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Las deudas clasificatorias no se saldan con empates, una receta que no sirve a la Gimnástica Segoviana para acercarse a la salvación. Los méritos de ... las últimas tres semanas, que no han sido pocos, se han traducido en tres tablas, ante el líder, el mejor local y el colista, un Amorebieta que salió ayer de Segovia con una vida menos. Una conclusión aplicable a los azulgranas, que siguen a una distancia de dos partidos de la permanencia con ocho jornadas por jugar y que han perdido el embrujo de La Albuera, el campo donde cimentaron su ascenso a Primera RFEF, un hogar donde no conocen la victoria en los últimos seis partidos.
Segoviana
Oliva, Silva, Abel Pascual, David López, Marcel Céspedes, Manu, Fer Llorente, Berlanga, Hugo Díaz, Javi Borrego y Josh Farrell.
1
-
1
Amorebieta
Marino, Camacho, Kortazar, Amelibia, Hervías, Javi Sola, Ben Hamed, Masllorens, Enol Coto, Marín y Eric.
Cambios Segoviana: Fernán por Hugo Díaz (min. 60), Diego Gómez por Farrell (min. 60), Tellechea por Borrego (min. 75) y Astray por Manu (min. 75).
Cambios Amorebieta: Carbonell por Hervías (min. 67), Berto por Sergio Camacho (min. 78), Íñigo Muñoz por Ben Hamed (min. 78), Kaxe por Javi Sola (min. 78) y Dani Selma por Álvaro Marín (min. 78).
Goles: 1-0 Berlanga (min.14) y 1-1 Álvaro Marín (min. 18)
Árbitro: Álvaro Juncal Moreira (comité gallego). Amonestó con amarilla a Juan Silva, Fernán y Céspedes por la Segoviana; a Enol Coto y Berto por el Amorebieta.
Otros datos: Estadio municipal de La Albuera. 2.601 espectadores
Ramsés planteó una alineación continuista respecto a Salamanca, premiando la segunda parte de Manu y Borrego para ascenderles a la titularidad. El resto es ya poco discutible: los dos centrales sanos, Josh Farrell asentado como nueve y los mejores rematadores en segunda línea: Llorente, Diaz y Berlanga. Tampoco sorprendió el Amorebieta, fortificado con un dibujo móvil de tres centrales, con Masllorens haciendo de líbero para ayudar a Kortazar y Amelibia, y tres jugadores de mucho talento en la ofensiva: las bandas de Hervías y Pérez más los centímetros de Álvaro Marín en punta. No deja de ser una plantilla recién descendida de Segunda, hecha para volver al fútbol profesional.
Lo que vino a La Albuera no parecía un colista que no ha ganado un solo partido fuera de casa. Salió un equipo mandón, dueño de la posesión para buscar el desequilibrio de sus bandas, su gran baza. No tardaron en llegar los primeros córners —Pérez remató forzado al segundo palo el primero tras una prolongación de un compañero— y una presión acentuada en la derecha, con Hervías y un lateral agresivo como Enol Coto. No había grandes ocasiones, pero el Amorebieta estaba encerrando a los de Ramsés, que se desgañitaba desde la banda mandando salir de la cueva a los suyos.
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A falta de posesión, la Segoviana golpeó con el balón directo. Avisó con uno servido al área desde las manos de Juan Silva que desembocó en un rechace de primeras por Fer Llorente. Disparo fuerte, pero centrado, que el portero se quitó de encima por el pie, casi sin verlo entre los compañeros el sol. Apenas pasaron segundos hasta el gol, un balón largo de la defensa que ganó Farrel a Amelibia, lo justo para que la jugaba continuase y Kortazar no supiera qué hacer. El central intentó despejarla de cabeza, pero no terminó de comprometerse, como su portero, que no acabó de salir. Un guión perfecto para Berlanga, con la fe de que todo saldría a pedir de boca, así que recogió el balón y aprovechó la media salida de Unai Marino para marcar a placer, su primer gol desde octubre.
Era el momento de sentar al Amorebieta en el diván, pero el cuadro vasco no se dio tiempo a deprimirse. Ya en la reanudación obligó a salir a Oliva a un corte providencial y no tardó ni cuatro minutos en nivelar. Partió del demonio Pérez, que ganó línea de fondo muy cerca del área; su envío tocó en Manu y se quedó más tiempo de lo previsto en el aire, una delicia para el 1,87 de Álvaro Marín, que ganó el salto a López y Céspedes para cabecear desde los cielos el empate que devolvió a los suyos al timón, por más que la Sego sacara réditos puntuales con la presión alta.
El balón era de las camisetas fosforitas, que llevaban la tensión a la parcela contraria. Esa defensa de área, vivir sin margen de error, una asignatura aprobada en las últimas semanas, pero muy incómoda, como un examen de álgebra. La presión de Oliva, que salió al encuentro de Hervías en un balón comprometido al área chica. Repitió acción salvadora ante el mismo protagonista, que le lanzó una falta lejana, envenenada porque le botó a un palmo. Un duelo sin reservas, con la permanencia en juego en cada disputa, como el encontronazo de las botas de Céspedes y Coto a toda velocidad, sin consecuencias. Así terminó una primera parte ganada a los puntos por los visitantes.
La segunda siguió el mismo guión, con Abel cortando providencial un envío a Marín y Hervías —le sacó por saturación la amarilla a Céspedes— elevando las pulsaciones de más de 2.500 corazones azulgranas con una falta desde la misma frontera del área chica que golpeó contra el soporte trasero del arco. Con esos mimbres, era Ramsés el que tenía que mover el árbol, por propia defensa. Se limitó al hombre por hombre, cambiando a Gómez por Farrell y sacrificando el juego aéreo de Hugo Díaz por el dinamismo de Fernán,, aunque salió casi con la amarilla, la que vio a los dos minutos por una acción por detrás. Como la que se jugó Céspedes, la segunda, en un agarrón. Un aire demasiado viciado para tejer un gol.
La operación requería acierto y es raro ver a cirujanos reputados como Llorente encadenar en segundos un centro muy pasado y una apertura larga a Tellechea, que acababa de salir y la embocó después en la red desde una posición fronteriza que el línea dictaminó como fuera de fuego. Le acompañó Astray, que relevó a Manu en una sustitución con mensaje: no vale el empate. Tampoco al Amorebieta, que hizo cuatro de una tirada; Berto, como Fernán, salió también con amarilla tras una dura patada a Berlanga para frustrar su prometedora conducción. Cuarto de hora por jugar y dos equipos con su temporada en el alambre.
Como ocurriera en Salamanca, los cambios mejoraron a la Sego, pero los méritos no valen si no se traducen en goles. Lo buscó Astray en un balón suelto, pero no salió a la escuadra, como en León, sino en una tibieza rasa. Buscó una rosca a la escuadra contraria —y no estuvo lejos de encontrarla— en una falta lateral mientras sus compañeros opositaban al juego aéreo. Los azulgranas lo dieron todo hasta la bocina, como tantas tardes, pero con solo dos minutos de descuento no hubo milagros. Abucheó el cartelón el público y Gómez, que termina marzo sin goles, no llegó a la última.
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