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Una alineación del Atleti de la temporada 1954-55. De pie: Zamora, Tinte, Andréu, Barragán, Hernández, Cobo y Riquelme. Agachados: Callejo, Coque, Silva, Agustín y Escudero.
¡5 goles en 8 minutos en un Atleti-Real Valladolid!

¡5 goles en 8 minutos en un Atleti-Real Valladolid!

La Vista Atrás ·

Colchoneros y blanquivioletas protagonizaron un frenético final de partido en la temporada 53-54, con resultado de 5-4 con 3 tantos locales y dos visitantes entre el minuto 81 y el 89

José Miguel Ortega

Viernes, 20 de enero 2023

Cada equipo de futbol guarda en su historial heroicas remontadas que en los últimos minutos de un partido cambiaron el resultado del mismo. El Valladolid lo hizo frente al Real Madrid en el Viejo Zorrilla el 28 de marzo de 1954, pues perdía 1-3 a falta de un cuarto de hora y en cinco minutos apoteósicos consiguió dar la vuelta al marcador con tres goles que dejaron el resultado final en un 4-3 inolvidable para los seguidores blanquivioletas.

Pero es que un año después estuvo a punto de repetir la gesta ante el otro equipo madrileño, con la dificultad añadida de que el escenario era el estadio Metropolitano, donde desde las gradas no encontró lógicamente el mismo apoyo que había tenido en Zorrilla frente al Real Madrid de Di Stéfano.

Dos viejas glorias del fútbol español, Jacinto Quincoces y Luis Miró, eran los entrenadores que en la temporada 1954-55 ocupaban los banquillos rojiblanco y blanquivioleta, respectivamente, sin aspiraciones claras de estar en la zona alta de la tabla de Primera División, donde dominaban Real Madrid y F.C. Barcelona, con Di Stéfano y Kubala como referentes de los equipos más fuertes del panorama futbolístico de nuestro país, tanto entonces como ahora.

Aunque el Atlético seguía teniendo en su plantilla jugadores del talento de Mújica, Silva, Heriberto Herrera y Gerardo Coque, ya se estaba produciendo un relevo generacional que se tradujo en la alineación que presentó aquel día, del mismo modo que el Valladolid perdió a uno de sus pilares más carismáticos, Juan Antonio Ortega, que después de ocho temporadas en Zorrilla había decidido cambiar de aires.

Y así llegaron madrileños y vallisoletanos a la vigesimosegunda jornada del campeonato de Liga de Primera División, sin aspiraciones al título y sin amenazas para mantener la categoría. Fue el 6 de febrero de 1955 cuando a las cuatro y media de la tarde el colegiado catalán Balcells hizo sonar su silbato para que comenzase un partido que ninguno de los espectadores que aquel día acudieron al Metropolitano podía imaginar el electrizante tramo final que iba a brindarles.

El Valladolid aguantó sin grandes apuros el mayor dominio colchonero, aunque en el minuto 41 un remate de Agustín batió a Saso y el gol sirvió de bálsamo para los preocupados hinchas madrileños que veían como pasaban los minutos sin que llegara el tanto de la tranquilidad. El propio Agustín, interior canario que atravesaba un gran momento de forma aquella temporada, puso el 2-0 a los 51 minutos, encarrilando muy favorablemente el resultado… o al menos eso es lo que parecía, pues el Valladolid tiró de orgullo y en diez minutos consiguió poner las tablas en el marcador, con un tanto de Murillo a los 56 minutos y otro de Domingo a los 61.

Partido nuevo, pensaron los seguidores blanquivioletas, que eran lo suficientemente numerosos como para hacerse notar y acariciar la posibilidad de poder arrancar algo en aquella visita al foro, castiza manera que tenían los aficionados de provincias de llamar a la capital de España.

Daba la impresión de que las órdenes de ambos entrenadores era la de, sin renunciar al triunfo, se conservara al menos el empate que a tenor de los méritos de unos y otros parecía el resultado más justo. Conformismo en el campo y resignación en la grada ante un final de partido que nadie, absolutamente nadie, podía aventurar.

A los 81 minutos, Cobo aprovechó una indecisión de la zaga vallisoletana para poner el 3-2 que parecía la sentencia al choque, aunque un minuto después, en plena desolación visitante, Molina establecía el 4-2 que caía como una losa en el afligido ánimo de los jugadores visitantes. El Atleti, en cambio, aprovechaba el mazazo anímico rival para volver a la carga y colocar un demoledor 5-2, con un nuevo tanto de Agustín.

A la izquierda, Valdés, autor de uno de los goles blanquivioletas aquella tarde en el Metropolitano; a la derecha, el pasado mes de noviembre.

La desatada euforia madrileña contrastaba con la desmoralización lógica de los blanquivioletas que, sin embargo, en un arranque de genio recortaron la diferencia con un tanto de Valdés a los 88 minutos y, nada más sacar del centro del campo sus rivales, les arrebataron el balón para centrar al área donde Tini encontró el hueco preciso para llevar el balón a la red de Riquelme, portero paraguayo que alternaba en la titularidad del Atlético de Madrid con el vallisoletano Luis Menéndez.

¡Increíble!, en ocho minutos, desde el 81 al 89, se habían marcado cinco goles, tres del Atleti y dos del Pucela. Y todavía quedaba un minuto del tiempo reglamentario para que el desbocado conjunto castellano pudiera conseguir el empate… que el colegiado catalán, Balcells, impidió para tranquilidad de la parroquia rojiblanca e indignación de la blanquivioleta.

Impulsado por el golpe de efecto de sus dos últimos tantos, todo el equipo de Luis Miró se fue al área madrileña en busca de la igualada que pudo producirse si el árbitro hubiese pitado un clarísimo penalti que, según las crónicas, le habían hecho a Domingo.

No se pudo culminar la espectacular remontada, pero aún así ahí quedó el apoteósico final protagonizado por Atlético de Madrid y Real Valladolid con los ocho minutos más frenéticos que uno pueda imaginar, con tres goles madrileños y dos vallisoletanos que dejaron el marcador en un 5-4 que fue el resultado más abultado en una jornada en la que se marcaron 37 goles en los ocho partidos de Primera División.

Al final de temporada, el Real Madrid ganó la Liga por delante del Barcelona, mientras que el Atlético de Madrid fue octavo y el Valladolid noveno, con la misma igualdad que hubo en aquel partido y en la eliminatoria que ambos disputaron después en la Copa del Generalísimo, que necesitó nada menos que cuatro partidos, con estos marcadores: 3-2 en el Metropolitano, 1-0 en Zorrilla, 1-1 en el desempate celebrado en el Bernabéu y 1-2 favorable al Pucela en el nuevo desempate jugado también en el feudo madridista.

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