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diana gil/ celia arranz
Domingo, 30 de agosto 2015, 13:41
Pastoreo: ¿un oficio en vías de extinción? Esta profesión de 6.500 años de antigüedad se encuentra actualmente en la cuerda floja. Son pocos los que eligen este sacrificado trabajo por varias razones. Principalmente, porque en medio siglo se ha evidenciado un considerable cambio en la mentalidad tanto de los jóvenes como del resto de la sociedad. Hoy en día los trabajos que despiertan el interés de la población son muy distintos a los que lo hacían hace 50 años. La ocupación más contratada, según el Servicio Público de Empleo de la Junta de Castilla y León, es la de camarero, seguida de peón de industria, personal de limpieza y dependiente en tiendas o almacenes, entre otras.
Braulio Gómez Pastor y ganadero jubilado
Toda una vida dedicada a sus ovejas. Braulio Gómez es uno de los pocos pastores trashumantes que queda en la provincia. A sus 81 años este vecino de Matabuena recuerda perfectamente sus inicios al cuidado de su rebaño. Cuando tenía 13 años, explica, empezó a trabajar como pastor con las ovejas de su padre y desde entonces no se ha separado de ellas.
Con esa misma edad recorrió por primera vez, junto a su padre y un pastor, las cañadas en busca de un mejor pasto para sus animales. «Al principio llevábamos 500 ovejas, luego 2.000 y 200 vacas». Recorrían una media de 12 kilómetros diarios para llegar a Extremadura, aunque también han visitado Andalucía y Castilla La Mancha. Durante los 32 días que duraba la travesía los pastores dormían a la intemperie, «al pie de una mata», junto a su ganado, explica un emocionado Braulio Gómez al recordar su niñez. A los 20 años, comenzó a llevar a sus ovejas en tren y después en camiones y así hasta que a los 66 años se jubiló, relata. Sin embargo, no se ha separado de su cabaña ovina ya que de vez en cuando sigue pastoreando por su pueblo a las 132 ovejas que aún mantiene junto a sus hijos. Se queja de la situación actual ya que apunta que a la desaparición de decenas de rebaños viene dada, en parte, porque «el mercado no acompaña, los costes de producción son elevados y los beneficios escasos». Recuerda Braulio Gómez que «hace 20 años valía más un cordero que ahora», es por ello que las ayudas de la Unión Europea son solo una compensación de precios. «Tampoco ayuda la carne que se trae de otros países».
Que tampoco queden pastores que practiquen la transhumancia es porque «alquilar una finca en Extremadura ahora no es como antes». En los años 80 «se podía pagar por una finca tres millones de pesetas (18.000 euros) pero ahora quizás sean 12 millones (unos 70.000 euros)», apuntilla Gómez, quien dice que «antes era rentable».
Sin embargo, aunque la figura del pastor es complicada de encontrar, lejos de desaparecer, se ha incrementado levemente en los últimos años. En 2007, 2008 y 2009 esta profesión aparecía catalogada por el Instituto Nacional de Empleo como de difícil cobertura en la mayoría de provincias de Castilla y Léon, incluyendo entre ellas Valladolid. No obstante, en estos momentos ya no es así y únicamente se encuentran en el catálogo del tercer trimestre de 2015 los oficios de deportista profesional y entrenador deportivo.
Un factor que está frenando la desaparición del pastoreo es el creciente interés de algunos sectores de la población por productos alimenticios artesanos. Otro elemento es la preocupación por el medio ambiente y por las prácticas (como el pastoreo) que contribuyen a su conservación. Por estas razones se pueden encontrar iniciativas que ayudan a ralentizar la desaparición de esta figura, como la escuela de pastores en el Parque Nacional de Picos de Europa, dirigida por Fernando García Dory. No es el único caso, también hay otros ejemplos en Teruel y en Guipúzcoa. En estas escuelas se enseñan las labores propias de la profesión además de otras asociadas al oficio, como la elaboración de queso.
La crisis económica que comenzó en 2008 también ha influido en el resurgimiento de este antiguo oficio. Cuando no hay otra opción, a veces se recurre a trabajos, como en este caso, que han quedado prácticamente olvidados en la memoria de una sociedad cada vez más avanzada en todos los sentidos y que ha dado la espalda a los núcleos rurales, lugares a los que la recesión económica ha dado de nuevo relevancia como una de las alternativas para trabajar y residir. Aunque se aprecie un sutil incremento en el desempeño del pastoreo, a su vez se observa un descenso considerable en el censo ovino de Castilla y León. Entre 2003 y 2014 se ha pasado de casi cinco millones de ejemplares a tres. En la provincia ocurre algo similar, con un notable declive de la cabaña ovina, de aproximadamente 420.000 ovejas en 2003 a 270.000 animales en 2013.
El pastoreo, un oficio sacrificado y de contrastes. No levanta pasiones en la sociedad de hoy en día, pero puede llegar a enamorar al que tiene vocación. Por ello aún no se habla de desaparición y quién sabe hasta cuándo perdurará. Y es que hasta el fantasioso Don Quijote, tras finalizar su loca aventura de caballero andante, tuvo la idea de «hacerse pastor y entretenerse en la soledad de los campos».
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