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Segovia
Sábado, 21 de abril 2018, 10:10
La detención, el pasado mes, de ocho menores en Segovia, cinco de ellos como supuestos autores de varios delitos de robo con violencia e intimidación en viviendas habitadas y los otros tres por sustracciones y amenazas en el club de golf La Faisanera puede llevar a pensar que la provincia ha registrado un incremento de la delincuencia juvenil, la realizada por jóvenes de entre 14 y 18 años. Sin embargo, esa percepción no se ajusta a la realidad a tenor de los datos que maneja la Fiscalía de Menores, donde el volumen de trabajo se mantiene sin grandes variaciones en los últimos años. En 2016, hubo 181 diligencias preliminares, de las que 100 se admitieron a trámite. En 2017, las cifras son parecidas: 179 diligencias preliminares, de las que 114 pasaron a ser expedientes formales investigados por la Fiscalía (casi uno cada tres días).
«La delincuencia de menores en Segovia tiene un nivel bastante tranquilo. Aquí no tenemos delitos muy graves», asevera la fiscal de Menores, Pilar Orleta, quien considera que no hay una tendencia ni ascendente ni descendente en este sentido. Entre los delitos investigados durante 2017 (124 en total) no figura ninguno «muy grave». Es decir, no hubo casos de violencia de género, de homicidio o asesinato doloso, contra la salud pública o de agresión sexual, aunque sí se analizó un posible caso de abuso sexual cometido por un menor. Las lesiones fueron los delitos más frecuentes durante el pasado año (24), como consecuencia de peleas entre jóvenes, sobre todo los fines de semana.
Tras las lesiones, el delito más cometido fue el de daños, con 19 casos investigados. Acciones como destrozar el espejo retrovisor de un vehículo aparcado en la vía pública se encuadra dentro de este tipo de delito, actos que Orleta prefiere definir como «gamberradas» y no como vandalismo. «Para eso hay que superar una línea, tiene que haber una organización y una intencionalidad a la hora de hacer el daño», declara. También hubo ocho casos de violencia doméstica (agresión del menor a los padres), siete de hurtos, catorce de robos con fuerza o cinco de conducción sin permiso.
En varios de estos delitos el alcohol y las drogas estuvieron presentes, aunque no es algo habitual. Sí que es cierto que «la regla general cuando salen los fines de semana es que consuman alcohol, y lo reconocen después en sus declaraciones». Sin embargo, Orleta rechaza que su consumo esté relacionado con la comisión del delito, al igual que ocurre con las drogas. «No tenemos menores que cometen delitos porque son drogodependientes», afirma.
En 2017, se emitieron 52 sentencias condenatorias, de las cuales 41 fueron con conformidad, y 9 absolutorias a menores. De entre las medidas correctivas impuestas, la más utilizada fue la prestación de servicios sociales (25), en la que el menor, además de realizar una ayuda como la limpieza de jardines, utiliza dicho trabajo como forma de orientación de cara al futuro. «Se les dan unas pautas y se trabaja con el menor de acuerdo con el delito que se ha cometido», añade Orleta. En 11 casos se decretó su libertad vigilada, mientras que hubo un caso de internamiento abierto (también puede ser semiabierto o cerrado) en el centro vallisoletano de Zambrana. «Solo lo hemos utilizado una vez en 2017 y fue como medida cautelar para un menor que cometió una serie de robos en casas habitadas y generó cierta alarma social», reconoce. No hubo internamientos cerrados, medida utilizada ante delitos graves o «para chicos que tienen muchos expedientes, son incorregibles y hay que imponer medidas coercitivas».
Orleta rechaza que en Segovia existan grupos o bandas criminales de menores, más allá del grupo de chavales que se dedicó hace unos meses a quemar contenedores y causar daños en el mobiliario público. Tampoco atisba un perfil concreto en los jóvenes que cometen delitos. «Cada uno tiene sus condiciones y sus particularidades. Los hay que vienen aquí con cara de susto y otros que vienen como si estuvieran de paseo», explica la fiscal, que sí apunta como denominador común «la falta de criterio de los menores en relación a quién es la autoridad». Tampoco se observa un alto grado de reincidencia. «En más del 90% de los casos se trata del primer y el último expediente del menor», declara Orleta, quien rechaza la idea de que los comportamientos delictivos estén relacionados con las malas notas.
Al igual que ocurre con los menores, la actitud de los padres también es variada, aunque predominan los casos en los que se presentan disgustados y preocupados por una situación delictiva que ya han intentado corregir de forma previa. «Lo normal es que busquen reparar los daños y corregir la conducta, pero también los hay protectores de los hijos que alimentan su conducta. Eso no se puede controlar», subraya. La fiscal destaca que en 2017 solamente se investigó un posible delito de abuso sexual. «Las fiscalías dan un trato especial a ese tipo de delitos, y cuando víctima y agresor son menores todavía mucho más. Si llega una denuncia de una posible agresión sexual se va a tratar con delicadeza y con especial consideración porque hay que resolverlo lo más rápido posible al ser un delito grave», concluye.
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