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La investigación desarrollada por FernandoGil Villa, AdriánSánchez Fernández y José David Urchaga Litago pone de manifiesto, en relación a la práctica del ejercicio físico por los estudiantes universitarios durante los meses del confinamiento domiciliario, que el 38,1% –es decir, casi cuatro de cada diez– confesó que no realizó «nada o casi nada», mientras un 35,9% declaró que practicó entre dos y cuatro horas a la semana y un 26% aseveró que hizo más de cuatro horas semanales de ejercicio físico. Eso sí, no se detectan diferencias significativas en virtud del sexo o del curso del alumno o alumna.
La investigación arroja otros indicadores y conclusiones especialmente llamativos. Por ejemplo, los autores deducen, a la hora de analizar los programas y series que vieron los estudiantes en sus domicilios durante los meses del confinamiento, que «quienes prefieren el género de animación parecen temer menos al virus que los que prefieren los documentales».
Por otro lado, los investigadores preguntaron a los alumnos en sus cuestionarios sobre las horas en las que cenaban y se acostaban durante los meses del confinamiento. Así, el 56,3 % relataron que se acostaban a partir de la una de la madrugada en adelante, el 76,9 % cenaba en una franja horaria comprendida entre las 21:00 y las 22:00 horas, el 13,3% entre las 23:00 y las 24:00 horas, el 8,4 % en el horario más temprano (19-20:00 horas) y apenas un 1,4 % a partir de la una de la madrugada.
Los autores enfatizan, en el capítulo de conclusiones, que «los jóvenes no están bien pertrechados para afrontar tragedias como la que supone la pandemia por la covid-19». Ya ello se suma «la desafección política y religiosa, que en otros tiempos daba un sentido a la vida». La crisis sanitaria ha venido a confirmar, para el universitario y para el joven en general, «la intuición de vivir en una sociedad incierta y vulnerable, propiciando más las sensaciones de angustia y malestar que las reacciones de serenidad, fortaleza, sacrificio y solidaridad, para las que no está preparado en general». Yes que, según los autores, los jóvenes «se internan en un refugio individual con falsa apariencia social, completamente extemporáneo, fuera del llamado ético de los enfermos y más vulnerables: el mundo de las pantallas» y «con ello se sustituye la realidad por la ficción».
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