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Formación blanquivioleta de la temporada 1951-52. De pie: Saso, Lesmes I, Babot, Lesmes II, Ortega y Lasala. Agachados: Pepín, Aldecoa, Munné, Coque y Ara Foto Carvajal-Archivo J.M.O
Ortega y Lasala, cerebro y pulmón del Real Valladolid
La vista atrás

Ortega y Lasala, cerebro y pulmón del Real Valladolid

Helenio Herrera fue el entrenador que puso a los dos futbolistas juntos en la línea media del conjunto blanquivioleta

José Miguel Ortega

Viernes, 10 de mayo 2024, 20:00

En la primera etapa dorada del Real Valladolid, finales de los cuarenta y casi la década entera de los cincuenta, los aficionados blanquivioletas recitaban de carrerilla la alineación del equipo en la que había algún cambio en la defensa y en la delantera, pero nunca en la línea media. Ortega y Lasala eran indiscutibles y permanentes, fuera quien fuese el entrenador.

Isidoro Lasala Casajús (Tauste –Zaragoza– 1923) se incorporó al Valladolid procedente del Tudelano en la temporada 1943-44, cuando el equipo estaba en segunda división con el resquemor de haber dejado escapar la oportunidad de ascender a primera al perder en la promoción con el Granada. En aquella campaña se pasó de la gloria al infierno, pues la muerte repentina del presidente Cantalapiedra desencadenó una crisis que dio con el equipo en tercera y a punto de desaparecer por las deudas.

Lasala, con 20 años estaba un poco verde y con el servicio militar aún pendiente, estuvo cedido un par de temporadas y hasta su vuelta, en la 46-47, no empezó a dar la auténtica medida de sus posibilidades.

Juan Antonio Ortega Lara (Lopera –Jaén– 1922) emigró a Cataluña como tantas familias andaluzas y empezó a jugar en el Sans, antes de fichar por el Deportivo de La Coruña, en primera división. No jugó demasiado y fue cedido al Béjar y después al Palencia, antes de comprometerse con el Valladolid en la temporada 45-46, cuando Lasala estaba cedido en el Logroñés.

Ortega, que jugó 17 partidos como interior izquierdo, fue un elemento básico en la consecución del ascenso a segunda. Al año siguiente regresó Lasala, ya licenciado de la mili pero Ortega se marchó al Murcia seducido por una oferta económica que la que le plantearon allí, de modo que el encuentro entre los futuros compañeros no se produjo hasta la campaña 1947-48, con el Pucela en segunda y esperanzadoras perspectivas de redondear la hazaña con el salto a la máxima categoría.

Juan Antonio Ortega

Al frente del equipo estaba Antonio Barrios, que conocía a Lasala porque había sido compañero suyo en la 43-44, y también a Ortega porque le tuvo a sus órdenes en la 45-46, la del estreno del 'Viejo' como entrenador. Así que tanto Ortega como Lasala fueron importantes aquella temporada del ascenso a primera división, aunque alternándose en el puesto de interior izquierdo, ya que en el lado derecho del ataque era indiscutible Gerardo Coque.

Así que si jugaba Ortega no lo hacía Lasala, y al revés, hasta que en el tramo final de la temporada cuando el equipo estaba lanzado y era líder, empezaron a jugar juntos. Ortega en el medio del campo y Lasala en la delantera, como interior zurdo, de modo que en contra de lo que pueda pensarse no fue Antonio Barrios el creador de la mítica línea media Ortega-Lasala, entre otras razones porque el Valladolid seguía jugando con el obsoleto sistema de dos defensas, tres medios y cinco delanteros.

Isidoro Lasala

El que trajo la innovadora táctica de la WM al Valladolid y al futbol español fue Helenio Herrera, cuyo debut supuso un tremendo fiasco al perder por un doloroso 7-2 en San Mamés frente al At.Bilbao, que se aprovechó del desbarajuste blanquivioleta porque una de dos, o H.H. no supo explicarse o los jugadores no fueron capaces de interpretar sus órdenes.

Sin embargo, una semana fue suficiente para un cambio radical, pues en el segundo encuentro de Liga, contra el Celta, el Real Valladolid ganó por 4-2 y ofreció una imagen mucho mejor. Este partido fue el primero en el que los vallisoletanos jugaron con tres zagueros, dos volantes, dos interiores retrasados, dos extremos y un delantero centro. También fue la primera vez que Ortega y Lasala formaban la línea media que iba a convertirse en una leyenda tanto en la historia del Pucela como en la de la Liga española de primera división.

Ortega era el cerebro que iniciaba el juego ofensivo del equipo, la visión del fútbol, la precisión del último pase, mientras que Lasala aportaba su incansable brega, tapando huecos y recuperando balones, como corresponde al auténtico pulmón del equipo.

Herrera, que llegó con más fama que la que dejó al marcharse con el Valladolid salvándose por los pelos en la última jornada, fue no obstante el descubridor de la mítica pareja de volantes que los entrenadores que llegaron después, Barrios, Ipiña, Iraragorri y Miró, no hicieron sino confirmarla como titular indiscutible durante el tiempo que siguieron jugando juntos.

Juan Antonio Ortega se marchó al Oviedo en 1954, después de ocho temporadas como blanquivioleta y una balance de 233 partidos oficiales, 167 en primera, 25 en segunda, 18 en tercera y 23 en la Copa, mientras que Isidoro Lasala fichó por el Logroñés en 1956 tras diez temporadas en Zorrilla en las que intervino en 255 encuentros, 173 en primera división, 16 en segunda, 39 en tercera y 26 en Copa.

A pesar de estar considerada como una de las mejores parejas de volantes del fútbol español y de ser convocados en varias ocasiones por el seleccionador, ninguno llegó a debutar con el equipo nacional, no solo por la competencia de los madridistas Muñoz y Zárraga, los barcelonistas Bosch y Gonzalvo, los valencianistas Pasieguito y Puchades, los rojiblancos madrileños Mújica y Silva y los rojiblancos bilbaínos Mauri y Maguregui, sino porque a la selección solían acudir los jugadores de los equipos grandes, con alguna excepción esporádica como cuando debutaron Coque, Lesmes y Matito.

La pareja de volantes que formaron Ortega y Lasala fue el ensamblaje perfecto, el cerebro y el pulmón de una máquina de generar fútbol que hizo morder el polvo de la derrota a los mejores equipo españoles de aquella época lejana, la década prodigiosa de la historia blanquivioleta.

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