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El Real Valladolid y 16 banderas, una gran contradicción histórica

El Real Valladolid y 16 banderas, una gran contradicción histórica

La conexión emocional de jugadores de tan diversa procedencia no es comparable al arraigo e identidad con el club que aportaron tradicionalmente futbolistas de aquí

José Anselmo Moreno

Valladolid

Lunes, 24 de marzo 2025, 08:31

Ya que estamos, empezamos con un brasileño: «Todo lo que sucede una vez puede que no suceda más, pero todo lo que sucede dos veces, sucederá indefectiblemente una tercera». Lo dijo así de bonito Paulo Coelho aunque no es más que el dicho castellano «no hay dos sin tres» de toda la vida. No se trata de confrontar Castilla y Brasil con motivo de tres descensos. Esto no va de eso. Simplemente cuando un hecho entra en conflicto con la evidencia de aquello que funcionó ya no hablamos de opinión, gustos, filias o fobias, hablamos de realidades y contradicciones históricas. El pasado está para alumbrar el camino. No siempre, pero en este caso es obvio y no queda más remedio que exponer números, datos e información para acabar con una conclusión lógica y tan poderosa como los propios resultados, ya que este fin de semana no los hay. Ni buenos ni malos.

Hay clubes que siempre han sido una ONU futbolística por sus características y cantidad de ojeadores 'in situ' por medio mundo. Los de la Premier se llevan la palma. El Manchester City tiene en plantilla o cedidos a jugadores de todos los continentes y el Chelsea cuenta con el récord de haber contado con futbolistas de casi cien países a lo largo de su historia. Lo que no es tradición, en modo alguno, es que el Real Valladolid haya tenido esta temporada jugadores de 16 nacionalidades distintas aunque sí tiene precedentes que haya cinco internacionales desperdigados por ahí, como hoy, aunque con selecciones más potentes. No es xenofobia o chauvinismo conectar la peor temporada del club en Primera con tantos jugadores de procedencia diversa o apuntar que los buenos tiempos estuvieron plagados de canteranos. No hay verdades absolutas. Solo es un dato objetivo y vigente de un club acostumbrado a récords. Aquí han sucedido cosas insólitas.

Si nos ponemos a enumerar jugadores y nacionalidades de esta temporada tardamos once veces el tiempo que empleó Joseba Llorente en marcarle un gol al Espanyol. Es curioso, esta semana Ramón Martínez, siempre preciso y esmerado, llamó por un dato histórico para uno de sus libros y lo primero que viene a la mente es que si tuviera que hacer otro volumen, le salía entero con la 'legión extranjera' que ha pasado este año por aquí. No es cualquier cosa, al mirar equipos españoles y de otras ligas hay muchos con más foráneos pero no es fácil hallar otros con tanta diversidad si añadimos a jugadores que ya se han ido, como Boyomo, Juma Bah, Stipe Biuk, Lucas Rosa o los entrenadores destituidos: un uruguayo y un argentino.

Hay tanta variedad de nacionalidades que es mejor ir por partes. El Pucela fichó este verano al primer estonio de la liga: Karl Hein. Siguiendo por la defensa, cuenta ahora con un turco, (Cenk), un ghanés (Aidoo), un suizo (Cömert), un italiano (Candela), un marroquí (Aznou) y un brasileño (Henrique). El portero suplente (muy suplente) es portugués (Ferreira). Se han marchado ya un sierraleonés, Juma Bah, y Enzo Boyomo (Camerún).

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Si nos vamos al centro del campo «la cosa se complica», como dice la canción de Nacho Cano y Mercedes Ferrer, porque ninguno acaba contrato excepto Grillitsch (austriaco). En esa zona «emergen» también un croata (Juric), un húngaro (Nikitscher), otro marroquí (Amallah), un venezolano (Machis), un senegalés (Amath), otro brasileño (Kenedy) y si contamos a Biuk (croata) hay otro extranjero más con vinculación contractual. En ataque aparecen un brasileño, Marcos André, y otro senegalés, Mamadou Sylla.

Es decir, son 20 jugadores extranjeros y 16 nacionalidades distintas al incluir la española. Se da la curiosidad de que han jugado menos nacionales que extranjeros durante la temporada. Ramón Martínez evoca muchas veces los tiempos en que los jugadores del Pucela eran de Ávila, León, Segovia, Palencia etc. Esa era su estrategia, captar a los que estén más cerca de Valladolid por una cuestión de arraigo. Obviamente es más sencilla la mezcla de un zamorano, un salmantino y un cacereño que la de un estonio, un húngaro y un ghanés.

Llama la atención del vigente Pucela la diversidad de orígenes. Es enorme. El Real Madrid, por ejemplo, tiene muchísimos extranjeros pero varios repiten bandera al haber cuatro franceses y cuatro brasileños. Atlético, Getafe, Villarreal, Girona y Sevilla cuentan con multitud de foráneos, pero la diversidad solo ronda la docena.

