el entorno paisajístico donde se asienta, rodeado de huertas y a pocos metros del Eresma, influyó en la declaración. El monasterio es un conjunto de edificaciones de diferentes alturas, correspondientes a distintas fechas. De hecho, hay noticia de que el complejo se quemó casi entero en el primer tercio del siglo XIV y cada 26 de septiembre se celebra la llamada Función del Incendio en memoria de aquel triste suceso que, sin embargo, no acabó con la existencia del convento. Posteriormente hubo dos incendios más. Como consecuencia, pueden distinguirse tres fases constructivas. La primera, tardorrománica, data de comienzos del siglo XIII; la segunda, de estilo gótico tardío, es de finales del XV, y la tercera fue ejecutada entre los años 1617 y 1619 tras un incendio que obligó a la reedificación del conjunto. La iglesia, de una sola nave con cabecera plana y muros sin articulación, debe su diseño a Pedro de Brizuela.
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