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El solar del antiguo Regimiento de Artillería, situado entre la avenida de la Constitución y las calles Coronel Rexach y General Santiago, será la séptima ubicación de la feria de Segovia en cien años. El nuevo destino, anunciado el jueves por el Ayuntamiento de Segovia, tendrá carácter provisional, pues el deseo municipal pasa por el traslado definitivo a los terrenos existentes entre Baterías y el CIDE, en la carretera de San Rafael. En cualquier caso, es un buen momento para echar la vista atrás y repasar el peregrinaje que el recinto ferial ha experimentado en el transcurso del último siglo o siglo y pico.
La Feria de San Juan. Así se conocía hace cien años a las fiestas de Segovia, que han cambiado mucho con el paso del tiempo. La cita, que entonces se celebraba entre el 24 y el 29 de junio, tenía varias espacios emblemáticos. En el campo de la Dehesa, por ejemplo, se desarrollaba la feria de ganado; en el paseo del Salón, se programaban las verbenas, y la Plaza Mayor acogía las atracciones, además de las proyecciones cinematográficas o los espectáculos de globos aerostáticos o grotescos. Atracciones de feria como las barracas del tiro al blanco, las barcas, los caballitos de madera o las cucañas se disponían en la Plaza Mayor, entre la Catedral y la Casa Consistorial. Y hacían las delicias de los chiquillos. También los circos o pabellones de reptiles y animales amaestrados, los puestos de venta ambulante y los charlatanes que vendían productos balsámicos eran asiduos año tras año. Evidentemente, el ferial de entonces nada tenía que ver con el actual. Esas atracciones, las pocas que había, se colocaban en la misma Plaza Mayor, aunque años después se trasladaron al paseo del Salón. Mediado el siglo, tiovivos, barracas y tómbolas se ubicaban bajo los árboles de este lugar comprendido entre los postigos de la Luna y el Sol. Algunas de las fotografías de Riosalido (Foto Río) que el Museo Rodera-Robles viene exponiendo en los últimos meses son testimonio de ello.
La memoria colectiva sitúa el ferial en la intersección entre el Paseo Nuevo y la entonces recién trazada avenida de Fernández Ladreda a comienzos de la década de los sesenta. Churrerías, tómbolas, casetas y puestos de venta ambulante se colocaban entre los Jardinillos de San Roque y la iglesia de San Millán. El Ayuntamiento iluminaba la calle con arcos de luz. En la explanada de Ezequiel González donde hoy se levantan la Comisaría, el edificio de oficinas y el hotel Los Arcos se asentaban los carruseles y otros aparatos igualmente divertidos. Vestigio del paso del ferial por la zona de los Jardinillos de San Roque fue, durante años, el recordado Baby Pilarín. ¿Quién no recuerda a la tía Pilar, aquella viejecita de cabello blanco sentada en la taquilla del tiovivo, despachando fichas y atenta a todo lo que ocurría sobre el disco giratorio? La relación de Pilar y su marido, Tomás, con Segovia se remontaba a los años anteriores a la Guerra Civil. El matrimonio llegaba con el carrusel en el mes de mayo, participaba en las ferias de junio y marchaba en agosto, hacia otro destino, porque los feriantes llevaban –y llevan– una vida nómada. Cuando el médico le dijo que ya no podía viajar más, que debía afincarse en una ciudad, no dudó en elegir Segovia. Y en ella murió en mayo de 1998. Y en ella descansa. Quince años le sobrevivió el carrusel de los Jardinillos de San Roque, hasta la jubilación de su sobrino.
La proliferación de coches, la construcción de viviendas en la zona y el aumento del número de feriantes obligaron al Ayuntamiento a buscar un nuevo lugar para el recinto. Y se eligió la Dehesa, detrás del cuartel de la Guardia Civil, donde no había un solo árbol. Allí se celebraron las ferias de los últimos setenta y primeros ochenta, con las tómbolas desplegadas en el último tramo de la entonces avenida de José Antonio (hoy Constitución) y las atracciones, el Tren de la Bruja y demás, repartidas por el espacio triangular de la Dehesa, justo donde décadas atrás había tenido lugar la feria de ganado.
El siguiente destino fue el terreno anejo a la avenida Gerardo Diego, entre El Palo y Nueva Segovia. Las ferias permanecieron allí casi treinta años, hasta que la proliferación de nuevas construcciones fue ahogando el espacio, como había ocurrido en Fernández Ladreda. La Biblioteca Pública, el Parque de Bomberos, el hotel Cándido... El Ayuntamiento estaba urbanizando la zona para el levantamiento de un nuevo barrio, el de Comunidad de Ciudad y Tierra, y la cesión de los terrenos que habían de acoger los edificios judiciales fue la puntilla. En 2017, con las obras del nuevo Palacio de Justicia empezadas, el ferial estrenó otro espacio, el último que ha conocido, en el barrio de La Albuera, entre las instalaciones de la ciudad deportiva y el colegio Eresma. Hubo muchas críticas por la improvisación y la falta de condiciones y de seguridad, pero el lugar se fue consolidando con el paso del tiempo.
Seis años se han celebrado allí las ferias (el año de la pandemia no hubo), que en junio volverán al centro de la ciudad.
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