Al buscar precedentes blanquivioletas, hay temporadas con muchos extranjeros (nunca tantos) pero un contexto similar se atisba en la campaña de hace justo 30 años. También acabó mal. Fue la 94/95 y ahí 'nace' la primera ONU pucelana, si tenemos en cuenta que ya no era época de oriundos y que aún no estaba vigente la Ley Bosman, ya que la libre circulación de futbolistas en Europa arrancó en 1995. Hubo entonces un entrenador de Uruguay (Espárrago), un central rumano (Belodedici), un delantero brasileño (Nilson), otro polaco (Jan Urban), más otro centrocampista uruguayo (Matosas) que no acabó la temporada. A partir de ahí ya empieza desaforadamente el carrusel de jugadores comunitarios y extracomunitarios.

Por alejarnos de la frialdad de los datos, hay que decir que difícilmente funcionó en Pucela una mezcla variopinta y abundante de procedencias. Hablamos ya de resultados y la gran prueba de ello es la temporada del descenso de JIM (2013/14). Fueron hasta doce nacionalidades diferentes, repitió Colombia con Osorio y Alcatraz e incluso hubo algunas exóticas, como Albania y República Dominicana. Ese año estuvieron Bergdich, Larsson, Rossi, Barmetlter, Jeffren, Osorio, Mitrovic, Ebert, Manucho, Valdet Rama, Alcatraz y Rukavina.

Al igual que esta temporada, a las diferentes nacionalidades se añadía la diversidad idiomática. En la plantilla actual, por ejemplo, hay futbolistas que apenas hablan español, como Grillitsch o Nikitscher. Es una barrera más y eso no sucedía cuando aquí había argentinos, bolivianos, uruguayos o colombianos. Juanma Peña y Lozano, por poner dos casos, no tenían dificultad para interactuar en el Europucela. Otro problema añadido pueden ser los 'clanes', uno habla con quien le entiende.

En definitiva, una reflexión que deja semejante 'ensalada' de países, idiomas y colores es que esto no suele cuajar. Uno d de los Pucelas más brillantes es el del primer año de Cantatore (85/86). Ahí estaban Torrecilla, Gail, Juan Carlos, Eusebio, Jorge, Manolo Peña... Todos ellos de la cantera. Obviamente no se trata de seguir la filosofía del Athletic porque el fútbol se ha globalizado y eso descuadra las cosas, pero hay un término medio entre aquello y esto.

Enfrentemos por última vez pasado y presente. Hubo un tiempo en que los nuestros eran nuestros y casi todos, de por aquí: los jugadores, los técnicos y hasta los directivos, justo lo que se ha propuesto esta semana desde un grupo político del Ayuntamiento. El club se nutría de jugadores adheridos a la tierra y al fútbol más próximo, como los leoneses Jorge Alonso y Juan Carlos (Puente Castro), el segoviano Luis Minguela (Frumales) el salmantino Juan Antonio Torrecilla (Morille) o los palentinos Alejandro Conde (Venta de Baños) o Chus Landáburu (Guardo). Ya bordeando Pucela, Eusebio y Fonseca (La Seca), Patricio Sánchez Maudes (Villalba de los Alcores), Javier Díez (Villanubla), los hermanos Baraja (Castronuño) o Duque (Piña de Esgueva).

Más cerca aún, había jugadores de populosos barrios como Sánchez Valles (La Victoria), Onésimo (Pilarica), Cardeñosa (La Rubia) o Benjamín (Delicias). Y todos esos, más Gail, más Borja, más Lolo y tantos otros. Compromiso fuera de toda duda y Pucela en el corazón.

Llegar y quedarse

Los que no eran de aquí, llegaban y se quedaban. Tal vez por ese extraño efecto de seducción del Pisuerga que ha hecho que más de 50 jugadores de otros lares echaran raíces aquí. Hablamos de Moré, Torres Gómez, Llacer, Rusky, Marcos, García Calvo, Caminero, Alberto, Gonzalo o incluso futbolistas que no destacaron, como Rubén Bilbao, Zoran Vekic, Luciano Laguna o Rubén López. Hasta hay entrenadores, como el jiennense Goyo Manzano. Vive aquí, lejos de su mar de olivos y en una tierra muy diferente a la suya. Durante la Gala del Deporte habló para la sección 'Protagonistas en las dos orillas' y recordó a su exitoso Pucela y a su histórico Mallorca. Jugadores reconocibles, plantillas coherentes, mezcla justa de «producto» nacional y extranjero. Todo en orden.

Ya que con Manzano y Jaén aparecen los olivos, estaremos de acuerdo en que las raíces aportan «un plus» en momentos como el actual. No puede haber el mismo compromiso en futbolistas de paso, lejos de su casa, que en otros formados aquí. Anuar, aunque cumpla contrato y no sea la mejor situación para meter la pierna, es un ejemplo de ello.

La última reflexión es que resulta conveniente asentar una base. No se discuten solo procedencias sino el número de incorporaciones cada año. Solidificar pronto un plantel con 12-14 fichajes es difícil. Y si se ficha tanto un año es que se fichó mal el anterior. Un club como el Real Valladolid no está hecho para estos vaivenes o para ser una ONU futbolística ingobernable. Hasta aquí han sido 1.500 palabras para concluir que sin una base y buenos cimientos cualquier edificio está destinado a caer y el Pucela está construyendo sobre arena, no sobre roca. De ahí que, a duras penas, un año levanta una estructura y se derrumba al siguiente. Así hasta tres veces en el último lustro.

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